21 de noviembre de 2017

Santiago Maldonado y el submarino --------

DE LA IMPUNE PATRAÑA DE POCOS A
LA  INDIFERENCIA DE MUCHOS,  ANTE
LA DOLOROSA  INQUIETUD DE TODOS

   Cuando la soberbia en el ejercicio del poder pese a su auténtico origen democrático se enquista en aquellos que luego lo pierden por inconductas propias, es cuando el despecho y la alergia a la Justicia llevan a cometer actos que no pueden justificarse en el apresuramiento y merecen ser ubicados en los oscuros anaqueles del despropósito y la canallada.
   El coincidente rigor científico con el que se puso justo e imprescindible final a la novela que los nostálgicos escribieron en torno a las desaparición y muerte de Santiago Maldonado, fue un sonoro cachetazo a la vocación desestabilizadora y ruin de los carroñeros de siempre, acostumbrados a disfrazar la historia y maquillarla al antojo de sus repudiables instintos de ahondar diferencias, sembrar cizaña y descalificar a todo prójimo que no comulgue con sus delirios de perpetuidad y grandeza.
   Las afrentas a la historia cuando son la resultante de actitudes individuales pueden ser tomadas como expresiones aisladas o demostraciones de fanatismo que derivan en faltas de respeto u ofensas gratuitas y como tales, tienen destino de olvido.
   Pero si es un organismo encuadrado en el marco legal el responsable de un ofensivo despropósito, el hecho adquiere gravedad institucional y merece más que la censura formal, un correctivo que  termine con la falacia y restaure la verdad.
   Debo reconocer que me encantaría que esa placa que me comentan fue elaborada por la ATE (Asociación Trabajadores del Estado) hubiera sido nada más que un humano error o la consecuencia de la desinformación que a veces conduce a lamentables e injuriosas equivocaciones que en honor a la verdad, afectan como en este caso al Estado y nos lastima a todos los argentinos, porque ese Estado somos todos.
   Maldonado no fue víctima de nadie, salvo de su mala suerte y de la imparable corriente helada de un río. Se utilizó su martirio en deleznables maniobras mediáticas, inducciones a la rebelión popular, marchas en todo el país, daños edilicios emergentes, mentiras ante la Justicia, falsos testimonios y cierta conmoción masiva que no alcanzaron el eco que pretendían sus desubicados mentores, hasta que aquel rigor científico representado por 55 opiniones técnicas concluyó en la certeza de un desafortunado accidente y no en eso tan promocionado y bastardeado que transformara a Maldonado en “víctima de la represión del Estado” aunque los responsables del dislate sostendrán que el joven fue impedido de manifestar su protesta y cayó a las aguas.
   Ahora esos mismos que se bebían los vientos vociferando por “la aparición con vida” del infortunado, guardaron ominoso silencio frente a la angustia de 44 argentinos atrapados en un submarino, que merecen también superar el infortunio y volver indemnes a tierra.
   Esos mismos que carroñaron prejuzgando y agrediendo al cobarde amparo del anonimato de sus capuchas, escondieron su condición de ratas y trasladaron su indiferencia a la tarea de profundizar esa maldita grieta que día a día ensanchan con sus actitudes antidemocráticas.
   Despreciaron la condición militar de esos 44 compatriotas y llegaron a humillar la valentía y el compromiso de ser custodios de nuestros mares.
   Es para rogar que esa placa, desde donde esté, tenga un destino de olvido en homenaje a la vigilia que los argentinos de bien sostenemos en la esperanza del rescate con vida de nuestros marinos atrapados, que no merecen ser destinatarios de ninguna injuria sino de admiración por su compromiso con la Patria.
   Y a eso tomado con la grandeza que asume el sufrimiento, jamás lo entenderían los mentores de estas tropelías imperdonables que -así lo quieran los dioses- no se multipliquen.
   De la manera que mejor nos parezca, roguemos al Dueño de los Relojes, los Tiempos, las Calmas y las Tempestades -con el nombre que quieran ponerle- que pronto podamos volver a tenerlos entre nosotros.
   Y agradecidos, abrazarlos desde las distancias.

Gonio Ferrari