1 de junio de 2017

Daniele, liderazgo y amenazas ---------------

UNA  HISTÓRICA  PREPOTENCIA VIAJA
DESDE LA BARRICADA AL BANQUILLO

   El escenario aparece como el resultado de una fina tarea de inteligencia aplicada a provocar reacciones que a su vez multiplican otras reacciones que culminan en censurables actos de violencia, los que a su vez generan una acentuada corriente de rechazo ciudadano hacia uno de los emblemas del caos urbano que es el dirigente Rubén Daniele, atornillado desde tres décadas atrás en la conducción del gremio municipal.
   Su método de lucha por reivindicaciones o caprichos fue siempre violento, agresivo, amenazante y destructivo y aún es difícil olvidar cuando al Palacio 6 de Julio lo atacaban lunes, miércoles y viernes despedazando vidrios, arrojando computadoras desde los pisos superiores y ”apretando” a los empleados que no se plegaban a esas actitudes “de lucha” para atemorizar a las autoridades y menoscabar con un absoluto desprecio los derechos de los vecinos.
   Como si la consigna para mantenerse en la cúpula sindical fuera ataviarse de guapo, Daniele hizo de tal estilo una costumbre que las autoridades elegidas por el voto popular ni la justicia, fueron capaces de neutralizar con la ley en la mano y en salvaguarda de los sagrados intereses de la comunidad por encima de las apetencias sindicales.
   Muchas veces se dijo que la paciencia de los cordobeses de bien se agotaría y de alguna forma harían tronar el escarmiento. El avezado y crepuscular dirigente mordió el anzuelo y reaccionó frente a la “mojada de oreja” que representaba la detallada difusión de los sueldos de sus protegidos, beneficiarios a la vez del vandalismo y las injurias a la población, que eran los mecanismos para doblegar a un poder político irresoluto, vacilante, timorato y rayano en lo pusilánime, por mostrar actitudes ciclotímicas al permitir que la ciudadanía cordobesa se resignara a ser masiva rehén de un gremio insaciable.
   Reiteró y agravó sus amenazas, prometió caos como si tal estado no existiera por abandono laboral y enardeció a sus seguidores de aplauso fácil. Acudió a la Justicia -la misma Justicia que pasó por alto e inexplicablemente sus reiteradas bravatas- en demanda de silenciar la divulgación de sueldos, refrigerios, horas extras y otras gangas de los empleados municipales, injuriando de paso a los honestos servidores comunales que no comulgan con sus métodos patoteriles.
   Es probable que no haya sido correcta la medida que bien puede ser tomada como una irrespetuosa intromisión en la intimidad de los empleados, pero la cercanía con el adiós a la conducción eliminó la prudencia que históricamente Daniele nunca tuvo y soltó sapos y culebras a mansalva, que fueron la gota que el vaso de la tolerancia necesitaba para rebalsar.
   Cuando el poder se desentiende de proteger a los vecinos, las redes sociales han demostrado ser un maravilloso mecanismo para hacerse escuchar, perder los miedos, reaccionar condignamente frente a tantos atropellos e inducir a la legítima defensa: se conocieron detalles de sueldo, domicilio particular, teléfono familiar, etc. del máximo dirigente municipal, como para hacerle beber su propia medicina, imaginariamente corporizada en la quema de cubiertas, ataques pirotécnicos, embestidas acústicas, caotización urbana, consuetudinaria vagancia, instigación a la violencia, amenazas y agresiones a periodistas y otras lindezas de las que zafó en los últimos tiempos.
   La Ley es la Ley.
   Ante la Ley tendrá que responder -ya era hora- por tantas injurias amparadas en una inexplicable impunidad, por el miedo a la inquietud social o por el temor político a pagar altos precios por reinstaurar el orden y el respeto.
   Somos los cordobeses, repetidos y obligados rehenes de ciertas conducciones obreras que sólo exhiben como válidos argumentos el desorden y la prepotencia, quienes merecemos que a través de la Justicia recuperemos nuestro derecho a tener una ciudad vivible y no un coto de caza, reservado a unos pocos cabecillas del vandalismo, disfrazados de dirigentes gremiales.

Gonio Ferrari