12 de mayo de 2017

El regreso a casa -----------

AHORA LA NIÑA PUEDE
VOLVER A SUS SUEÑOS

   No es que todo haya pasado porque recién comienza una etapa nueva en la convulsionada vida de una criatura que está más cerca de las muñecas y de algún piquito furtivo, que del rouge y la sombra de ojos, precursores de las ligas mayores en esa especie de competencia que libran las niñas en su vertiginoso camino que pasa por una apresurada adolescencia rumbo a la juventud que es donde creen que enarbolarán una bandera de conquistada libertad.
   Será tarea de los estudiosos juzgar si en realidad fue niña encerrada en la candidez de su inocencia o fue silenciosa mártir del oprobio que reina en el terreno de las promiscuidades, allí donde la prepotencia de los años y la muerta persuasión de la violencia logra oscuras satisfacciones e impone infames silencios tan familiares como compartidos y encubiertos.
   Niña de algodón y brisas, sobreviviente o sobremuriente en una torpe y atropellada sociedad que llegó a juzgarla como culpable en lugar de ampararla, contenerla y escucharla como víctima. Que la condenó por la sospecha en lugar de ofrecerle un hombro con cariñosa tibieza maternal para que allí tiemble, llore y desahogue su tormento que la llevó a preferir las distancias por encima de alguno de los afectos que aún le quedaban.
   Niña de rubor, mostacillas y risas a quien los infames le aceleraron el reloj de su niñez.
   Niña de candor y de pureza vulnerada.
   ¿Habrá leyes de los hombres que impongan justicia, condena y sanción para quienes quebrantan la ingenuidad y la confianza?
   ¿Existen códigos que obliguen a reparar lo irreparable?
   Tontas preguntas para una cuestión tan visceral como es la preservación de ciertos valores que las niñas atesoran en su rincón de las virtudes.
   Muchas veces el amor inmerecido lleva por atavismo a la complicidad de los silencios que no desgarren el eterno cordón umbilical.
   Niña de lejanías y pesares; de lágrimas a escondidas y alma injuriada, tienes tanto para vivir como mucho para olvidar y nada que perdonar.
   Chiquilla dulce empujada al calvario, podrás al tomar cabal noción de tu breve historia optar por aquellos que sostienen que el perdón es casi siempre el padre de la reincidencia o adherir a los que prefieren la indulgencia de predicar que la última y definitiva justicia es el perdón.
   Aunque todo lo que habrás padecido sea imperdonable, abrázate a la ilusión de tener una vida por delante, un horizonte de luces, un futuro de auténtico y bien ganado cariño, porque dejando de lado la eterna e irredimible culpa encerrada en la sucia conciencia de quienes te humillaron, mereces ser feliz.
Gonio Ferrari