26 de noviembre de 2017

S.L.B,: SACRIFICIO DE 44 COMPATRIOTAS EN EL OCÉANO - DEFENSA DEL TURISMO Y DEL TURISTA - EL CASO MALDONADO PARA MUCHOS NO ESTÁ CERRADO - LA MEGACAUSA, CULPABILIDADES E INOCENCIAS - EL ESPANTO DE LA SODA CÁUSTICA EN LUGAR DE LA GASEOSA - NO DECRECE EL DELITO EN BARRIOS CERRADOS, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que difunden en dúplex AM580 Radio Universidad de Córdoba y la 88.5 FM. En la emisión del 26/11/17 estos fueron los temas principales:

EL DRAMA DE NUESTRO SUBMARINO EN EL ATLÁNTICO

   No es verdad que todo ha terminado.
   Terminará cuando los mecanismos del Derecho y la fuerza de la Democracia hagan el esfuerzo común, para evitar que la tragedia tome ese oscuro e indeseado camino que lleva a la impunidad, que es el umbral de muchos olvidos y la vil negación de la historia.
   Es una suerte que los argentinos, a fuerza de pesares que supimos conquistar o padecer, hayamos comenzado a recuperar ese elemento fundamental en el devenir de los pueblos, que es la memoria aunque sea necesario que para su ejercicio absoluto y valioso, se concrete totalmente porque su parcialización es una de las formas más despreciables con la que se viste la mentira.
   Ocultar es otro de los disfraces del embuste.
   Negar la realidad a sabiendas, manipular la información o inducir reacciones determinadas, es la práctica fina de aquellos que carecen de argumentos y de solvencia moral como para afrontar situaciones adversas o no estar en condiciones de asumir su propia ignorancia frente a cualquier crisis.
   Es cierto que el amarillismo periodístico se alimenta de chismes y de versiones de dudosas fuentes, pero está en el buen criterio -si lo tuviese- de los funcionarios encargados de comunicar, la manera más honesta de hacerlo.
   Los delirios incontenibles hablaban de conspiraciones extranjeras, de venganzas británicas, de hipocresías chilenas, de entrenamiento soviético, de espionaje norteamericano y otras gansadas que se mezclaban con el agradecimiento a Perú y el abrazo a los hermanos de Brasil.
   Pero de autocrítica o de asumir notorias y documentadas responsabilidades en el amplio arco político, todos se peleaban para esquivarle el traste a la jeringa.
   ¿Habrán pensado en el horrendo martirio del encierro y la cercanía del fin?
   ¿Se les habrá cruzado por el alma, que alguno de los 44 podía ser su padre, su hijo, su hermano o simplemente un compatriota?
   Se privilegió maltratar a mansalva ante la falta de coincidencia en el análisis de lo que pudiera haber ocurrido.
   De buenas a primeras aparecieron submarinistas con experiencias más en ignorancia que en conocimientos, sabihondos analistas de utopías y agresivos acusadores improvisando cadalsos y paredones.
   Todo esto, en un previsible, oscuro y tétrico escenario de ausencias, acusaciones cruzadas y conjeturas más propias de vendedores de humo que de políticos con chapa de serios, y esto en ellos, los de todos los colores, como si la charlatanería fuera contagiosa y no existieran los antídotos, apelando a la verdad dolorosa pero verdad al fin.

   Fue y es la imaginación y los intereses de los vivos frente a la silenciosa indefensión de los ausentes.
   Y es para repetirlo: no es verdad que todo ha terminado, porque este sospechoso capítulo de nuestra historia recién se comienza a escribir. Hemos pagado con 44 vidas un precio demasiado oneroso que carcome los poco seguros cimientos de la razón y el respeto por las instituciones de la República.
   Es hora de asumir el luto, enjugar llantos propios y ajenos y empezar a acostumbrarnos que la verdad con sinceridad es el único camino hacia la paz y el reencuentro sin odios, grietas ni revanchas.
   El homenaje es para los mártires que ya no están, pero estaremos siempre con ellos, con nuestro agradecimiento por el patriótico sacrificio.
   Y que lo sepan los despreciables padres de todas las patrañas, infundios y ocultamientos: con una mentira puede irse muy lejos, pero sin esperanza de volver.
   Llorando con el alma, una lágrima de sal multiplicada por 44.
   Una tumba demasiado pequeña para la enorme magnitud del sacrificio.
   Y una súplica de perdón por todas las barbaridades y tonteras que desde la pasión, la ignorancia, el resentimiento o el fanatismo se dijeron -y podemos haber dicho- en nombre del dolor.
   Si existe un Dios, le roguemos por su justicia.

EN DEFENSA DEL TURISMO Y DEL TURISTA
   Algunas voces en disconformidad se alzaron en el ambiente ligado con el turismo cordobés, cuando trascendieron ciertas medidas que adoptará la gobernadora de Buenos Aires, doña María Eugenia Vidal, para estimular la afluencia de visitantes a Mar del Plata.
   Entre ellas, les prestaría sombrillas y sillas de lona o de plástico, de esas para tenderse a tomar sol, a título gratuito pero con cargo de devolución.
   ¿Es que eso tiene algo de malo?
   Es puro márketing, tentadora oferta y luz de alarma para los abusadores que cobraban altas sumas por algunas piojosas sombrillas y las carpas en las playas que cuestan más que un departamento.
   Eso se llama cuidar el bolsillo del visitante, mimarlo y fidelizarlo para venideras temporadas, en lugar de despojarlo, cobrarle barbaridades por los servicios en general de medio pelo y después vienen los lamentos cuando afloja el caudal de veraneantes.
   En Córdoba no es mucho lo que se hace para promocionar, salvo los dineros que se gastan en campañas publicitarias fuera de la provincia, en métodos ya percudidos y gastados, sin imaginación y con escasa sorpresa, salvo cuando después de almorzar o cenar llega la cuenta con los abusos de siempre.
   Pero no tan solo en los aspectos gastronómicos y de tomar sol es que hay que atender al visitante.
   En época veraniega hay que andar penando para conseguir efectivo en los cajeros automáticos especialmente en fines de semana y eso no puede ser en lugares turísticos, porque desaniman, estresan y crean un entendible odio de quienes se ven afectados, y es capaz que por eso no vuelvan nunca más.
   Córdoba no es tan solo el Cucú de Carlos Paz, la fiesta de la cerveza en Villa General Belgrano o los festivales gauchos tanto de Jesus María como de Cosquín, sino que la propuesta es enormemente variada, pero poco se ocupa el Estado de hacerla conocer.
   Cuando regrese la imaginación a las campañas y a las ofertas, seguramente mucho habremos ganado, y poco nos afectará que Mar del Plata regale sombrillas y camastros.
   Y por último, algún esmero habría que poner en eso que le llaman “la farándula” que muchas veces se trata de grupos de amigotes del escenario que se juntan para pasarla bien y cosechar algunos cospeles, aunque la propuesta que presenten sea lamentable.
   Ya vendrán los tiempos de vacaciones y podremos evaluar si estamos en lo cierto o también somos resultado del escepticismo.

EL CASO MALDONADO CONTINÚA ACTIVO
   Desde sus inicios, el caso Maldonado estuvo rodeado por una excesiva politización e ideologización, muchos buscando aprovechar su impacto en la inminencia de elecciones, tanto para una vereda como para la otra.
   Se tejieron mil conjeturas, se mintió a mansalva, se burlaron de la justicia con un festival de falsos testimonios, pistas tendenciosas y fantasías como el juego de los prismáticos perdidos o la agudeza visual de algunos vivillos.
   Ciertos gremios aprovecharon para intentar sumar, a sabiendas que estaban influyendo negativamente en la sociedad, como cierta dirigencia docente que se empeñó en adoctrinar a niños de primaria vendiéndoles la responsabilidad de Gendarmería como autora de un secuestro y desaparición.
   Era la forma que tenían de debilitar a un gobierno que venía demostrando, pese a ciertos descontentos de la gente, que los números del comicio no serían favorables a la que ahora es oposición.
   Así las cosas transcurrieron los días y el festival del macaneo envolvió a muchos funcionarios actuales, pero más a los que preferían seguir endilgando responsabilidades al Estado como culpable de la desaparición de Santiago Maldonado, a quien ciertos personajes “vieron” que hombres de la Gendarmería se lo llevaban a la rastra, hasta desaparecer de la escena.
   Idas y vueltas, versos y novelas, la cuestión es que tras el hallazgo del cuerpo comenzaron a surgir dictámenes técnicos y científicos que echaban por tierra ciertas pretendidas operaciones militares de desaparición, como en los viejos tiempos.
   La ciencia en la sabiduría o el conocimiento de más de medio centenar de expertos dictaminó sin lugar a dudas que la muerte se había producido al ahogarse en el rio el símbolo de una protesta que muchos aprovecharon salvajemente, lo que no tiene perdón.
   Aquellos que les metieron a los chicos la idea y la imagen del Estado malo, no saben ahora de qué disfrazarse y no tienen la hidalguía ni el valor de reconocer su equivocación y tratar de remediarla.
   Siguen firmes en su postura absurda y ya descalificada por la ciencia, lo que no es poco.
   Entonces dejan margen para pensar que parte de la familia de Santiago Maldonado sigue empecinada en afirmar que fue un caso de desaparición forzada, para conseguir que alguien se incline por la culpabilidad del gobierno, tras lo cual podrían sin dudas accionar civilmente.
   El muchacho se ahogó; nadie lo golpeó ni lo torturó porque según los expertos, un cadáver dice más que un preso vivo.
   Y como es lógico dadas las circunstancias, no faltan aquellos que sentencian que para conseguir esa culpabilidad que tanto ansían, existen más de dos millones de razones…

LA MEGACAUSA NO SE DETIENE
   Siempre resulta satisfactorio saber, o creer  al menos, que la Justicia se ocupa de responder al persistente reclamo de lucha contra la corrupción.
   En este sentido,  el Poder Judicial no escatima en mostrar algunas acciones en coloridas, extensas, y probablemente costosas páginas de los periódicos y aunque resulta bueno enterarnos de su accionar, tan pomposa exposición mediática en algunos casos trasciende lo jurídico, avalando el debate y las dudas sobre “falsos” culpables y “verdaderos” impunes.   
   Este es el reclamo que, en la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba, mantienen perseverantemente un grupo de imputados que defienden su inocencia,  esgrimiendo a su favor irregularidades en el proceso judicial que han sido convalidadas por organismos internacionales, como  la prisión preventiva masiva y sostenida, convertida en pena anticipada, de personas comunes y sin antecedentes,  los juicios a cargo de una sola comisión especial, reiteradamente recusada por su parcialidad, el mantenimiento del proceso repitiendo juicios a los mismos imputados  una y otra vez, y el perfil de condenados que no incluye a ningún funcionario de alto cargo, pese a las acusaciones en su contra.  
   Este patrón no se corresponde con el de otros países donde se persigue, con sensata objetividad,  a personas con dinero y con poder.  
   Ninguna respuesta hay desde la Justicia a este planteo. 
   Los “de arriba”, en la causa del Registro,  son invisibles,  inimputables, (in)-carcelables,  (in)-juzgables,  (im)-perseguibles,  impunes.
   En esta manifiesta y palpable desigualdad,  lejos estamos de remover la corrupción.

SODA CÁUSTICA EN LUGAR DE GASEOSA
   De sólo pensarlo, se me eriza el alma, cuando lo que te viene bajando por la garganta es el fuego de la soda cáustica en lugar de la ansiada frescura de una gaseosa.
   Eso fue lo que le ocurrió a Marcela Apanían 20 años atrás cuando ocupaba una mesa en el restaurante “La parentela”, coqueto espacio gastronómico enclavado entonces sobre avenida Pueyrredón casi en su esquina con La Cañada.
   Naturalmente, se quemó hasta las entrañas y más de un especialista dictaminó que para nada tenía asegurada la supervivencia, por las lesiones irreversibles que le había producido ese líquido nefasto que algún imbécil descargó en una botella de gaseosa.
   Atendida en el Hospital Córdoba, las manos milagrosas de los médicos Uribe Echevería y Bustamante aplicaron sus sólidos conocimientos y consiguieron resguardarle la vida tras múltiples intervenciones, incluyendo una en los Estados Unidos que pudo solventar con unos pesos que le entregara la compañía de seguros.
   Marcela, lógicamente no era la misma, condicionada absolutamente en todo, especialmente a la hora de alimentarse porque era y sigue siendo un martirio hacerlo por las consecuencias del desafortunado episodio.
   Quien era el responsable propietario de dicho local de comidas, Juan de Dios Castro jamás se acercó a Marcela con su apoyo o con la simple curiosidad por su grave estado.
   Tres años después, en el 2000, la Justicia cordobesa lo condenó a 20 meses de prisión en suspenso, lo inhabilitó por tres años para su dedicación a la gastronomía -era dueño también de otros locales del ramo- y a la realización de tareas comunitarias.
   De acuerdo con lo comentado por Marcela Apanian, el empresario no cumplió con ninguna de tales pautas y no le pagó ni un mísero peso de los 177 mil a que fuera condenado a entregarle.
   Ella trabaja en el Hospital Córdoba hace una década y media y allí solía cruzarse con Castro, quien, aunque usted no lo crea, de vez en cuando cumplía con esas tareas comunitarias a las que fuera tan levemente condenado.
   El tipo de insolventó y nuestra Justicia siestera no se ocupó de controlar que cumpliera la sanción que pesaba sobre él.
   Nunca tuvo una palabra de disculpa, ni ofreció ayuda, ni tuvo el coraje y los riñones para reconocer su deuda con Marcela Apanián, quien quedó con una discapacidad permanente e insuperable, del 91  por ciento.
   Esos casos que duelen, porque si se hubiera actuado con el rigor que impone la ley, hubiera sido un triunfo de la Justicia por encima de las dilaciones, las chicanas y todas las otras maniobras a las que apelan aquellos que saben que esa señora, la de la balanza y los ojos vendados, no siempre está despierta, ni atenta.

SIGUEN LOS ASALTOS EN BARRIOS CERRADOS
   Es una risa escuchar a las autoridades policiales y los jerarcas del ministerio del cual depende nuestra policía, sostener sin ponerse colorados que no existe un recrudecimiento de la delincuencia y que solo se trata de hechos puntuales.
   Más allá de exigirles que dejen el termo como vivienda de verano, bueno sería antes de cualquier medida, que sinceraran una situación porque no existe mejor manera de fracasar en un intento por mejorar, si se niega la existencia de la realidad.
   Los robos y asaltos en los barrios cerrados son una constante que no ha podido, no ha querido o no ha sabido neutralizar la autoridad y no me digan que es por falta de personal o de tecnología porque viven gastando millones en ambos rubros y el hampa se cansa de hacerles pito catalán todos los días.  
   Otra señal de alarma es el número de efectivos que caen involucrados en hechos delictivos y es sumamente grave, porque afirma esa certeza que ya anidó en la población, cansada del crecimiento del delito: Si la policía no limpia la mugre de adentro, será complicado que intente hacerlo con la mugre de afuera.
   No basta con que de vez en cuando concreten algún procedimiento exitoso, porque los aciertos vienen perdiendo por goleada.
   Tanto es así, que vale reiterarlo: nuestra policía con su incapacidad de controlar al hampa, ha conseguido que los honestos estemos entre rejas y los ladrones anden sueltos.
   Y si lo dudan, pregunten como nosotros lo hicimos, cuál es la industria artesanal que más ha crecido en los últimos años: la fabricación de rejas.
   Y nadie lo hace por hermosear su casa, sino para salvar su vida y sus bienes, lo que la policía omite hacer.