14 de abril de 2017

La escuela pública ------------------------

RECUERDOS  DESDE “MAMÁ  ME
MIMA” Y “EVITA ME AMA” HASTA
“LOS JÓVENES Y LAS JÓVENAS” 


   En lo más tierno de la memoria -cuando hemos pasado cierta edad y no nos gustan los que te la cuentan en colores-  atesoramos aquellos años dorados de la infancia, al menos quienes la vivimos durante esos años difíciles, tan difíciles como todos los tiempos argentinos, que tuvieron brevísimos tiempos de bonanza como para  tomar aire, hacer envión y seguir viviendo.
   No me lo contaron. Fui alumno de escuela pública.
   Me tocó vivir esos avatares de la afiliación obligatoria, de la asistencia compulsiva a los actos porque pasaban lista, de la cesantía a quienes no eran simpatizantes… y no debemos ser muchos los que recordamos que dejaron en la calle a un padre de 9 hijos, todos menores, que trabajaba en la construcción del dique Los Molinos, y se ubicó del lado de la Iglesia cuando la atacaron desde el oficialismo de entonces. Solo UN ejemplo que sirva de vergonzoso símbolo y esto no es gorilismo: es historia.
  En los textos de la primaria, tanto ilustraciones como contenidos eran abierta propaganda partidaria y los archivos son contundentes, como lo era la lectura y el análisis obligatorios de “La razón de mi vida”, libro “autobiográfico” atribuido a la Sra. Eva Perón, pero que en realidad escribió el periodista español de nacimiento y luego afincado en Brasil, Manuel Enrique Pennella Da Silva (fallecido en 1969 a los 59 años de edad) según refieren los historiadores más serios.
   En cuarto grado había otro libro de lectura, “La Argentina de Perón” y “Alelí” otro de los “manuales” obligatorios para el primer nivel, con textos imposibles de catalogar como pedagógicos, tales como “Viva Perón. Perón es un buen gobernante. Manda y ordena con firmeza. ¡Viva el líder! ¡Viva la bandera argentina! El líder nos ama a todos.  ¡Viva la bandera Argentina! ¡Viva el general Perón!”.
    Angela C. de Palacio fue la autora también para cuarto grado de “La Argentina de Perón” -aparecido en marzo de 1954- con ilustraciones propias del folklore peronista. Contenía un poema, titulado Tu obsequio, relato de ultratumba que decía: “He recibido el obsequio/ que mandas, querida Evita/ Desde aquí yo te bendigo/ mi segunda madrecita/ Eres mujer, eres ángel/ con un corazón hermoso/ que miras por los ancianos/ para que sean dichosos/ Con Perón y con Evita/ desde este humilde rincón/ ¡que Dios bendiga a esos seres!/ lo pido de corazón/ ¡Evita! ¡Evita querida!/ siempre estoy pensando en ti/ Si no fuera por tu amparo/ hoy ¿qué sería de mí?”.
   El tiempo pasó como pasaron los gobernantes que no alcanzaron pese a sus empeños a apagar esa llama de peronismo que aún ardía en el país. Claro está que al regreso a la vigencia del movimiento aquel estilo se mantuvo parcialmente, alentado por los viejos militantes hasta que ciertos vientos fueron alterando el eje ideológico.
   Sin Evita no era lo mismo porque la figura de María Estela “Isabelita” no le llegaba ni a la planta del pie en el recuerdo y los talones de la Abanderada de los humildes le quedaban demasiado altos. Surgieron otros personajes igualmente inolvidables como olvidables. El viejo líder que en su inteligencia era consciente de “estar plumereando el nicho” con la gloria a su alcance, usó en provecho propio a un sector extremo de sus acólitos y luego les mostró tarjeta roja en una tarde memorable.
   La penetración ideológica en las escuelas no era tan escandalosa y sus mentores prefirieron hacerlo de maneras más discretas, como por ejemplo adoctrinando en los últimos tramos de la secundaria y más en el nivel universitario, cuando los estudiantes están más cerca de votar.
   Pasó lo que pasó, desde el comienzo del reinado cristinista existió una enfermiza
preocupación por captar el sufragio de esa franja etaria apelando a mil subterfugios -muchos legales y otros no tanto- con tal de sumar en los pronósticos y asegurarse la victoria electoral.  
   Apareció La Cámpora -resabio izquierdoso- llevando su plataforma a los chicos a los que sólo les preocupaban la play, el viaje a Bariloche y el sexo opuesto y allí aprovechando “la edad del pavo” plantaron la demagogia de su semillita y hasta perpetraron la reiterada torpeza documentada de izar su bandera junto a la sagrada Enseña Nacional en varias escuelas.
   Muchos emprendimientos tanto propios como ajenos y privados tuvieron que llevar, bajo presión, los nombres “K” como anteriormente se hiciera con Juan y con Eva Perón, bautizando así a mediados del siglo pasado desde provincias, hasta paradas de ómnibus en remotos lugares de la geografía argentina.
   La Cámpora reclutó y subyugó a una parte de la juventud, asignándole emprendimientos que en algunos casos fueron positivos, pero toda esa tarea benéfica se diluía cuando aparecían ataviados con ropas tipo uniforme para hacerse ver y en otros casos con alarde de armamento y de preparación para una recreación de la lucha armada que tanto daño le hizo al país y a sus instituciones. Los “K” se esmeraron en divulgar cada acción que consideraban de ayuda social, cuando lo saludable imponía quitarle toda connotación partidaria porque los fondos eran del Estado y no de esa corriente política.
   Puede que estén quedando en el archivo muchas otras situaciones en que desde el poder se llevó a la confusión en cuanto al Estado y al partido gobernante. La enorme influencia sindical en el gobierno fogoneó demandas apenas cambiaron las autoridades tras elecciones limpias, quedando relegado el FPV que preso de su soberbia no se preparó para la derrota ni se resignó a perder el poder y la impunidad.
   Entonces llegaron los tiempos de la impaciencia y la agitación, por la insana pretensión del milagro que pusiera orden al desquicio de la herencia, una bomba de tiempo de acción retardada que día a día estallaba en conflictos que iban -y siguen- saltando de sector en sector de la sociedad argentina, y la actividad educativa no fue la excepción, porque es en ese gremio -bastión “K”- donde se atrincheraron los soldados de la derrota en apoyo de su jefa quien mostraba una débil imagen ante el avance de la Justicia en causas que la involucran.
   Se victimizaron cuando la policía impuso orden, a lo que llamaron represión, frente al alzamiento -operación partidista- del que participaron más activistas de otras esferas que de la docencia, como para disminuir el impacto del fracaso dirigencial en la provincia de Buenos Aires. En realidad, mucho les
dolió la férrea actitud de la gobernadora Vidal, aunque la Sra. Sonia Alesso, de CTERA, haya amenazado que “…con Baradel vamos a poner la carpa y vamos a dar clases cuando y donde se nos cante el culo”.
   Toda una finura.
   Y ahora para el cierre, tras conocerse un informe de la Universidad de Belgrano que ubica a Argentina como líder mundial en ausentismo docente (casi 2 puntos más que Brasil, 2,3 más que en Chile, 3,7 más que Perú y 59 veces mayor que en Corea del Sur), aparecen Baradel con todas las dudas que ofrece y la ministra de Educación de Santa Cruz, dirigiéndose en un discurso “a los jóvenes y las jóvenas”.
   Todo lo apuntado ha venido ocurriendo en la sufrida escuela pública, lo que desmerece el enorme y monumental trabajo de la mayoría de los docentes, su compromiso con la sociedad y su sacrificio cotidiano, aunque alguna vez e injustamente hayan sido acusados de trabajar 4 horas por día y tener tres meses de vacaciones.
Gonio Ferrari