8 de noviembre de 2016

Esteche, revolucionario de bolsillo -----------


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HACER JUSTICIA ES EL ÚNICO MEDIO
DE CONJURAR LOS PELIGROS DE UNA
REVOLUCIÓN", SOSTUVO PROUDHON
  Pierre Joseph Proudhon fue un político, teórico y escritor francés hijo de una familia común, quien desarrolló teorías anarquistas y denunció los abusos de la concentración del poder económico y de la propiedad privada. Consideraba al ser humano un ser imperfecto por lo que cualquier reforma social requería la reforma moral del individuo. Según
su percepción la familia y la propiedad familiar debían ser la base de la economía, desaparecer el Gobierno, el crédito, la banca y el dinero.
  Fue uno de los más destacados pensadores anarquistas y del mutualismo, junto con Bakuniny Kropotkin.
  Fernando Esteche es un poco más modesto en su inserción dentro de la sociedad, porque odia a todo el que piense distinto, es fanático de la cleptocracia donde cultivó valiosas amistades y tiene una orientación de izquierda bastante particular que se alimenta en los coquetos cenáculos y mentideros de Puerto Madero, desde los tiempos que la Casa Rosada le quedaba a un paso.
  Le puso sus fichas al kirchnerismo y entre sus relaciones más cercanas que comulgaban con su amor y acatamiento a la obediencia debida -y bien pagada- se acollaró entre otros con Luis D'Elia el intelectual, Aimeé Boudou el imprentero, rockero y motoquero y algunos otros especímenes del que fuera modelo nacional & popular.
  Kilombero de profesión siempre rodeado de enmascarados ​armados con temibles palos (a la vista) que disimulaban a los fierros, era de oponerse a todo lo que le mandaban a cuestionar, incluso ignorando las causas pero así son -o mejor dicho eran- los soldados de la Doña que quiere volver. Flojito de fundamentos, fue uno de los miles que aún no leyeron los diarios del 10 de diciembre pasado ni lo quieren hacer, porque ya sería más que conocer, aceptar una derrota en las urnas y con todas las garantías de limpieza, para la que sus conductores no los habían preparado.
  En cuanto a bolas tiene una, de cristal, en la que cree ver los vaticinios más espantosos de cara al futuro, pero no tan solo en el devenir del país y de su gente, que es una preocupación de todos, sino en su propio destino judicial y el de sus amigotes, pero lo que más le inquieta es un eventual final de barrotes y sombras para Ella, su Jefa, guía espiritual, monetaria y conductora.
  Seguramente bajo los efectos de alguna sustancia vencida, el castor humanizado se despachó con una temeraria advertencia que para la ley y su espíritu no es otra cosa que una amenaza vestida de "intimidación pública" vociferando que "si a un juez se le ocurriera detener a Cristina Kirchner, podría aparecer muerto".
  Más allá de la bravata de aplaudido patotero, ese monigote debiera entender que no tan solo él es un celoso custodio de la libertad de la Doña, sino que también lo son las leyes, los derechos y la constitución las mejores garantías si es que ella debe sentarse en el banquillo que todos buscan esquivar.
  Y precisamente son las leyes las que también castigan a quienes llevados por el fanatismo, la prepotencia o los malos consejos, acometen contra el orden vigente, nostalgiosos de la impunidad de la que durante tantos años pudieron gozar, ejercer y aprovechar.
  Cuando todavía un mar de misterios, dudas y especulaciones rodean a la muerte de Nisman, este pelele disfrazado de revolucionario erige y expande un escenario que es casi una confesión de ensangrentadas intenciones.
  Que doña Hebe la desbocada lance alguno de sus graciosos ultimátum ya dejó de sorprendernos, porque su estado mental no es para lucirse, salvo ante el siquiatra que con certeza está acostumbrado a fantochadas por el estilo y se le perdona por su anemia neuronal.
  Marcelo Romero, fiscal platense, formalizó la denuncia contra el capataz de "Quebracho", por la maldición que echara a rodar con la vehemente frescura de cualquier irrescatable inadaptado, burlador de la ley, cómplice de agresiones y personero del desquicio, que se empeña en ganar espacios dentro de la sociedad política sin comprender que la mejor garantía para la integridad y la vida de un fiscal y de la Justicia toda, es el respeto que las propias leyes merecen.
  Esteche tiene la obligación de saber que el verdadero revolucionario no es el hombre de acción, sino el que tiene ideas más nobles y más justas que los otros.
  Fernando Esteche debe entender y asimilar que la sociedad, nuestra sociedad, no puede tolerar que a la señora de los ojos vendados un pendejo irreverente y atrevido le marque la cancha.
Gonio Ferrari