29 de agosto de 2017

Gran número de infiltrados --------------------

GRUPOS CORDOBESES DE IZQUIERDA
YA EN CAMPAÑA PARA EL MACRISMO
   Como bien se sabe, los costos de las campañas proselitistas son tan elevados que por lo general los partidos políticos más pudientes reciben buen dinero del Estado, aunque deben afrontar esos enormes gastos apelando a las cenas “de contribución” para asistir a las cuales es preciso abonar costosísimos derechos, como por ejemplo que una tarjeta para un magro “menú ejecutivo” se cotiza a 10 mil pesos y después la mayoría de los asistentes termina encontrándose frente a un carrito de chori, en cualquier pizzería o comiendo un tostado en algún bar al paso.
   Los partidos más modestos, con menos número de votantes en el último acto comicial que es lo que determina la contribución estatal para su campaña, apelan a otros subterfugios tendientes a conseguir fondos necesarios para cartelería, engrudo, pintura y todo lo imaginable para publicitar sus plataformas y a sus candidatos. Pero sus miras financieras no son tan amplias porque el empresariado no mantiene con ellos buenas relaciones o por cualquier otra causa y se deben contentar con la clásica “vaquita” o “polla” entre los mismos postulantes y sus más allegados.
   Y los que casi no figuran en la cuenta de sufragios, se limitan a las antiguas “ferias de platos”, ventas de empanadas caseras, stickers y banderitas partidarias. Y todo hecho a rigurosísimo pulmón.
   Es por eso que seguramente los macristas de “Cambiemos” y sus concubinos políticos deben haber tomado con beneplácito y alegría los desmanes que provocaron en el centro de Córdoba muchos de los participantes en la que fue convocada como una edición más de la “marcha de la gorra” para protestar contra el excesivo rigor policial y su pésima costumbre del “gatillo fácil” e identificados con carteles y estandartes setentistas y de algunos sectores de la izquierda nacional & popular.
   Pintarrajearon paredes, hicieron desfilar a su escuadrón de caras tapadas y garrotes incluyendo a su rama femenina, ensuciaron muros de iglesias, rompieron el frente y el interior de una financiera, quemaron contenedores de basura y atacaron a los Mac Donald, allí donde a veces se los suele ver -a los mismos manifestantes en actitud sociable- manducándose generosas hamburguesas acompañadas con la más imperialista de las bebidas gaseosas.
   Ni siquiera hubo que esperar la explicación, porque ya la tenían hecha con papel carbónico desde marchas anteriores, sosteniendo que los actos de vandalismo eran responsabilidad de los “infiltrados”, aunque ellos, los organizadores, no se hayan tomado el trabajo de neutralizarlos para evitar confusiones y acusaciones.
   Pasó lo que pasó, y a la hora de evaluar los efectos de tales actos reñidos con la convivencia y el respeto por la ciudad, surje con claridad que si existió algún beneficiario de tanto perjuicio, caos y estropicios que para la gente asumen la forma de “confesión de intenciones, miras y objetivos”, ese es “Cambiemos” que seguramente de alguna manera les hará conocer su agradecimiento.
   Esos plácemes, a veces, van en las urnas.

Gonio Ferrari