8 de diciembre de 2016

Otro golpe al bolsillo popular -----

EL  “CONFLICTO CERO”  NOS
RESULTA  DEMASIADO CARO 

Pagamos por una  tranquilidad  ficticia que puede llegar
a  explotar cuando los inconformes de siempre  vuelvan
con sus exigencias aprovechando la debilidad del poder

   La electricidad, el transporte y los demás servicios por los cuales la ciudadanía tributa exageradamente por exigencia y presión estatal pese a sus cíclicas deficiencias, hacen lógicamente a la calidad de vida que merecemos los cordobeses.
   Pero si nos atenemos a la memoria más o menos reciente nos encontraremos con que la mayoría de los motivos que llevaron a la inquietud social y sus explosiones, estuvieron basados precisamente en las carencias o irregularidades de esos tres factores a los que hacemos referencia. Porque caen cuatro gotas y la energía se corta selectivamente en ciertos sectores, el transporte urbano de pasajeros muestra sus grietas sempiternas y colapsan cloacas y desagues; los taxis desaparecen de la escena, la policía no patrulla y las calles se transforman en ríos ni siquiera navegables.
   Ya con la consagración del caos, los cordobeses tenemos esa curiosa y lamentable costumbre de aceptar la prepotencia vertical como una actitud normal de los malos políticos, de los ávidos empresarios y de los angurrientos dirigentes sindicales que nos tienen de rehenes para presionar por sus demandas y sus caprichos.
   El último de los golpes arteros fue el aumento en el precio del boleto urbano para una prestación pedorra que los dueños del sistema manejan a su conveniencia: reducen frecuencias, esconden unidades y lloran, lloran y lloran mientras con la sartén por el mango, operan a su antojo al amparo de una deplorable impunidad que les otorga el poder concedente que es la Municipalidad, apoyada por la mayoría numérica de ese organismo de ediles levantadores de brazos, cuyos integrantes jamás suben a un ómnibus o a un trolebús.
   Con el servicio eléctrico seguimos penando frente a la obsolescencia tecnológica que con su mera realidad cotidiana, desmiente todos los discursos y los versos con los que se desgañitan los candidatos en las vísperas comiciales, para después aplicar y sostener una tarifa -la más elevada del país- cuya mayor parte se aplica a sueldos y una bochornosa “bonificación por eficiencia” con sumas de seis dígitos para sus directivos, como si ser eficientes no fuera un compromiso.
   Ese es el panorama que enfrentamos los cordobeses dejándonos esquilmar en nombre de
una paz social mentirosa, porque en el interior de la gente se oculta una rebeldía alimentada por la sinrazón y algo parecido al desprecio por el prójimo, en una actitud que ha minado aquello tan sano que estaba vinculado con el sentido solidario entre los vecinos y sus autoridades para enfrentar y superar las crisis.
   El poder cree que haciéndonos pagar a todos, evita asumir un costo político que en realidad se multiplica.
   En pocas palabras, el poder no quiere líos, manifestaciones populares, paros de transporte, cortes de calles, ruidos de bombas y batucadas ni quema de cubiertas. Tampoco quiere que la policía proteste como supiera hacerlo ni que mágicamente aparezcan colchones en las bocas de tormenta o que de golpe y porrazo la Municipalidad se quede sin vehículos operativos, que los semáforos dejen de funcionar o que se termine el combustible de los patrulleros.
   Quiere la paz social, el amor y la inexistencia de conflictos.
   Lo único y a la vez peligroso es que descuida a la gente, que le roba bienestar y le reduce su agredida calidad de vida.
   Y deja en el ambiente una latente y acumulada pesadez que es para rogar no le apuren su despertar.

Gonio Ferrari