5 de enero de 2017

Para un maravilloso despertar …

VIENEN LOS REYES MAGOS 

   Esta noche y en el amanecer de mañana millones de criaturas -cada vez de menor edad- van a renovar el rito milenario de la curiosidad, la inocencia, la espera y la sorpresa.
   Esa vigilia tensa, nerviosa, sumida en cabeceos de sueño, despertares de un solo ojo, ansias por el misterio y sospechas por alguna recóndita certeza.
   Será la noche en que los mayores escondan más nervios que los pequeños por eso de que todos, aunque tengamos más pasado que futuro, atesoramos un niño adentro del alma.
   Me viene al recuerdo el día previo de juntar al lado del pesebre el pasto para los camellos, preparar el balde o la palangana con agua fresca hasta el borde y dejábamos lista la jarra y tres vasos para Melchor, Gaspar y Baltasar.
   Y dejábamos allí los zapatitos, las sandalias, las zapatillas o las alpargatas.
   Era el ritual de la fantasía, a sabiendas que tendríamos un despertar de trompos, fútbol con tientos, pelotas de goma, autitos Matarazzo de lata, el mecano o un ovillo de hilo de algodón para el barrilete.
   Ellas el muñeco malcriado, la pepona, el juego de ludo o el estanciero, para pelear con los hermanos.
   Los tiempos cambiaron.
   Las cartas que enviábamos con el pedido, interceptadas por los padres, eran el camino hacia el milagro que el calendario calcaba cada 6 de enero.
   Ahora que los chicos las mandan por Internet, wasap o mensajes de texto desorientan a cualquiera y nos sumergen en una molesta incertidumbre cibernética: no sabemos si pidieron una laptop, una play, una tablet. un reproductor de MP4, un celular satelital, un plasma curvo o anteojos para realidad virtual.
   Gracias a Dios y al progreso, muchos de los reyes ahora vienen en 4x4.
   La de hoy, será otra vez la noche universal de la magia.
   Será la noche, esa misma noche cuando décadas atrás envidiábamos a los zapatos que eran los únicos testigos de las reales visitas.
   Lo pido por Dios que a nadie se le vaya a ocurrir destruir en los esperanzados, ese secreto que fue parte de nuestras lejanas ilusiones.
   Si todavía y no me lo niegue, cuando accionamos el chip de la memoria, somos capaces de jurar haberlos visto a los tres, entre brumas de sueños, entrando y saliendo de casa con sus camellos pisando las baldosas, comiendo el pasto y bebiendo el agua.
   A los Reyes Magos les pedí hace tiempo un reloj sin agujas ni números, porque unas y otros son implacables.
   La mía no es vocación de eternidad.
   Son nada más que mis ansias de vivir embriagado de recuerdos.
Gonio Ferrari