1 de febrero de 2017

Ridícula situación en San Francisco -----------

A LA NONA LE PINTARON LOS DEDOS Y
LOS USURPADORES SE MATAN DE RISA
   Me juego la cabeza que en la policía de San Francisco de donde “importamos” al actual vicegobernador, los policías se mataron de risa cuando la viejita fue a denunciar que un tipo con una mujer le habían usurpado una casa de su propiedad, para que la autoridad actuara, los desalojara y pudiera disponer de esa vivienda que quería vender para hacer, lo que pensaba y gozaba, un último viaje por el mundo.
   El mío no es un juicio apresurado porque es la actitud que asumen los malos funcionarios policiales o judiciales, siempre más apegados a la fiaca que a sus obligaciones con la sociedad, especialmente porque la denunciante es una mujer de 91 años, doña Genoveva González, criterio que suele repetirse ante la desaparición de una menor (“vaya doñita. Ya volverá la nena. Seguro que se fue con un noviecito.”) o frente a un caso de maltrato contra una mujer (“mientras no la golpee y le deje marcas, no podemos hacer nada”). 
   Después el drama. Y la hipocresía de los funcionarios se muestra en los medios cuando la menor aparece violada y asesinada y la maltratada previsiblemente muere a manos de su agresor.
   Sin embargo uno escucha a las autoridades que para no reconocer su propia ineptitud, se llenan la boca con la palabra “prevención” cuando es la que más ignoran, desconocen, olvidan y destierran de su manera de actuar, lo que supone una especie de masivo abandono -lo que es un delito- de su obligación de proteger vidas y bienes.
   Doña Genoveva, la última vez, tomó un revólver que se supone de su propiedad y entró a la comisaría con una consigna: o los policías actuaban con los mecanismos que la ley les impone, o ella se encargaría de desalojar a tiros a los intrusos.
   Nadie en la dependencia policial se ocupó del tema, conteniendo a la anciana y tomando las medidas de rigor, sino que se entró al escenario del ridículo, haciéndole pintar los dedos a la nona, secuestrándole el arma, y de lástima dejarla ir a masticar su bronca, su indignación y su impotencia “gozando” de detención domiciliaria.
   Es patético que hoy, el gobernador, discurseó prometiendo mayor seguridad, una seguridad que a lo largo de más de dos décadas no nos dieron ni los cordobeses en ese tiempo pudimos recuperar.
   La nona de San Francisco, por desamparo, es víctima privilegiada.
   En Necochea (aunque sea en otra jurisdicción pero parece que el criterio es el mismo) llegaron siete patrulleros y 100 policías porque tres mujeres hacían “topless” en la playa.
   La anciana de San Francisco adelantó que hará justicia por su cuenta.
   Seguramente que para impedirlo sobrarán los uniformes, los funcionarios judiciales y los códigos.
   Parece mentira -y es una vergüenza- que una viejita de 91 años les haga mover las cachas.
   Ni que hubiera mostrado una teta …
Gonio Ferrari