18 de abril de 2017

La evitable muerte de Emanuel ----

LA JUSTICIA INICIÓ EL CAMINO
EN  DEMANDA DE  SU VERDAD
   Los detenidos son varios, aunque no todos los que el mundo vio insultar, golpear, torturar, empujar, matar y robar a una víctima indefensa como era Emanuel Balbo, 22 años, hincha de Belgrano al igual que todos los responsables de su muerte y de la indiferencia de hacer y ver lo que estaba sucediendo, sin actuar en defensa de alguien que estaba siendo acosado y condenado sin juicio, por una exaltada multitud tribunera.
   Párrafo aparte para la penosa y delirante postura “profesional” de la defensora de uno de los por ahora sospechosos, que mofándose de la realidad, de la contundencia de las imágenes y del masivo dolor ajeno, pretende instalar la absurda, ridícula y descalificante postura del “suicidio”, en una afrenta al sentido común y al propio Derecho.
   No en vano en un comentario anterior aludía a las chicanas y las interpretaciones, pero frente al cúmulo de probanzas documentales como otras testimoniales, era para pensar que nadie se atrevería a cuestionar la gravedad del caso y sus letales consecuencias, pero jamás podía cruzarse por la cabeza de cualquier ser racional, una concepción tan cercana al desvarío y socialmente monstruosa como plantear la teoría de la autoeliminación como causal del deceso.
   La Justicia está en lo suyo y en ese ámbito los tiempos no se miden igual que en el resto de la sociedad, por lo que será necesario convivir con los plazos que se estiran, con las gestiones que no se concretan por falta de movilidad o de personal, por las trabas -algunas legales y seguramente otras no tanto- que serán interpuestas porque nadie, en su sano juicio, puede estar resignado a una pena severa o a la posibilidad del encierro vitalicio que más allá de lo temporal, lleva el espanto de pensar en la convivencia con seres ya jugados, a los que poco les importaría acentuar los efectos de la condena por eso de los severos y a veces sangrientos códigos no escritos que rigen en los establecimientos carcelarios.
   Emanuel Balbo ya es recuerdo.
   Demasiado cercano, pero recuerdo al fin.
   Es para rogar para su familia y seres más queridos -en lo formal- por eso que esperamos en el prójimo pero íntimamente no lo aceptamos, que le llaman resignación.
   Ya no es necesario rogar por su alma, porque Emanuel ya había ganado el cielo si es que existe, al recibir el primer golpe artero.
   Roguemos, si, por una Justicia sin vacilaciones ni vericuetos. Sin contemplaciones ni atenuantes porque no existen. Con la firmeza de estar escribiendo para los tiempos una parte de la historia que estamos viviendo como si fuéramos protagonistas de una película de terror.
   También imploremos que esos tiempos no tengan la dimensión de las tardanzas provocadas que caminando por las demoras, nos llevan fatalmente a la inmerecida ignominia del  olvido.
   La causa está en manos de la Justicia.
   Aunque nos cueste, confiemos en ella.
Gonio Ferrari