6 de noviembre de 2016

S.L.B.: DE LA SOTA VIAJÓ A ESPAÑA PERO DEJÓ SU PERFUME – BURLA A NUESTROS PRÓCERES – CHARLATANES DE LA BASURA - EL OJO QUE TODO LO VE – LA MEGACAUSA CONTINUADA – LOS MUNICIPALES YA NO SORPRENDEN Y DANIELE TAMPOCO – LAS DIETAS, UN PASO ATRÁS Y UN POCO DE MEMORIA – ADIÓS A LUIS REINAUDI, etc.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 6/11/16 emitido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.
  
 D.L.S. SE FUE PERO DEJÓ SU PERFUME 

   Por allí uno se desorienta, o no tanto, cuando aprecia que existen situaciones que se reiteran como si respondieran a la elaboración de un libreto que se debe respetar a rajatabla, aunque hayan pasado algunos años.
   Cuando De la Sota dejó la gobernación, consiguió que lo designaran embajador en Brasil, donde hizo una buena tarea y es de suponer que también atendió los lucrativos negocios particulares que se comenta tiene en el país vecino.
   Como si se “despegara” de la cercanía con Schiaretti, el Gallego y el Gringo parece que no congeniaran o que congeniaran demasiado porque es como si no quisieran pisarse las veredas, no obstante lo cual operan de tal manera que han instaurado en la Provincia el jueguito de “tomala vos, dámela a mí”.
   De la Sota está temporariamente instalado en España, donde despunta el vicio dictando clases de negocios, pese a que en la función pública sus laureles en tal sentido son yuyos, porque por ejemplo no resulta brillante para sus antecedentes -ni para nuestros bolsillos- que haya pagado 100 millones de pesos de más en la expropiación del Palacio Ferreyra.
   Imagino a los españoles huyendo despavoridos de alguna de sus conferencias magistrales, al enterarse entre otras cosas que por la construcción del sempiterno camino de El Cuadrado, hasta ahora y que está ciclotímicamente cerrado, se llevan pagados más de 300 millones de pesos, pese a que el presupuesto original era de 47 palos.
   Y no creo que nadie, en España ni en Burkina Faso o en Laos tome como exitoso ejemplo de obra necesaria, la construcción de un hotel que se fue inaugurando casi pieza por pieza según los requerimientos publicitarios de la campaña electoral, que hasta ahora le hizo erogar a la provincia 400 millones, pese a que el presupuesto era de 50 millones, peso más o peso menos.
   Para colmo, un nuevo casino donde el Estado alienta el juego que destruye hogares y que la ludopatía aleja a sus víctimas de la cultura del trabajo, aunque desde el poder se insista en que la recaudación por el juego se vuelca a la ayuda social, todo un himno a la hipocresía.
   Es difícil también que los españoles asuman enseñanzas tales como exagerar los precios reales en la compra de elementos para la policía, o las necesarias prótesis que se pagan con sobrecargos que en ciertos casos llegan a costar cuatro veces el valor de mercado.
   No habrá manera de convencer a quienes mandan en nuestra madre patria, que un mecanismo de perverso despojo se mofa de los jubilados, que merecen consideración y respeto por lo que aportaron durante tantos años, sólo porque son rehenes de una perniciosa alquimia matemática.
   Será complicado que allá entiendan que aquí la gente paga un impuesto al fuego y a veces no hay con qué apagarlo, o que durante un tiempo y a través de los combustibles la provincia recaudó millones supuestamente destinados a las rutas para ganar en seguridad, y la gente se sigue matando como moscas porque los caminos son en general una condena.
   Allá no entenderían jamás porqué no se resolvió el caso de Nora Dalmasso o la sugestiva desaparición de más de mil millones de pesos en la causa de una financiera, en la que la investigación quedó sugestivamente en punto muerto.
   Pero lo peor de todo, lo que anula la validez de los diplomas que los políticos se intercambian entre ellos, es que hace 17 años nos gobierna el mismo signo que se dice peronista y la provincia no deja de ser algo demasiado parecido a un desastre.
   Citemos de nuevo a Perón: la única verdad es la realidad.

OTTAVIS AL MENOS DEBE HONRAR
CON INTEGRIDAD LAS ¡140 LUCAS!
QUE COBRA DE LOS ARGENTINOS
 Una de las manifestaciones mejor observadas de la convivencia en sociedad es el respeto hacia la privacidad, las intimidades ajenas y la mesura, que vendrían a representar una de las variantes de la necesaria y saludable tolerancia.  

   Para el común de la gente estos preceptos tienen la vigencia de su práctica y por lo general -aparte de situaciones puntuales que suelen surgir entre vecinos, por ejemplo- son de plena aplicación en la vida cotidiana.   
   Sin embargo para aquellas personas cuya actividad las transforma en públicas, quedan sujetas a otro estilo de vida a veces exageradamente expuesto, que tanto la privacidad como la intimidad dejan de protegerlas y pasan a la categoría de “famosas” para muchos envidiada y denostada por los que a toda costa luchan con el ánimo de preservarlas.
   Ser alguien “notable” tiene sus riesgos porque en los seres tocados por la varita mágica de la popularidad todo resalta, más lo negativo que lo positivo y a veces la fama mal asumida conduce al más resonante e inolvidable de los ridículos.   
   Moria Casán sobresale por sus conocidas dotes histriónicas que no alcanzan a diplomarla como actriz, salvo que en los escenarios de la revista porteña se confunda la escala de los talentos, a lo que se le suma su estudiada pose contestataria e hiper cuestionadora hacia afuera, siempre alejada de la autocrítica.
   Política e ideológicamente inestable -generosidad de mi parte en la evaluación- está enrolada en las huestes de los que risueñamente son considerados activistas del Sindicato de Traidores con afiliados de la talla de Borocotó o Leopoldo Moreau por citar solo dos casos.
   José Ottavis es un joven emprendedor, fanatizado con La Cámpora, ahora Diputado Nacional quien recibió como premio a su sacrificada y rentada militancia, nada menos que esa postulación para formar parte del mismo cuerpo que alguna vez integraron Narciso Laprida, Pueyrredón, Godoy Cruz, Binner, Alfredo Palacios y una interminable nómina de otros notables que enriquecieron y honraron nuestra historia.
   Pero este muchacho se enamoró, se hipnotizó, se obnubiló o se fascinó, que son los atavíos con los que por lo general se viste la simple, llana y humana calentura.
   Optó primero por sucumbir a la casi súbita y exagerada celebridad de esa señorita pectoralmente abundosa que se dio el lujo de pilotear un avión de Aerolíneas Argentinas -nuestra línea de bandera- con lo que adquirió pasajera reputación que dicho sea de paso, ya gozaba. 
   Y como la vulgaridad y la chabacanería de medio pelo ya le tiraba de sisa y pretendía ascender por encima de su estatura, Ottavis tomó distancia de ese símbolo de la opulencia y se inclinó por Moria -aunque en realidad quien se inclinó fue ella- hasta el punto de hacer saltar los fusibles de nuestra percudida farándula tinelliana que los rotuló virtualmente como “¿pareja?”.   
   Habrán sido breve y plenamente felices y juguetones con la aureola de la nombradía -en el ocaso para ella- y el auge que por poco tiempo les prestó aplausos y lustre hasta que cayeron a la vulgaridad y la ordinariez de la grosería compartida, luciéndose en una fiesta, seguramente privada, pero que tuvo entre sus concurrentes a los infaltables fotógrafos que perpetúan imágenes.
   No vale la pena definir las sensaciones que provoca la fina estampa del legislador nacional elegido por el pueblo, aunque sea parte de su intimidad que no es tal por tratarse de un hombre público que debiera ser ejemplo de mesura, aunque fuera en un marco de íntima hipocresía.
   Comentan por allí que en las tumbas de quienes pasaron por las bancas del Congreso y dejaron su impronta memorable de laureles, había ruidos demasiado parecidos a las náuseas, que partían desde el fondo de nuestra herida e injuriada historia.
   Porque según sostuvo Platón, la burla y el ridículo son, entre todas las injurias, las que menos se perdonan.

CHARLATANES DE LA BASURA

   Los vecinos por lo general no siempre estamos al tanto de los conflictos sindicales o de otro orden, que afectan al sistema de recolección de residuos domiciliarios y limpieza de la ciudad.
   Lo cierto e importante, es que el servicio varía de normal a lamentable, según sean los sectores y la empresa a la que le toque atenderlos y de arranque, en este sentido, es para asegurar que los controles de calidad de la prestación no existen o están demasiado relajados.
   A veces pasan, a veces no; un día recogen las bolsas de una vereda y dejan la basura en la de enfrente; alguna vez barren las cunetas y en otros casos pasan semanas sin que se haga esa tarea.
   ¿Cuál es la verdad en torno de este problema? ¿Es que la municipalidad no les paga o los pagos son tan espaciados como para despertar esas reacciones por parte de la empresa?
Porque no me vengan con que es difícil coordinar una tarea en la que interviene tanta gente, para colmo en  una planta urbana tan extensa como lo es nuestra ciudad de Córdoba, uno de los ejidos más amplios del país.
   Las radios y la TV reiteran permanentemente los consejos acerca de cómo tratar los desperdicios, separarlos en bolsas distintas y sacarlos a la calle a la hora adecuada para impedir el vandalismo de los perros hambreados que buscan alimentos.
   Y de algunos humanos también, lastimosamente …
   Mucha de la culpa por la calamitosa acumulación de basura en la ciudad es de los propios vecinos, que de manera desaprensiva ensucian las veredas, tapan con porquerías las bocas de tormenta y los desagues y después protestan si la Municipalidad no les envía una cuadrilla de limpieza.
   Cuando aquí como en cualquier ciudad civilizada del mundo, se apliquen multas y otros correctivos a los habitantes responsables de ensuciar o vandalizar, veremos que por eso de proteger el bolsillo la gente será más cuidadosa al tratar su propia basura.
   Y si a ello se suma el ejercicio auténtico del control de las prestaciones con patrullajes de inspectores municipales, y sanciones a los responsables de las fallas en el sistema, la ciudad recobrará una pulcritud que jamás debió perder.
   La perdió porque hay gente -demasiada gente, la verdad sea dicha- que es como si gozara vivir en un chiquero.
   Y de chanchadas urbanas, ya estamos demasiado cansados…

EL OJO QUE TODO LO VE 
 Fue notable la repercusión, al menos en las redes sociales, del comentario en nuestro blog acerca de la fotografía en la que aparecen ataviados en un sarao de disfraces, dos personajes que en los últimos días polarizaron a la opinión pública nacional y también a la nostalgiosa nacional & popular.
   Naturalmente una imagen de Moria Casán y el Diputado Nacional del Frente para la Victoria José Ottavis juntos y en pose coloridamente sugestiva, despertó en muchos argentinos opuestas interpretaciones y sentimientos, lo que permite sin entrar al terreno de las respetables posturas personales evaluar a quienes manifestaron su rechazo, su odio, su aceptación o la indiferencia que es como votar en blanco.
   ¡Con qué fervor los derrotados no asumidos defendieron y defienden lo indefendible!
   Están en la trinchera de una oposición destructiva, ciega, mañosa y selectivamente amnésica porque fieles a su estilo reforzado a lo largo de más de una década, siguen esquivando la necesaria autocrítica y se escudan en el “los de ahora también roban”.
   Se quejan al sentirse ofendidos y atacados por el cúmulo de sospechas, denuncias, acusaciones, allanamientos, citaciones, comparescencias y otros mecanismos que ha puesto en marcha la Justicia, sin reconocer que fueron los impunes generadores de esa desagradable situación que ahora agobia a los argentinos sin distinción de inclinaciones políticas o ideológicas.
   Le restan trascendencia al penoso episodio de Moria y Ottavis -que no deja de ser “puterío”, Mole Molli dixit- y acusan al oficialismo de utilizarlo como cortina de humo, sin caer en cuenta que tal distracción diluye los efectos de muchas presencias en Comodoro Py, lugar emblemático al que tienen la obligación de acostumbrarse por imperio de circunstancias y de buena memoria popular.
   La no resignada a ser oposición habla de Calcaterra, de los parientes del actual presidente, de sus amistades, de los depósitos en Panamá, de favoritismos en las adjudicaciones, de añejas operaciones internacionales y con esa actitud, se erigen en vendedores de humo pretendiendo que al instalar esos temas en la gente, quedan marginadas las conductas de Baez, de Jaime, de De Vido, de D’Elia, de Hebe, de Boudou, de Lopez, de Recalde, de Kiciloff, de Máximo, de Capitanich, de Moreno, de Milani, de Insfrán, de la Sra. Que Quiere Volver y de muchos otros implicados en hechos censurables.
   Lo más importante de todo, es que nadie olvide que la Justicia es dueña de los tiempos y su largo brazo cuenta con instrumentos como para derrotar a los olvidos, así sea de cuestiones que se consideran archivadas como de las más recientes.
   Porque la sociedad, verdadera patrona de la Justicia y de las otras instituciones de la República, tiene su ojo que siempre estará mirando.
   A la izquierda, al centro y a la derecha, cerca o lejos.
   Antes o ahora.
   Por los años de los años, amén.

LA MEGACAUSA DEL REGISTRO

   Anda circulando una invitación especial para presenciar el megashow de la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba: lugar, en el edificio de Tribunales II, de lunes a viernes a partir de las 8, desde el  año 2005 en adelante, por tiempo indeterminado y en funciones a convenir.
   ¿Qué se puede ver? En cada espectáculo  un puñado de imputados será acusado de planear, pensar, intentar, soñar, imaginar, conocer, presenciar, colaborar, etc, la apropiación de algún inmueble.
   Los fenómenos fantásticos como la  telepatía, la teletransportación o la adivinación no faltarán, posibilitando que los acusados, aunque no se conozcan entre sí, integren peligrosas bandas dispuestas a estafar. La profusa narrativa del Fiscal protagonista sorteará las leyes de la Física, la Matemática, la Lógica y el Sentido Común para poder explicar cómo un grupo de 15 personas ingresan a una oficina pública sin ser vistos, se comunican entre ellos sin verse ni llamarse o cometen acciones a kilómetros de distancia.
   La obra concluirá con la condena y prisión de todos a manos del Tribunal Especial que completa el elenco estable, coronando con su íntima convicción cada cierre. Las sentencias se difundirán por todos los medios.
   El plantel de imputados no se modificará, reciclándose para utilizarse periódicamente en nuevas representaciones.  
   Se aguarda a una buena cantidad de espectadores, ya que las funciones son a beneficio. 
   La invitación continúa vigente y los beneficiarios, aunque invisibles, probablemente también. 

LOS MUNICIPALES YA NO SORPRENDEN

Solía ser una novedad cualquier medida de fuerza que propiciara la conducción del sindicato de los municipales, siempre por alguna reivindicación salarial o por algún femenino capricho en demanda de ropa y otros adminículos o elementos para trabajar en la calle tales como silbatos, lapiceras y talonarios para confeccionar actas.
La cuestión fue que cuando empezaron a descontarles días de paro, los dirigentes instalaron un estado de conflicto permanente que iba saltando de una dependencia a otra sin dejar sus lugares de revista, sino que realizando asambleas sin atender al público.
En buen romance, eran paros encubiertos y al ser tomados como tales, se puso en práctica también para esos casos el descuento de las horas no trabajadas, lo que es correcto si partimos de la base, como en cualquier actividad, que el que no trabaja, no cobra.
Medio que la situación se había sosegado merced a las últimas y reconocidas caídas de los lienzos por parte de las autoridades, que con el pretexto de evitar paralizaciones y afectación de los servicios, fueron cediendo a cada una de las demandas.
Tampoco es cuestión de endilgarle ahora al máximo dirigente de los municipales, Rubén Daniele, por su condición de “soldado cristinista”, de los tantos que ha recibido la directiva de movilizarse para resistir ¡vaya palabreja! A un gobierno elegido por mayoría popular.
Pero así son las cosas y tal el panorama, con los municipales pintándose la cara para ir a la confrontación por un par de puntos que dicen haber quedado atrasados en los salarios. Se les pidió mesura por una parte, a lo que habría que exigirles, por parte de los vecinos, algo de respeto hacia quienes tributan y posibilitan que el 60 por ciento de lo que se recaude quede destinado a pagarles los sueldos más altos del país.
Tan siquiera por eso, debieran tener la grandeza y la hidalguía de agradecer a toda esa gente que les paga, y recibe en la mayoría de los casos servicios que ni siquiera merecen ser llamados así.
Son más bien, justificaciones a la costumbre de no trabajar.
Es por eso que un paro motorizado por Daniele, ya no sorprende a nadie.

   DIETAS Y UN PASO ATRÁS

   Debe ser hermoso no tener que sufrir con las discusiones lógicas de una negociación salarial, sobre todo cuando dentro del amplio arco político del país existe la casi unánime postura de aumentarse los sueldos de ellos, los legisladores y no de los trabajadores en general.
   La cuestión fue que el incremento, para lo que es la realidad del país, sonó desproporcionado y ofensivo hacia la masa laboral que no cuenta con esa fuerza de decidir hacia adentro, aunque los de afuera se jodan inmersos en la postergación.
   Cuando comenzaron a elevar en su tono las expresiones de repudio y protesta, fue necesario que salieran a declarar que aceptarían un incremento menor, aunque si miramos fríamente los números, una cosa es resignarse al 20 por ciento de 70 lucas y otra muy distinta, al 12 por ciento de seis mil pesos, como le toca en suerte a la mayoría de las jubilaciones.
   Con ese panorama, la mayor indignación fue la que provocaran algunos especímenes con poder hasta el 10 de diciembre pasado, que parece que todavía no leyeron los diarios del día siguiente como para enterarse de la impensada derrota y del naufragio de su poder.
   Se allanan a que el aumento sea reducido, pero no dejan de ejercer eso que le llaman “resistencia” culpando a la actual administración de todos los males como inseguridad, inflación, desocupación, pobreza y deterioro salarial.
   Desde la escuela primaria odié las matemáticas por considerar a los números impiadosamente exactos, alejados de cualquier sorpresa por lo previsibles.  
   Entonces se me ocurrió comparar y haciendo memoria, recordé que hace 15 años un billete de 100 pesos nuestros valía lo mismo que cien dólares, con lo que comprábamos entre otras cosas 100 kilos de pan o 50 de buen asado.
   Ahora el mismo billete de 100 mangos equivale a 7 dólares con lo que alcanzas a comprar 5 kilos de pan o un kilo de asado.
   Y mirando los almanaques la realidad me pegó una cachetada, porque de esos quince años que les hablaba hace un momento, doce de ellos fueron de vigencia kirchnerista, con lo que están moralmente inhabilitados para hablar de devaluaciones y de ajustes.
   Por las dudas quiero ponerlo en claro: la alegría que merecemos y nos prometieron, no se consolida bailando cuarteto en un palco ni abrazando a los obreros.
   Se hace realidad cuando se ejerce la autoridad, se apela a la Justicia y esta trabaja de tal manera que permite recuperar la dignidad de todos nosotros, encarcelando a los corruptos y obligándolos a vomitar lo que mal comieron.
   Y esa tarea, deber iniciarse por parte de los que elaboran las leyes en el Congreso y cobran un dineral, en la mayoría de los casos, que no merecen.

LUIS REINAUDI SE FUE DE VIAJE
 Fue Carlos Hairabedián, otrora Carlos “Garó” (“amigo” en idioma armenio) cuando hacíamos los palotes radiales en la emisora municipal L.V.17, quien tuvo la ocurrencia de mandarnos a cubrir una concentración del viejo Boca Juniors en Saldán y allá fuimos con ese mocoso grandote con cara de pícaro curioso que se subió al asiento trasero de mi Puma 98 primera serie, a la que apenas vio la bautizó “La Presumida” porque tenía dos calcomanías en el tanque.
   Con el grabador Geloso en mano encaramos a varios jugadores, en aquellos tiempos que eran generosos en sus declaraciones.
   Así nos conocimos con el flaco Luis Artemio Reinaudi y sin llegar a la intimidad de una amistad férrea y cultivada, compartimos algunas otras experiencias periodísticas y luego nos embarcamos -en cubiertas distintas- en ese barco que se llamaba sindicalismo romántico que la modernidad y algunas glotonerías echaron a pique con el tiempo.
   Estudió, se esmeró, llegó y triunfó en la profesión y jamás se me ocurrió pensar que iría a las huestes de los cobradores de deudas, de las sociedades comerciales, de la defensa de los delincuentes o de la minoridad porque su pasión por el derecho laboral inclinó la balanza hacia esa especialidad en el ejercicio de la abogacía.
   Luis Artemio era visceralmente comunista, purísimo y auténtico PC intelectual, ideológica y espiritualmente analizado y ventilaba en tiempos riesgosos su postura con una honestidad maravillosa para muchos y peligrosa para otros, los violentos, con quienes no comulgaba.
   Por sus ideales conoció la cárcel, la tortura y vio de cerca la muerte cuando abrazó la lucha por los derechos humanos, causa en la que tantos -menos él- se prendieron detrás del rédito político o económico. O por ambas apetencias.
   Era tanguero y guitarrero empedernido, fanático lector y cultor de la amistad verdadera, esa que no necesita la presencia imprescindible ni las copas de por medio que la certificaran y estimularan.
    Su mejor amiga…
   Su mejor amiga, se me hace que fue también su peor condena: la pipa y su tabaco.
   Tipo inteligente, lúcido y profundo no ignoraba que el humo frenético, maligno y funesto terminaría ganando la batalla, llevando la ventaja de siempre por encima del placer y la compañía que encarnan su sabor y las volutas caprichosas.
   Luis Artemio Reinaudi viajó, adelantándose en el camino de una generación de profesionales que vivió probablemente los años más oscuros de nuestra cercana historia, hasta el albor de la recuperación del derecho y de la democracia que con muletas o como sea, estamos gozando.
   No fuimos amigos cercanos, más bien amigos de sabernos tales.
   Un adiós casi a plazo fijo, un abrazo, una lágrima y una bocanada de humo.
   Su partida me deja un claro mensaje: el afecto y el respeto verdaderos no necesitan de la franela diaria.
   Si es cierto eso de la reencarnación, ya nos encontraremos cantando un tango, leyendo un libro o fumando una pipa.