9 de abril de 2017

S.L.B.: MUCHAS LUCES Y MENOS INSEGURIDAD - LA HUELGA GENERAL OBJETIVAMENTE EVALUADA - FALSO Y MENTIROSO OPTIMISMO CEGETISTA - LA MEGACAUSA DEL REGISTRO SIGUE SU CURSO - EL AGUA "POTABLE" ES INCONTROLABLE - ¿EXISTE ANARQUÍA EN LA JUSTICIA? - PEDRO CARRANZA, EL ÚLTIMO FLASH, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que emite AM580 Radio Universidad de Córdoba.

MUCHAS LUCES, MAYOR SEGURIDAD

   Uno de los argumentos de mayor peso en el tema inseguridad ciudadana, es la falta de iluminación adecuada porque es en las penumbras que la delincuencia que nos viene asolando, se muestra más cómoda y con mejores posibilidades de operar.
   Las oscuridades bien sabemos que son ocasionadas por desperfectos en las luminarias y su falta de reposición por cuestiones presupuestarias a veces y porque el personal encargado de reemplazarlas está de paro o de asamblea.
   Pero otra de las alternativas para que nunca sea suficiente la luz especialmente en los barrios, es el vandalismo del que son objeto tanto las lámparas como los postes, el cablerío y todo otro elemento que sirva para poner el sistema en acción.
   La policía a veces se ocupa de aprehender a algunos pícaros que tienen como deporte
hondear las columnas del alumbrado, especialmente en La Cañada más cerca de Bella Vista que del centro.
   Por eso ahora, con la iluminación “a giorno” que generan las lámparas led, será más complicado reincidir en esa lamentable conducta de hacer daño para asegurarse impunidad.
   La Municipalidad de Córdoba ha encarado un plan de reemplazo de la vetusta red de alumbrado público servida por anticuadas luminarias de poca duración y escasa efectividad. El nuevo sistema es de una calidad excepcional y bien vale decirlo, así como a veces criticamos lo que no se hace, esta vez debemos ponernos contentos porque algo bueno se viene haciendo.
   Dicen que en tiempo más o menos perentorio podremos gozar de nuevos tendidos de cables con el sistema led, lo que aporta una luminosidad espectacular y por el tipo de instalación, es menos vulnerable a la acción de los vándalos.
   Bienvenido sea entonces este baño más de luz que de frescura, que los cordobeses estábamos necesitando para intentar al menos volver a esa vieja costumbre de salir de noche, dejando para el recuerdo aquellos fantasmas que nos impedían tener la certeza de volver a nuestras casas.
   Era hora que se avivaran que para el hampa, la mejor ciudad es la que menos luces tiene, tanto en las calles como en las cabezas de los funcionarios que la gobiernan.

OBJETIVA EVALUACIÓN DEL PARO GENERAL 

   Bien sabemos que la mayoría de la dirigencia sindical argentina tiene una serial y marcada propensión a la ignorancia en materia de respeto por la ley, al abrigo de cierta impunidad que durante tantos años le viene regalando la autoridad, porque desde el poder se privilegia un falso “no conflicto” que ampara desmanes, ataques de diversa índole y variadas prepotencias.
   A eso de burlarse de la ley en perjuicio del ciudadano lo venimos viendo desde el fondo de la historia no tan reciente con el uso de la peligrosa y cáustica pirotecnia, los intempestivos cortes de vías de circulación, el aislamiento al que son sometidos cientos de comerciantes, el “apriete” del que son víctimas quienes no adhieren a una medida de acción directa, la agresión acústica y los desmanes emergentes de cada concentración o a la hora de desconcentrarse.
   Todo esto sucede porque son escasos los fiscales que tienen la ocurrencia de actuar de oficio porque es más cómodo mirar hacia otro lado o seguir las sugerencias que reciben, por el manejo político que se hace de las situaciones que debieran enmarcarse innegociablemente en lo jurídico, en defensa de la sociedad.
   Pareciera que es necesario que alguien muera para que se activen los resortes de una acción judicial que operando al iniciarse el problema, hubiera evitado cualquier fatal desenlace.
   El paro del pasado jueves decretado por la dirigencia cegetista cediendo a presiones extrasindicales y con evidentes argumentos políticos y partidistas, se desarrolló con cierta normalidad porque al menos en Capital Federal la presencia preventiva de fuerzas de seguridad despejó los bloqueos totales con algunas escaramuzas, con el único argumento del respeto por la ley.
   En pocas palabras, aquellos que decidieron a conciencia no plegarse a la medida y trabajar,
tienen la alternativa de llegar aunque no existan los habituales medios de traslado. Lo mismo el comercio que abrió, lo hizo sin encontrarse con la vieja maña de las cerraduras taponadas con poderosos pegamentos, ni piquetes que hostigaran a quienes piensan distinto con relación a los cultores de la inactividad como ridícula manera de sacar al país adelante.
   La protesta tuvo sus justificativos si dejamos de lado el impulso ideológico que la motorizara, incluyendo la desmemoria de cuántos años viene gobernando un determinado signo partidario sin lograr mejorar la macrosituación de los argentinos.
   Esa dirigencia sindical empachada de privilegios y de utilidades, no se animaría ni loca, ebria ni dormida a permitir que la ley se aplicara en su absoluta dimensión de letra y espíritu: respetando la voluntad de todos aquellos que no coinciden en que es la única manera de hacerse escuchar, porque no son pocos los que piensan que sólo con la cultura del trabajo y del esfuerzo podremos recuperarnos.
   Nunca nadie, en la historia, superó una crisis a través de la vagancia.

MENTIROSO OPTIMISMO CEGETISTA

   La verdad, desconfiaría de las fuentes que me brindaran información equivocada acerca de un paro, si de ello dependiera ponerme contento o amargarme; buscar el diálogo o redoblar la apuesta; tragarme el sapo como si todo hubiera sido gremialmente provechoso y dejar traslucir que un nuevo paro se podía decidir casi de inmediato.
   Y la verdad sea dicha sin vueltas ni ocultamientos, que si el transporte hubiera funcionado a no más del 50 por ciento de su capacidad en todo el país, el paro cegetista ni se hubiera notado.
   Lo que son los contrasentidos: fue un gran paro del transporte, sector laboral privilegiado con sueldos altos y convenios ventajosos, que trabajan para empresas poderosas a las que subsidiamos o sea que les garantizamos utilidades así presten como en muchos casos un servicio de porquería.
   La paralización del país se dio por el acatamiento de todo el transporte, pese a lo cual hubo actitudes responsables COMO hacer trasladar a los trabajadores en taxis o en remises, o la buena acción de cientos de generosos particulares que disponían de espacio en sus coches para que al menos fueran muchos los que se “acercaran” a sus lugares de tareas.
   Que entonces los gordos de las tres CGT no se aten los moños del éxito porque no lo merecen ni es un reflejo de la realidad y para que se les meta en sus cabezotas: el paro fue del transporte, más que del resto de las actividades productivas y cotidianas.
   No hay que negarlo porque sería una necedad, que existen motivos inquietantes para la protesta, pero que tal argumento no se utilice inapropiadamente porque así los dirigentes quedan como charlatanes, vendedores de humo y de grasa de serpiente, ante la masa trabajadora que no come vidrio y se entera de la realidad.
   La dirigencia obrera del país debiera entender que existen otros métodos de protesta
cuando se agota el diálogo, pero que entonces no deben huirle a esa mecánica de la búsqueda de consensos  reemplazándola por la violencia de la paralización, que por lo general aprovechan los vivillos de siempre en propio beneficio y en el de la mayoría de la sociedad laboriosa.
   Al respecto y por último, otro detalle: fue demasiado evidente que los encumbrados dirigentes sindicales, mimetizados con la prosperidad propia de los empresarios, debieron ceder a las presiones de otro sector al que tubieron que rendirse: el de los delirantes que les exigieron la declaración del paro con evidentes y marcadas intenciones más que políticas, partidistas que responden a los nostálgicos que no se prepararon para perder el poder y ahora andan errantes convocando helicópteros en lugar de instar a sus superiores, más que a volver, a devolver lo que se llevaron.
   Ni siquiera en apoyo de esa remota posibilidad serían capaces de convocar a una medida de fuerza.

LA MEGACAUSA SIGUE ACTIVA 

   María está presa, y  por enésima vez volverá a ser juzgada acusándola de haber participado en una estafa de la causa del Registro de l Propiedad de Córdoba.
    Su caso comenzó hace más de 10 años, cuando repentinamente fue encerrada en prisión preventiva mientras el Fiscal decía investigar. Llegó al primer juicio con sobrada condena cumplida por las dudas, lo que facilitó la sentencia de culpabilidad.
   Pese a contar con toda la información sobre ella desde el principio, a que las acusaciones datan de la misma fecha y a que estando en la cárcel no pudo obstaculizar ninguna investigación, se decidió una rara modalidad de desglosar sus acciones para juzgarla intermitente e interminablemente, ya sea que estuviera presa, próxima a recuperar su libertad, en libertad o intentando retomar su vida.
   No vaya nadie a creer que hablamos de una persona que repite un supuesto delito, sino que se trata de una misma causa, mirada por partes desde hace 12 años, a cargo de una misma y única comisión especial juzgadora. Se diría que le disputan el podio a Torquemada, calcinando la categoría de libre.
   Semejante injusticia se comprende menos cuando leemos que un diario de esta semana relató que los miembros del Tribunal Superior de Justicia de Córdoba se mostraron  molestos porque en los medios había trascendido un reclamo de los integrantes del Poder Judicial, referido a un supuesto colapso del fuero penal por abarrotamiento de causas, ante lo cual  informaron que ya estaban trabajando en algunas soluciones para el tema.
   Que nos expliquen entonces, por qué una Cámara entera, una Fiscalía y un Juzgado siguen ocupando su tiempo en condenar a las mismas Marías y a los mismos Juanes desde hace más de una década. 

AGUA INCONTROLABLE

   Antes decíamos que caían cuatro gotas locas y la ciudad se inundaba, el Suquía se llevaba algunas casitas precarias que imprudentemente la pobreza hacía levantar a sus orillas y surgían los problemas sempiternos de anegamientos en muchos barrios de la periferia cordobesa.
   Esta vez fueron más de cuatro gotas locas las que sembraron inquietud, zozobra y más que nada dudas acerca del buen criterio de quienes evalúan situaciones y aconsejan la instalación de plantas de tratamiento del agua para consumo o de las otras, encargadas de los efluentes.
   El tema fue que la planta purificadora de la empresa que nos provee el agua que debiera ser potable para consumo ciudadano entró en colapso, al recibir aguas contaminadas que provenían del desborde del dique San Roque, en cuyo lago los irresponsables e indemnes de siempre siguen utilizando como cloaca, lo que se agrava con el daño ambiental que producen cientos de motores de las embarcaciones que pasean y se divierten en esas aguas.
   Para colmo, las verdes algas nuestras de cada verano se hicieron fuertes en ese espejo y aportaron sus bacterias y otras porquerías, para empeorar el líquido fundamental que tomamos la mayoría de los cordobeses.
   Dijeron que todo estaba arreglado.
   Que el agua era técnicamente potable y nada había que temer.
   Me gustaría que la próxima vez que se genere una situación similar a la de estos días, las
autoridades de Algas … perdón, quise decir Aguas pero mi memoria olfativa me traicionó … Aguas Cordobesas paguen espacios en los medios y allí públicamente beban lo que los vecinos les lleven en envases que llenaron en sus casas.
   Ya sé.
   Le echarán la culpa a los tanques sucios, al descuido de las cañerías y a cualquier otro agente contaminante que puedan imaginar.
   Pero siguiendo la costumbre nacional y popular, me juego la cabeza que para ellos, los que nos mandan y nos cobran un agua intomable, la culpa será siempre de los otros.

GARANTÍAS Y DERECHOS

   Por lo general los argentinos estamos acostumbrados a reclamar por los derechos y es común que no nos preocupen tanto las obligaciones.
   Con el tema de los paros suele suceder algo parecido, porque vociferamos que nos aumenten el sueldo, que mejoren nuestras condiciones de trabajo, que nos den más tiempo de vacaciones, que nos paguen horas extras, que acorten la jornada laboral, que nos permitan dejar el cargo en beneficio de algún pariente y otros reclamos que se toman luego como conquistas gremiales.
   Pero a la hora de las obligaciones es que la mayoría padece súbitos cuadros de amnesia.
   Nos olvidamos que tenemos que ser puntuales, no fingir enfermedades, no buscar un médico amigo que nos otorgue un certificado el lunes por padecer cualquier tontera cuando en realidad nos quedamos dormidos, o cuando formando parte de algún reclamo sindical, perjudicamos al resto de quienes nada tienen que ver con el conflicto y les impedimos que circulen libremente, que las barricadas no les permitan pasar con su coche, que lo insultemos porque no coincide con nuestra demanda y otras estupideces por el estilo.
   Todo esto viene a cuento de las situaciones que suelen plantearse en los paros generales o parciales, cuando se avasallan los derechos ajenos, entre otros los de libre circulación, o lo
más importante, de la opción que cada uno tiene de apoyar o no la medida de fuerza.
   Porque si unos tienen esa salida como la única, violenta, agresiva y dañina para hacerse escuchar, deben entender que hay gente que piensa y obra de otra manera más civilizada y respetuosa, que opta por la via del diálogo y no de la agresión gratuita al amparo de máscaras, palos y otros elementos contundentes, sin mencionar las armas de fuego que suelen aparecer en estos conflictos sindicales.
   Es hora que las autoridades, antes que sea demasiado tarde, hagan respetar el libre albedrío del ciudadano con relación a las medidas de fuerza que decretan quienes dicen estar cerca de las bases y sólo actúan llevados por sus propias y a veces miserables apetencias de poder.

LA JUSTICIA DESCONTROLADA
   Es indignante en los últimos tiempos advertir con qué ligereza ciertos fiscales o jueces manejan los antecedentes o las condenas de algunos delincuentes, a los que finalmente reducen penas o disponen su libertad, cuando en realidad han demostrado una peligrosidad que fue pasada por alto, vaya a saberse por qué.
   Y también es doloroso que la historia contará luego cuántos casos de femicidios pudieron evitarse, si no se hubiera actuado con ligereza tal, que permitiera liberar a verdaderos lobos, criminales incorregibles e irrescatables, que ni bien se liberaron de sus cadenas volvieron a atacar, por lo general con mayor ferocidad que cuando mataron y luego resultaron condenados.
   ¿De quién es la responsabilidad?
   Habrá que dilucidar si le corresponde a quien firma la libertad, a las leyes demasiado benignas, a la ignorancia de quienes elaboran las leyes y luego se promulgan por haber sido aprobadas?
   ¿Es la autoridad de aplicación, que no toma con seriedad los antecedentes de los condenados y por mostrar una fingida buena conducta aconsejan reinstalarlos en la sociedad, siendo potencialmente peligrosos?
   Se les pueden buscar mil explicaciones, es posble instaurar cientos de dudas más, pero se haga lo que se quiera hacer, no se logrará volver a la vida a tantas víctimas inocentes que encontraron la muerte a manos de estos asesinos disfrazados de recuperados.

   Habrá que terminar entonces con las condenas virtuales, porque si a un delincuente le aplican 15 años de prisión y después sale a los cinco años por buena conducta, abogados chicaneros, jueces garantistas u otros pretextos, las condenas pierden efectividad y se transforman en un premio para quien ha delinquido.
   Es posible que se trate de un planteo reduccionista, probablemente elemental y primario, pero me gustaría que cualquiera de esos jueces que reducen penas, que se dejan timar por hampones que son más inteligentes que ellos, sería capaz de enfrentar a los padres, hermanos, hijos o parientes de alguna víctima, que no hubiera llegado a ser tal si la condena se hubiera cumplido como fue aplicada.
   Porque liberan a un delincuente, y lo único que consiguen es multiplicar víctimas.


EL “CABEZÓN” CARRANZA Y SU ÚLTIMO CLICK 

Cuando a uno se le desprende un pedazo de su memoria por los momentos compartidos, la cascada de recuerdos a veces supera a lo lacerante del dolor por haberlo perdido sin regreso, porque en verdad los recuerdos a veces son un tapón para las lágrimas y ayudan a despertar sonrisas si evocamos momentos gratos.
   Fueron muchas las horas que me tocó compartir con Pedro René “El Cabezón” Carranza, fotógrafo autodidacta que encaró esa profesión dejando otros menesteres menos artísticos y creativos como lo eran pasar la escoba, limpiar los escritorios y rodearse de papeles ya inservibles hasta quedar casi tapado por ellos.
   Era un niño grandote, inocentón, por momentos cándido y quienes lo conocíamos de cerca, advertíamos en su personalidad un dejo de vívida humildad pero un enorme sentido del compromiso profesional, a la hora de exponer el cuero; de hacer un paso más adelante desafiando al peligro y cuando lo superaba, su risa ancha y sonora era un canto al triunfo; a la satisfacción por el deber cumplido; por la imagen lograda.
   Compañeros de trabajo en La Voz del Interior nos tocó entre otras tareas vivir codo a codo las horas y los lugares más bravos durante el Cordobazo y el Cabezón jamás se rindió al sueño, al cansancio o al riesgo que lo balearan desde una vereda o desde la otra, donde los soldaditos inexperientes y sus fusiles temblaban de incertidumbre, de miedo y de sorpresa.
   El destino con los años nos separó en cuanto a proximidad pero los afectos a veces se fortalecen con las distancias, cuando la amistad ha sido puesta a prueba en ocasiones críticas, o en circunstancias difíciles donde los pasos atrás están vedados por la propia responsabilidad de cada uno en cumplir con la tarea encomendada.
   Apasionado por la cámara fotográfica, pasó a ser parte de su cuerpo integrado en la cerrada penumbra del cuarto oscuro, las cubetas, la ampliadora, los líquidos, las pinzas y los papeles donde plasmaba cada instante que robaba su objetivo inquieto, curioso e irrenunciable.
   Hace tres días, Pedro René “El Cabezón” Carranza partió, adelantándose en el camino que todos inexorablemente vamos a recorrer.

   Cuando nos abrazamos la última vez, dos meses atrás y lo saludé como cualquier día, el obturador de su amistad me hizo el último click, que ahora atesoro como la mejor toma que le haya visto hacer.