26 de abril de 2017

Un gas de mal olor ---------------

EL CUENTO CHINO, AHORA
TRADUCIDO AL CORDOBÉS

   Vaya Dios a saber cuántos miles de dólares nos costaron a los cordobeses, ahora que las finanzas provinciales no están para “manchanchas”, los viajes de varios funcionarios con viáticos, horas extras, desarraigo y otras gangas, sumado todo esto a las facturas de las empresas consultoras seguramente requeridas y contratadas a elevados valores, para que verificaran, estudiaran, compararan y evaluaran la conveniencia o no, de meternos con la banca china para el financiamiento de necesarios gasoductos troncales en el territorio del cordobesismo.
   Los ministros Fabián López, de Agua, Ambiente y Servicios Públicos y Ricardo Sosa, de Inversión y Financiamiento negociaron con dos bancos de aquel superpoblado país, por el financiamiento de más de la mitad del costo de los gasoductos troncales, operaciones para las que se requerían los avales de la Nación, que oportunamente fueron anunciados allá por diciembre del 2016.
   Y recién ahora, cuando los gastos erogados en estudios, viajes, consultorías y onerosas menudencias bien se podrían haber afectado a otras cuestiones pendientes, nos salen con que han descubierto que los chinos -que son chinos pero no bobos- son demasiado exigentes, leoninos a la hora de los contratos y otras adversidades que si no fueron detectadas en su momento por los técnicos y los funcionarios que se mostraron tan seguros de la operación, es porque no saben un corno, les vendieron un tranvía cargado de buzones o hay otras cuestiones íntimas de por medio que hicieron abortar el parto cuando ya asomaba la cabeza de la criatura.
   A mediados de diciembre se anunció, bombos y platillos de por medio, que “La  mayor obra de infraestructura de la provincia de Córdoba tiene financiamiento chino. Dos bancos chinos: el ICBC y el Bank of China financiarán el 80% de los 8.400 millones de pesos de la obra de gasoductos troncales…”
  Y no perdamos de vista algunos nombres que últimamente nos resultan demasiado familiares, vinculados con algunas sospechas, al leer en un diario de entonces que “El mapa de los diez sistemas de ductos troncales había sido repartido en tres grupos. El primero asignado a  la constructora brasilera Odebrecht. El segundo a la constructora China Communications Construction Company y a la constructora argentina Iecsa S.A. Y el tercero a la constructora China Petroleum Pipeline y a la empresa argentina Electroingeniería” y que “Una de las formalidades que debía cumplir la provincia era contar con los avales del Gobierno nacional para acceder a financiamiento externo y a la vez garantizar esa deuda con fondos de la coparticipación federal”. La negociación con los bancos chinos estuvo a cargo del ministro Sosa, quien -vale recordarlo- ya había acompañado a Schiaretti en la intervención federal a Santiago del Estero donde dejaron imborrables recuerdos.

   Llama la atención una información que casi de inmediato  indicaba que las obras se habían iniciado el 14 de Agosto anterior “a cargo de la constructora brasileña Odebrecht. Esta fue la única empresa adjudicada que presentó financiamiento propio para la obra y no depende de préstamos de bancos chinos”.
   ¿Empezaron o no con las obras?
   No es el único interrogante que flota en el aire, porque tanto Sosa como López deberán concurrir a la Unicameral a ofrecer las explicaciones del caso, los motivos del fracaso de la operación y no deberían esquivar el bulto cuando tengan que rendir cuentas a la tibia oposición, de cuánto nos cuesta el aborto de algo que anunciaron como seguro y cuándo piensan volver a llamar a licitación para esos gasoductos que se les escaparon.
   De todas maneras, harán como los chicos malos que confesarán una travesura a su papá y ese papá, condescendiente con la picardía de los pequeños, les hará un chas-chas cola, los intimará con el “¡que no se repita!” y dejará que vuelvan a sus juegos mientras su mamá creerá que los ha retado.
   Son las ventajas de la mayoría propia.
   Y sobre todo, cuando la mamá es tímida minoría…

Gonio Ferrari