21 de agosto de 2017

Mirando de reojo ---------------------------------------

SE PREOCUPAN POR EL AZUCAR EN LOS
BARES Y OLVIDAN LA EBRIEDAD JUVENIL

Creo haber escuchado que se proyecta limitar en los bares el consumo de azúcar, o sea algo así como censurar las azucareras y los sobrecitos y brindárselos a los clientes sólo por expreso pedido.
Dicen que es para proteger a todos aquellos que padezcan problemas de diabetes sea o no declarada y sean o no insulino dependientes y no faltan los que aplauden de antemano si esa iniciativa se llegara a concretar, tal como se logró con la sal en los restaurantes, que de todas maneras en la mayoría de los casos los saleros están tapados y dígame si no es así...
Es doloroso ver la ceguera del Estado que debiera ser protector más que “prohibidor” porque es atávico el placer de gozar de todo aquello que está considerado ilícito, proscripto o clandestino así hablemos del dólar, de ciertas sustancias, del sexo, de la magia negra, de las religiones o de los ritos extraños.
Pero realmente ocuparse que no haya azúcar en las mesas de los bares, no se sabe si es para desalentar a los cirujas que “al paso” se proveen, para hacer alguna pijotera economía de costos o simplemente para justificar de alguna manera la sempiterna práctica del alpedismo de muchos de los elegidos para legislar.
Y sin embargo, en esa absurda intención de creerse útiles, olvidan el desastre que cualquiera puede presenciar en los amaneceres de los sábados y domingos, con el triste cuadro de jovencitos y mocosas tirados en las veredas, atontados e indefensos, previsibles víctimas de borracheras no siempre  consentidas.
¿Por qué entonces, en lugar de calentarse por un poco más o menos de azúcar en el café, en el té o en la leche tibia, no se preocupan por limitar la venta de alcohol a los menores?
Ellos y ellas consumen porque alguien se los vende, estando prohibido su comercio como asimismo el ingreso y la permanencia de la pendejada a ciertas horas y en ciertos lugares, pero prefieren ser ásperos con los exacerbados cultores del azúcar.
El hecho de permitir el descontrol en la comercialización de bebidas alcohólicas es mucho más peligroso que dejar a criterio de cada consumidor el uso o la abstinencia de azúcar, porque no se han visto muchos casos de empachados con ese endulzante que hayan sido atropellados o atacados y despojados por tantas patotas impunes que se adueñan de las penumbras urbanas y no tanto.
Además y dicho sea con una mano en el corazón, es incomparable el dolor y la lástima que provocan un adolescente -él o ella- en estado catatónico, como consecuencia del abandono por parte de Estado de su sagrada y no cumplida obligación de prevenir.

Gonio Ferrari