7 de diciembre de 2017

¿Cortina de humo? -------------------------------------

LA JUSTICIA DE LA MANO DEL AJUSTE ES
UNA SÍNTESIS DE LA REALIDAD NACIONAL

   El reciente aumento en el precio de los combustibles es munición gruesa contra el bolsillo de la sociedad argentina porque es el desencadenante ineludible de todos los demás incrementos en cualquier rubro sujeto a comercialización o prestación y porque genera inflación, que es uno de los elementos que lleva a la pobreza.
   Hacer esto sin reactivar la economía y con suma lentitud en la impostergable tarea de recuperar fuentes de trabajo, que a la vez reinstauren la cultura del esfuerzo por encima de la dádiva y la beca, es temerario porque estimula el desencanto y crea malestar social que a veces explota al agotarse la paciencia, lo que a su vez abre el camino a la represión con lo que se conformaría un panorama virtualmente ingobernable.
   Van dos años con el nuevo gobierno y emerger de entre las ruinas es demasiado lento y oneroso además de enfrentar la obligación de buscar otros pretextos más allá de la herencia recibida, que justifiquen tal desquicio como para calmar las agitadas aguas del desencanto y la creciente protesta.
   Si buena parte de la sociedad argentina esperaba con ansias y dentro de la ley con todas sus garantías que los responsables de la corrupción y el saqueo respondieran por tales conductas, puede ser un argumento válido, aunque se lo mezcle con la liviandad de suponer tal accionar como “cortina de humo” para atemperar los efectos de un duro ajuste que se manifiesta día a día.
   ¿Qué no se consumó delito a través del protocolo de impunidad con Irán?
   Es probable técnicamente que así sea, pero fue la consecuencia de un enorme costo en vidas humanas con el atentado a la AMIA.
   Frente a la comprensible y humana alergia a los barrotes que casi patológicamente aterra a ciertos ex funcionarios, será la Justicia con su accionar la que determine culpabilidades o inocencias, razón por la cual a quienes tengan tranquilidad de conciencia nada tiene que inquietarlos.
   Que más de uno -y una- estén “preparando el bolsito”, es lo que ocupa la imaginación transformada en anhelo de mucha gente que sigue apegada a la recuperación de la decencia, a la vigencia de la honestidad y al regreso a ese sacralizado respeto por la señora de los ojos vendados, tan devaluada en su imagen por culpa de quienes la politizaron -desde todas las corrientes- para incorporarla a su plataforma ideológica con la emergente instauración del deleznable estilo de la obediencia debida.
   Esto que está sucediendo en las vísperas de un relajado fin de semana largo le aporta letra a todos, o mejor dicho a cualquiera.
   Como anécdota, hasta el propio Leopoldo Moreau, ex radical, censuró ante los micrófonos y las cámaras la actuación de la Justicia  utilizando conceptos descalificadores, olvidando que es poco serio hablar desde la traición.
   La verdad, la condena o la absolución están en las 600 páginas de los fundamentos de Claudio Bonadío para tomar esta determinación que como iniciativa propia o cortina de humo, está provocando encontradas reacciones en la comunidad y un desborde mediático mundial.
   Lo de esta mañana  debe ser tomado también como un severo llamado de atención no tan solo para quienes se fueron dejando atrás el incendio, sino también para los que vinieron que no supieron extinguirlo y crearon nuevos focos, algunos inmanejables.
   Celebremos que exista la Justicia y su presencia entre nosotros y rindamos culto a una contundente definición de San Agustín: “Sin la Justicia, ¿qué son los reinos sino una partida de salteadores?”.

Gonio Ferrari