9 de marzo de 2017

El patriarcado para las feministas --------

ES DE POCA INTELIGENCIA PELEAR
CONTRA UN ENEMIGO INEXISTENTE 



   Tengo en lo personal una alta estima por la inteligencia  femenina aunque hay ocasiones en que muchas de ellas se esmeran en crear situaciones que llevan a la duda acerca de ese concepto, porque el feminismo exacerbado es tan pernicioso para la sociedad como lo es cualquier expresión de machismo que en honor a la verdad, tiene sus adeptos y practicantes.
   Aquel drama del siglo pasado en el que murieron calcinadas 129 mujeres, lo que originó -detalle más o detalle menos- la instauración del 8 de marzo como Dia Internacional de la Mujer Trabajadora al principio y después se le quitó la última palabra, fue utilizado por dos corrientes inconexas: la que reivindica la condición femenina y esa otra, que la aprovecha comercialmente.
   Pero hay una tercera tendencia: su descarado aprovechamiento político.
   Y como uno de los componentes de la personalidad de la mujer es la candidez que algunos llaman inocencia (jamás confundirla con la debilidad) no sorprende que en las marchas convocadas por cualquier motivo que requiera protesta, concurren representantes de todas estas inclinaciones o simpatías.
   Por eso no es bueno generalizar y meter en la misma bolsa a las correctas con las dañinas, a las románticas con las insensibles o a las pacifistas con las violentas: hay de todo y por eso de todo se ve y se escucha, desde la sana creatividad hasta la evitable ofensa.
   En Buenos Aires frente a la Catedral Metropolitana allí donde doña Hebe mandó no hace mucho tiempo sus huestes a orinar y algo más, incluyendo su altar mayor, las ultras volvieron al estropicio de las pintadas, fogatas y otras expresiones de violencia contra la Iglesia y como siempre la policía en lugar de impedir esos estragos permitió que se perpetraran y luego se ocuparon de disolver a la turba.
   Las mujeres, muchas identificadas como proabortistas, reclamaron contra la violencia de género, la cultura patriarcal, la discriminación, la desigualdad de género y el pedido de justicia por las víctimas de femicidios. La movilización porteña convocada entre otros por el colectivo Ni Una Menos, había colmado la avenida de Mayo al clamor de "Se va acabar, se va acabar, esta cultura patriarcal" y el mensaje partidista e ideológico representado con Macri basura, vos sos la dictadura” y “Sí se puede, hacerle un paro a Macri, se lo hicimos las mujeres”.
   En Córdoba sucedió otro tanto frente a la Iglesia de Santo Domingo, monumento histórico -para la ley, intocable- que recibió daños y pintadas y para colmo, con horrores de ortografía, lo que en alguna medida contribuye, sin descalificarla, a restarle seriedad a la marcha que fue en parte un directo ataque a la Iglesia Católica y por añadidura a la conducción política nacional, dado el tenor de algunos carteles y pancartas.
Es penoso porque todo indica que desde el sector de ellas han olvidado el martirio y muerte de curas como Angelelli, Longueville, Murias, los palotinos Leaden, Kelly, Dufau, el seminarista Barletti y algún otro que cayera por predicar y luchar contra las injusticias y las desigualdades.
   Es por todos estos argumentos que me permito tomar como propios unos conceptos de mi colega periodista, el abogado Daniel Gentile, quien comentó: “El patriarcado tiene para el feminismo la ventaja de no existir. La confrontación puede prolongarse tanto como la lucha contra un fantasma, pues hace rato que hombres y mujeres somos iguales ante la ley”.
   Que en la práctica y al respecto existan algunas carencias, no justifican el daño, la agresión ni la ofensa.

Gonio Ferrari