15 de octubre de 2017

Carta íntima pero pública ----------------------------

A LOS CANDIDATOS Y CANDIDATAS QUE SE
POSTULAN EN LAS URNAS  EL  DOMINGO 22

   Ya falta sólo una semanita y los profundos misterios de las encuestas, los cálculos, las especulaciones y las mentiras serán una sabrosa parte de la historia argentina, devaluada por la decadente calidad de los fastos con relación a la trascendencia de algunos días de gloria que supimos vivir en más de 200 años.
   Lo del domingo próximo no será otra cosa que la estrepitosa caída de algunas caretas y la posibilidad que se empiecen a conocer a las otras, las que si la historia es una certeza de ciclos se transformarán con el tiempo en nuevas versiones de las caretas actuales. Es confuso pero me entiendo.
   Y lo entiendo por aquello tan viejo que alguien proclamó: “Arriba están los que abajo fueron y caerán mañana tal como bajaron los que ayer subieron”.
   Por eso y desde mi casi octogenaria tarima, me voy a permitir no aconsejar hacia afuera, sino manifestarme hacia adentro, como esos atragantamientos que suelen ocurrir en las comilonas si estos últimos años en que vivimos la Democracia con muletas y moretones podemos considerarlos magníficos manjares, sobre todo por haber sido protagonistas más que testigos de la historia.
   Quiero rogar fervientemente que no nos sigan engañando con la zanahoria puesta adelante de nosotros como un futuro venturoso, ni que pretendan volver a vendernos las desgracias, los sinsabores, las angustias y las frustraciones con las que nos victimizaron, también cíclicamente.
   Como si se tratara de un pueblo de idiotas piensan, actúan y prometen igual que siempre, ofendiendo la inteligencia de la gente y pensando que eso de “borrón y cuenta nueva” es una especie de amnistía que en verdad, nadie está dispuesto a suscribir ni siquiera en legítima defensa.
   El almanaque debiera tener por lo menos mil días para darle cabida a todos los candidatos a santos, arcángeles y pontífices, aunque la mayoría tendría que lucir sobre la foto el número de su prontuario.
   Roguemos que los postulantes en lugar de descorchar champagne anticipado, tomen conciencia de la responsabilidad que la ciudadanía les está encomendando no por creerles lo que prometen, sino en una casi desesperada actitud de creer en alguien en estos ominosos tiempos de defraudaciones al futuro y desmemoria arrojada impunemente al pasado.
   Sres. políticos candidatos y candidatas: por favor no deliren sobre un futuro que saben inviable ni pretendan sepultar la basura que supieron generar porque si el pueblo algo tiene es memoria selectiva que no es lo mejor, pero para algo sirve, a veces para no tropezar con la misma piedra.
   Piensen alguna vez con sentido de Patria, con respeto y atención a las carencias ajenas, con sensibilidad social por encima de la demagogia y por la grandeza del país más que por el propio y angurriento  encumbramiento financiero.
   Entiendo que la sensualidad del poder es una enfermedad para la que únicamente es aplicable la vacuna de la honestidad, el compromiso con el prójimo y el sacrificio ya que desde esa patología política, según Moron Alcain “se dominan las cosas, las circunstancias y lo que es mucho más, a los hombres; se goza de esa sensación de estar por encima de los demás, de tener sus halagos, sus privilegios. El poder fascina y enceguece al que es dominado por él”.
   Y jamás olviden, aquellos que están en el ríspido y tortuoso camino del ascenso, la sabiduría de Lyn Yutang dado que para el venerable pensador “el máximo del poder es la iniciación de la decadencia”.
   Los argentinos estamos hartos de ser parte de tantas decadencias y uno de nuestros más sacros merecimientos, es recuperar la dignidad que los malos políticos contribuyeron a que perdiéramos.
   ¿Y la carta “íntima pero pública” a los candidatos y candidatas del domingo próximo?
   Para los que aparecen vendiendo ilusiones, los que fueron y quieren volver a ser, los que tienen miedo de perder, los que se esconden, los que mienten utopías y fantasean porvenires venturosos…
   La verdad, prefiero escribirla el lunes 23.

Gonio Ferrari