26 de julio de 2017

Eva Perón, a 65 años -----------------

MUJER Y MITO QUE NO MERECE
SER  PARTE DE NINGÚN OLVIDO
   Seguramente la historia, esa implacable madre de todas las verdades que atesora el tiempo, será la encargada de guardar y reflejar la realidad documentada de aquella época especial, para nuestro país, que fue la década -se sabrá con el paso del tiempo si ganada o perdida- del 45 al 55.
   Al reseñar algunos aspectos de la corta vida de Eva Perón, solamente podemos resumir las pasiones que inspiraba, entre la admiración y el recelo, según fuera quien opinara, porque la historia aunque parezca mentira es demasiado reciente como para poner en la balanza los criterios citados por distintos autores que, sin dudas, abrazan disímiles ideologías y corrientes de pensamiento.
   Pero a esta hora, cuando se cumple el 65° aniversario de su muerte, miramos en todas direcciones y salvo algunos aislados homenajes y recordaciones, llegamos al convencimiento que no fueron muchos como lo fueran tiempo atrás.
   El signo político que gobierna hace casi dios décadas a nuestra provincia, enfrascado en sus agudos problemas de índole social, la inminencia de elecciones con las encuestas que no satisfacen al poder y en otras cuestiones francamente traumáticas e irresueltas, cayó en la parcial omisión, o en la desmemoria.
   La señera figura de María Eva Duarte de Perón, ex mediocre actriz, abanderada de los humildes, Santa Evita, líder de los descamisados, Jefa Espiritual de la Nación, no merece por su trascendencia histórica de ninguna manera ser parte de la oscuridad de los olvidos.
   Amada por unos y odiada por otros, fue un jalón trascendente een el devenir de los argentinos.
   Escribió páginas brillantes en materia de justicia social y también deslumbró con su glamour, joyas y pieles en sus visitas a la vieja Europa.
   Murió tras una penosa agonía a los 33 años, demasiado joven y se recuerda su renunciamiento a integrar la fórmula presidencial junto al general Perón, de quien era su segunda esposa.
   Desde el siglo pasado y aún ahora se la puede amar, discutir, imitar, tomar como ejemplo o repudiar.
   Pero nunca ignorarla.
   Y menos, esconderla.

Gonio Ferrari