23 de octubre de 2017

¿Y ahora qué? -----------------------

NADA  HA  TERMINADO PERO
VIVIMOS UN BUEN COMIENZO

   En realidad el país es el mismo, la gente es la misma, las instituciones son las mismas, pero no todo es lo mismo.
   Más allá de la frialdad de los números que levantan temperatura mientras son dados a conocer e inmediatamente después de las celebraciones y los festejos entran a un estado parecido a la casi indiferencia, todo eso dicho al comienzo no deja de ser una sutil mentira.
   Para sus “organizadores” el “caso Maldonado” no sumó ni restó.
   Porque no son pocos los que tienen que convencerse, a fuerza del impacto emocional y del escrutinio, que así como la soberbia armada entregó sus sangrientos blasones allá por el ´83 con la recuperación de la Democracia, en estas horas vemos renacer la gobernabilidad sin trampas volviendo a ser previsibles y sustentables, recuperando protagonismo en el escenario mundial y que no nos aplaudan aisladamente en Venezuela, en Cuba y desde otros estados de la misma órbita.
   El freno a la prepotencia será el aire fresco que podremos respirar y es de rogar que las autoridades, con la simpleza de aplicar la ley, terminen con los desplantes, los caprichos y los actos de vandalismo alentados por la mala dirigencia -no tan sólo la sindical- que tanto daño le han hecho a la sociedad argentina en su conjunto.
   Que nadie tome la decadencia del peronismo como un certificado de defunción porque la doctrina por lo general supera a los tiempos, pero necesita adaptarse al progreso y al férreo cumplimiento de las normas legales que nos rigen.
   Distinto es el caso del mal llamado “cristinismo” que es la devaluada rémora de un aburguesado e izquierdoso kirchnerismo disfrazado de justicialista otrora poderoso y ahora en retirada.
   Si se imponen las reformas como medidas para superar los tiempos de crisis, las aceptemos como mansamente supimos aceptar los atropellos, el saqueo y los súbitos enriquecimientos que nos fueron empobreciendo aunque nos quisieran “vender” que en Alemania era peor.
   Las manifestaciones de postergado triunfalismo se equiparan a esos equipos que casi milagrosamente se salvan del descenso y después deliran con la Copa Libertadores porque la paciencia y la tolerancia acompañarán al gobierno si la sociedad advierte mejoría en el plano general, calidad de gestión y horizontes con perspectivas a mediano y corto plazo, ya que de promesas existe una especie de agotamiento insuperable.
   El combate frontal contra las calamidades sociales y económicas arrastradas por la historia, heredadas en los últimos años o generadas recientemente, será con la utilización de argumentos fortalecidos por la ley y por la reforzada espalda política que en esta última elección aportó la mayoría ciudadana a sus gobernantes.
   Terminar con la pobreza, liquidar la desocupación, dominar la inflación -todo esto endeudándonos lo menos posible- son sin dudas los objetivos planteados para volver a ser un país en serio que se mire en el espejo de las grandes potencias como alguna vez lo fuimos.
   Intensificar la lucha contra el narcotráfico indemnemente instalado por los inescrupulosos que abrevaron de sus sucias utilidades, es otro de los compromisos de hierro como también lo son el cuidado integral de nuestras fronteras y la reinstalación del respeto de nuestro territorio hacia adentro, sin privilegios ni absurdas sacralizaciones.
   Que la Justicia sea verdaderamente independiente sin subterfugios y continúe con su quirúrgica tarea de identificar, juzgar y condenar a los responsables de la rapiña que nos asolara al amparo de una impunidad autoconsagrada.
   Se renuevan entonces los llamados al sacrificio, al trabajo, a la decencia en la función pública, a la tolerancia con quienes piensan distinto, todo esto en un imprescindible e innegociable marco de libertad sin condicionamientos.
   Ahora con una nueva inyección de optimismo, todas aquellas actitudes negativas que padecimos, verdaderos karmas con los que humillaron a buena parte de la sociedad argentina, perderán el sustento del poder y de la altivez que lo caracterizaba.
   Y entenderemos entonces que lo que logremos no será poco …
   Y que alguna vez todos, hermanados, podamos abrazarnos incluso respetando nuestras diferencias.
   Eso se llama democracia, libertad, convivencia y prosperidad.

Gonio Ferrari