2 de febrero de 2017

Gabriela Melisa Michael ---------

CRECIÓ UNA FLOR AZUL EN
EL JARDÍN DE LA VIOLENCIA
¿Por qué ante la injusticia, es cuando más coherentes se sienten los ateos? Es cada vez que dudando de su presencia se preguntan que si Dios existe, dónde estaba cuando Hiroshima, o en cualquier otra guerra, o en la infinidad de terremotos y tragedias en que resultan víctimas inocentes e inmerecidas.
Y con el respeto por los inmanejables y supremos designios, podemos llegar a pensar que Dios -con el nombre que le quieran poner- es artífice sagrado a inevitable tanto de la bonanza de una buena cosecha como de la hambruna emergente del fracaso de las mieses.
Porque si estaba en aquel instante de peligro en que mágicamente detuvo las llamas y transformó la inminente tragedia en esperanza, ¿por qué no estaba un metro antes que Gabriela Melisa fuera emboscada y recibiera el alevoso ataque amparado en las tinieblas y en la irresuelta impunidad de los hampones?
Una vida joven; un futuro promisorio; un compromiso trunco que la muchacha había contraído con la sociedad y venía cumpliendo de manera ejemplar, con entrega y sacrificio, dignificando su cometido de arriesgada servidora de la ley.
Gabriela Melisa fue víctima de la delincuencia por una parte y de la sobresaliente indefensión por falta de prevención que padecemos los cordobeses. Y alguna vez los gobernantes deben entender que la declamación no protege, las promesas no amparan, la improvisación cuesta dolor y luto y los anuncios son meras manifestaciones de una deleznable demagogia.
Dejemos de lado la política y rescatemos el enorme valor de la pérdida, que pudo evitarse si toda Córdoba -toda y sin excepción alguna- no fuera una gigantesca zona roja donde la delincuencia se agigantó día a día alimentada por la ineficiencia gubernamental.
Una pena enorme porque era joven, era madre, era decente, buena compañera y lo más importante, excelente persona.
Para ella una lágrima, un adiós con agradecimiento y que desde donde esté pueda ver que su sacrificio hizo germinar una flor azul en este escenario de violencia.
Gonio Ferrari