17 de abril de 2017

Otro drama junto al fútbol ------------

AUNQUE NO LO LEAS NUNCA…

Emanuel:

   Te has ido demasiado joven; demasiado como para haber llegado a comprender muchas cosas.
   No alcanzaste a comprender que a veces la maldad de la gente no tiene límites.
   No pudiste sobrevivir porque caíste rodeado de criminales y de indiferentes y de cagones que nada hicieron por impedir que te mataran, aunque fueran del mismo palo.
   Te fuiste entre gritos hostiles e injustos, alentados por una alocada venganza que no merecías.
   Ahora con los crespones negros sobre celeste no hacemos nada, ni con el luto, ni con el llanto, ni con la Justicia a veces basculante entre el castigo y el ridículo y cómplice garantismo que atenúa culpas.
   No. No hacemos nada tampoco con el minuto de silencio, ni con el brazalete negro, ni con las coronas, ni con las flores, ni con el aplauso final de la despedida que te transforme en recuerdo querido...
   Solo haremos algo por vos y en tu memoria -como sociedad- exigiendo justicia más que venganza, pero justicia en serio, sin atenuantes, chicanas, agachadas en nombre de la Ley o benévolas interpretaciones.
   Es lo mejor que podemos hacer como desagravio ante tu sacrificio y por no haber clamado antes, que desde todos los sectores se alentara el regreso a la mágica fiesta que supo ser el fútbol.
   Cuando no había rentados barrabravas, pero sí fanáticos.
   Cuando no había dirigentes sostenidos por los violentos.
   Cuando existía la diferencia pero también el respeto por el adversario aunque en tu caso no lo fuera.
   Es de la única manera que, sin esquivar el bulto, tengo -tenemos- la obligación de asumir parte de esa culpa por la omisión de no haber luchado lo suficiente para recuperar, del césped hacia afuera, aquello que se trata de un juego maravilloso y no de una absurda guerra a veces entre hermanos de camiseta.
   Tu partida, casi como que nos transformó a todos en encubridores.
   Y es una carga demasiado pesada para llevar.
   Salvo en tu caso, que pagaste con la vida.
   Sin ser pirata, te juro que bien me cabe un lagrimón celeste…

Gonio Ferrari