27 de septiembre de 2017

Mirando de reojo ---------------------------

EL PERVERSO NEGOCIO POLÍTICO
DE SEGUIR FABRICANDO POBRES

“Si una sociedad libre no puede ayudar
a sus muchos pobres,  tampoco podrá
salvar a sus pocos ricos” (J.F.Kennedy)
 

   Lo sabemos por duras e históricas experiencias que uno de los principales objetivos de los políticos es la permanencia en la conducción, lo que a veces se transforma en algo parecido a una vocación por la eternidad y de esos ejemplos tenemos para regalarle al mundo.
   La cuestión es que existen maneras y maneras de alcanzar esa meta que van desde el populismo hasta la correcta administración de los recursos que permita una equitativa distribución de las riquezas, más aún en un país que las cuenta a raudales por su geografía, acceso al mar, industrialización, minería, agricultura y otras fuentes naturales.
   Con la aplicación de políticas progresistas se crece cuando es la honestidad el camino sin exclusiones de corte ideológico, religioso, racial o de cualquier otro fundamento que lleve a la marginación de los más débiles y al encumbramiento de los poderosos, porque al medio queda el segmento más importante de la sociedad que vive penando en saber si se ubicarán arriba o irán aún más abajo.
   Evaluando la situación en Córdoba, es complicado aceptar que con su nivel industrial, la producción agropecuaria y su pujanza comercial, tenga para exhibir con mucho de vergüenza, una cantidad creciente de pobres y de pobreza que en las últimas dos décadas no ha sido posible revertir hacia el bienestar, la inclusión y la bonanza que son elementos básicos para recuperar eso que los políticos tan pomposamente le llaman dignidad.
   Entonces a la hora de sondear la realidad en procura de una explicación certera y coherente para tal desastre social, tenemos que llegar a la penosa conclusión que es desde el poder que se alienta tal situación, o sea la generación de pobreza y de pobres, que es lo que permite luego el triunfo del populismo y la charlatanería a través del subsidio, las becas sin contraprestación laboral y las políticas de ajuste tarifario e impositivo que llevan al achicamiento de las empresas en sus plantas de personal, pero que a la hora de los votos son los postergados, destinatarios de las promesas y los bolsones, los que cegados por esa esperanza que les venden los gobernantes, reinciden en elegirlos.
   ¿Cuántos años llevamos sosteniendo en la cúpula al mismo signo político que no ha sabido, no ha podido o no ha querido solucionar el problema de los pobres y de su pobreza? En la evaluación de los índices estadísticos están las respuestas que muchos pretenden esconder si no las pueden manipular, aunque salen a vociferar tildándolas de irreales cuando poco hacen para superarlas.
   Estamos a menos de un mes de una consulta popular y llega a niveles de escándalo la
publicidad oficial que con su envolvente y oneroso palabrerío asegura que podrá, en el corto plazo, revertir una situación lamentable que a lo largo de tanto tiempo más que mantenerse se agravó, porque ellos, los malos dirigentes, para quedarse necesitan que los voten y para que los voten tienen que seguir prometiendo, mientras vilmente ven que pobres y pobreza siguen creciendo.
   Por suerte también la sociedad de la que los pobres son buena parte, viene aprendiendo en base a dolor de qué manera es utilizada y bastardeada y poco a poco cuando se expresa en las urnas, divulga su mensaje de bronca e impotencia que además tiene un sonoro grito de esperanza, ilusiones y reales perspectivas.
   Es hora que a los pobres se los deje de utilizar como pretexto y se los atienda como futuro, como el porvenir que anhelan, como el venturoso destino que merecen.
   Porque todos los que prometen -todos- seguramente jamás vivieron privaciones.

Gonio Ferrari