2 de diciembre de 2016

Un estado angurriento -----------

EL CARTERISTA QUE NOS METE
UNA MANO EN CADA BOLSILLO 
   En el apretado interior de un ómnibus donde están prohibidos los roces o en la marea humana de una urbana concentración de gente, el riesgo que algún carterista nos meta uno de sus hábiles "ganchos" en el bolsillo, se multiplica si la indemnidad lo acompaña, como por ejemplo la complicidad de quien nos empuja o nos distrae para que el "caco" haga su faena, que suele ser tomada como un "trabajo" por los amigos de lo ajeno.
   Pero cuando es el Estado, supuestamente protector, el que impunemente y apoyado sólo por sus personeros te mete no una, sino ambas manos en los bolsillos, es que el ciudadano más allá de la lógica bronca, sufre la agresión de un elemento -la insensibilidad social-  para la cual no existen la prevención ni los remedios.
   En realidad la prevención debiera aplicarse en el momento de votar pero ya está hecho, con lo que el daño adquiere mayor magnitud porque se acentúa por el agregado del engaño basado en la siempre vigente demagogia de los malos políticos.
   De un solo golpe los cordobeses ya estamos poniendo ambas mejillas para recibir un par de traicioneros sopapos, o si se prefiere, que el carterista nos haga víctima de un doblete robándonos de dos bolsillos al aumentarnos desmedidamente los precios de la electricidad y del boleto del transporte urbano.
   El caso de la EPEC ya es crónico por ineptitud en su administración, y del servicio de ómnibus y troles por la evidente complicidad gremial-empresaria agravada por la ciclotimia municipal a la hora de aplicar los legales e imprescindibles correctivos.
   Los directivos de la empresa eléctrica seguirán cobrando esa anual e inmerecida "bonificación por eficiencia" por proveer el servicio de dudosa calidad pero el más caro del país, al igual que los empresarios del transporte regulando a su antojo las frecuencias para engordar sus utilidades, con el beneplácito sindical lo que lleva a una conclusión que para nada beneficia a los usuarios: el boleto más oneroso de Argentina y los mejores sueldos a los choferes, para una prestación en muchos casos lamentable.
   Un estado como el cordobés, selectivamente dispendioso hacia adentro y amarrete hacia la sociedad, no es correcto que gaste más en vender una imagen de eficiencia que no tiene, en comparación a lo que debiera erogar para mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, casi como un remedo a la situación nacional -de donde surgen todas las políticas de Estado- que no encuentra el rumbo correcto, al menos el que tanto se anunció en la campaña precomicial.
   Y así, con una base de insensibilidad, es imposible superar cualquier crisis que pueda ser tomada como rémora a la hora de los pretextos o de asumir responsabilidades por equivocación o por omisión.
   Miremos el panorama con la honestidad de la autocrítica descarnada para no terminar siendo devorados por la certera apreciación de Frossard: "En su incomparable cobardía, la sociedad contemporánea prefiere legalizar los errores antes que combatirlos".
Gonio Ferrari