7 de junio de 2017

¡Feliz Día del Periodista! -------

JURO  QUE  CADA DÍA MÁS
ME ESFUERZO POR SERLO

    A toda persona que ejerce el periodismo pero tiene colgado en alguna pared el diploma que lo acredita como tal que le fuera entregado en una solemne ceremonia académica y social, le asiste el legítimo derecho al orgullo de haber plasmado una vocación o una meta vital.
   Pero estamos los otros, los que abrazamos si, una fuerte propensión a informar, a analizar, a dar a conocer lo oculto, encubierto o ignorado sin pensar en la notoriedad o en la fama propia ni con delirios de marquesinas ni tumultos callejeros por firmar autógrafos. Somos -y descaradamente lo confieso- los que entramos a los medios cuando no había donde estudiar periodismo; los que sin imitar o crear estilos, poses, silencios o elegir ropa de última moda, el mejor peinado y más cinematográfico maquillaje nos lanzamos a esta cotidiana aventura de sentirnos útiles a la sociedad.
   Somos -porque en verdad no somos pocos- los que hacemos periodismo procurando las reacciones hacia afuera, hacia la gente y no hacia adentro como parte de esas sórdidas batallas internas que desgastan a la persona humana y pretenden transformarnos en objeto negociable.
   Venimos del tiempo en que el ejercicio de esta maravillosa actividad nació como una adicción; como un vicio porque escribíamos o hablábamos desde el alma, sin antes hacer pasar la opinión por los bolsillos, en una actitud más emparentada con lo romántico que con el compromiso laboral que era dentro de todo prolijamente respetado.
   No deja de ser una piadosa mentira eso de la vieja bohemia, de las cabareteras trasnochadas al fiado o las interminables y amanecidas cafeteadas, sino una verdad de
aquellos tiempos en que el periodismo era casi hermano de la literatura y no una parte esencial del marketinero divismo actual.
   De todas maneras y dejando al margen a ese invento de corte  fascista -pariente de la promoción ideológica- que le llamaron “periodismo militante”, una ofensa a la honestidad de informar, tenemos la obligación de unirnos los académicos y los románticos a la hora de la celebración, por el simple hecho de coincidir en lo que hacemos pese a ser distintos.
   Y rindamos homenaje -a Mariano Moreno ya le hicimos muchos- a Goethe quien tuvo la genialidad de sostener que “Solo es digno de libertad aquel que sabe conquistarla cada día”.
   Los periodistas comprometidos -todos menos aquellos a los que prefiero ignorar- que hacemos lo nuestro como un mimo para el espíritu y un virtuoso desenfreno para la propia intimidad, sabemos que nunca se llega a la meta. La desaparecida colega Oriana Fallaci definía magistralmente esa actitud: “Yo quiero caminar, no quiero llegar. Llegar es morir”.
   Es por eso seguramente y no porque tenga vocación de eternidad que más allá del diploma, prefiera esforzarme -cada día y arrastrando décadas, nostalgias, victorias y fracasos- en ser periodista.

Gonio Ferrari