24 de marzo de 2017

24 de marzo de 1976 ----------------------

41 AÑOS ATRÁS NOS EMPUJARON
A LAS PENUMBRAS DEL ESPANTO 

   Contar con los dedos o con la memoria el resultado es el mismo: parece mentira, pero han pasado 41 años…
   Y ha transcurrido tanto tiempo -o un instante, para muchos- desde aquella noche en que un grupo de pretendidos iluminados, con la mortal prepotencia de las armas, interrumpió la legitimidad de un gobierno que, pese a sus carencias y errores, era el resultado de un alicaído proceso democrático.
   Fue el día inaugural de aquellos años de miedo y de plomo; de terror a dos puntas, como a dos puntas fueron el secuestro, la tortura y la muerte, sin que esto de ninguna manera sea plantear o sustentar una estúpida reivindicación de la teoría de los dos demonios, sino la honesta y sincera enunciación de una realidad que nos tocara padecer. Las enormes ventajas de impunidad aprovechadas por el terrorismo de estado terminaron con una o dos generaciones de argentinos,
románticos e ilusos patriotas para unos, y guerrilleros o subversivos para otros.
   La masacre es la masacre. Los muertos y asesinados son asesinados y muertos cualquiera haya sido su forma de pensar.
   Fue un precio demasiado elevado, para darnos cuenta que aquello de la purificación por la sangre es una irremediable forma de violencia que a nada conduce, salvo a la desintegración social y la destrucción del país. Y es cierto eso
de no perder la memoria, porque es lo que teóricamente impide reiterar los errores del pasado, siempre y cuando se la aproveche honestamente como memoria total, sin negaciones, escondrijos ni manipulaciones de la historia.
   Hace tiempo y al paso de varios gobiernos se dijo que había llegado la hora de la recuperación y del reencuentro nacional, y sin embargo subsisten los viejos odios y aquellas sangrantes heridas que muchos se empeñan en no dejar que cicatricen.
   Los argentinos que amamos a esta Patria, estamos convencidos que la justicia es necesaria, tan necesaria como inútiles son la revancha o la venganza. Nadie pretende el olvido, siempre y cuando aquel ejercicio de la memoria, sirva para unirnos y no para ahondar el odio, la grieta y el desencuentro.
   A mí no me la contaron.
   Han pasado tantos años y sinceramente me parece que merecemos ser felices incluso nosotros, los que hemos vivido el espanto, aquel espanto que hoy muchos improvisados tocadores de oído, imberbes ahora y espermatozoides en el ’76, pretenden reflejar a su manera y sin ponerse colorados.
   Han sido 41 años en la búsqueda de la verdad, una lucha que se hizo, y aún se hace, con el enorme componente político de las ideologías, tan enfrentadas ahora como en aquellos tiempos del desprecio. No digo que sea necesario aquietar las pasiones, porque sería pretender un arco iris en blanco y negro. Pero si, dentro de lo posible y para alcanzar la paz integral que tanto necesitamos, es imperioso recuperar el camino del
respeto y de la grandeza de pensamiento, sin mezquindades ni autoritarismos.
   Pero sobre todo, dejando que la justicia haga lo suyo y la memoria no circule en una sola dirección. Porque la memoria parcial, bien lo sabemos, es una manera perversa y despreciable de encubrir mentiras.
   Y jamás dejemos de recordar que el terrorismo de estado no se inició en 1976, sino que los argentinos lo vimos recrudecer durante los gobiernos de Perón y de su tercera esposa, en la primera parte de la década del 70.
   Es una porción de nuestro drama.
   Y es parte de la historia.
   Procuremos honrarla sin olvidos.

Gonio Ferrari


LOS PERIODISTAS EN LA DICTADURA MILITAR Y REPORTAJE A MENÉNDEZ

   En estos últimos meses la sociedad cordobesa y con expectativas más allá del ámbito nacional, asistió al juzgamiento de varios militares acusados por delitos aberrantes perpetrados durante la década del ’70.
   Naturalmente no estuvieron solos y como siempre, contaron con la complicidad de civiles amigos y miembros de otras fuerzas de seguridad.
   Buena parte de la Iglesia colaboró con su silencio.
   Buena parte de la comunidad aportó su cuota de miedo.
   Algunos sectores políticos mostraban indiferencia.
   Las empresas periodísticas acataban sin chistar el manual de estilo, la censura y los aprietes telefónicos que les imponían los militares.
   Si hasta prohibieron una historieta: Lindor Covas, un gaucho matrero, mujeriego y enemigo de la autoridad.
   Le hicieron cambiar el nombre artístico al Soldado Chamamé porque se sentían ridiculizados y ofendidos.
   Olmedo no pudo hacer más el Capitán Piluso, porque un militar no podía andar armado con una gomera.
   Los periodistas debíamos caminar entre las dos veredas, apretados por ambas: nos tocaba ir a retirar los “partes de guerra” que dejaban montoneros, erpianos y otros en los baños de algunos bares o bajo el banco de cualquier plaza, como asimismo asistir a las conferencias de prensa que ofrecían autoridades del ejército o de otras fuerzas de seguridad. Desde ambos bandos -aunque no lo dijeran- seguramente estábamos sospechados de trabajar “para los enemigos”.
   Escribíamos a conciencia lo que veíamos, pero después en muchos casos se publicaba otra cosa.
   Y cuando aparecían las listas negras, estábamos allí  los periodistas y no los empresarios de los medios de comunicación, para muchos de los cuales éramos solamente un número de legajo y un sobre a fin de mes.
   Y ante los dictadores, una moneda de cambio que asegurara su impunidad y su prosperidad.
   La tarea de investigar la actuación de los medios periodísticos durante los oscuros tiempos del desprecio, aunque sepa que es un sector poderoso, es una deuda pendiente que ahora, hoy, la Justicia tiene con la sociedad.
   Muchos de esos medios que claudicaron y agacharon la cabeza sin pudor, ahora son leones lo mismo que los “descolgadores de cuadros” que con gran sentido del oportunismo supieron aprovechar el ocaso militar.
   Claro.
   Ya no había riesgos, no tenían fierros y tampoco soldados.
   Muchos exponentes de eso que ahora llaman moderno periodismo y “periodismo militante” -direccionado hacia un solo objetivo que curiosamente no es la objetividad- pretenden actualmente y tocando de oído, enseñarnos cómo se vivían aquellos tiempos dentro de nuestra profesión y para colmo con cierta desfachatez de juzgarnos con rigor, sin testimonios válidos y sin el pudor del respeto.
   Y en 1996, o sea 21 años atrás, no era fácil entrevistar a Luciano Benjamín Menéndez aunque ahora los exponentes de un tardío coraje sostienen que ellos lo hubieran hecho… pero no lo hicieron.
   Y en un mismo programa titulado “Conmigo” que durante más de una década aparecía semanalmente en el Canal CBA, hoy Canal 2 de CableVisión, pude entrevistar a Ramón Verdú, colega periodista y excelente fotógrafo varias veces laureado, quien durante la dictadura de Videla & compañía estuvo en prisión casi dos años. Y en el mismo espacio logramos una entrevista con Menéndez a quien las cámaras de TV nunca le resultaban simpáticas. El golpe y los métodos, los enfrentamientos, todo lo de aquellos años bravos formaron parte del diálogo.
   Por eso ahora, hemos considerado valioso recordar esos dos reportajes en un mismo programa, como homenaje a la memoria.
   Usted los podrá encontrar unificados formando parte del archivo de “Conmigo” en el costado derecho de este blog, debidamente identificado, con casi una hora de duración.
   Le transmito mi agradecimiento, por honrar la historia.

Gonio Ferrari

21 de marzo de 2017

Festival de frescura y estallido de ocres

EL OTOÑO EN EL CALENDARIO,
EN LAS PLANTAS Y EN LA VIDA
   Es probable que para algunos sea la más triste y opaca de las estaciones, por eso de las hojas amarillentas, el viento molesto y la aparición de las primeras sensaciones distintas y opuestas al calor.
   Posiblemente un exceso de romanticismo -para muchos, un sentimiento caído en desuso- prefiera hablar de los tiempos de nostalgias, de los colores apagados, del verde que empieza a ponerse pálido y de las nubes que dibujan imágenes alucinantes.
   Lo mejor, asumir el otoño con el alma, más que con los ojos.
   El otoño, aparte de ser uno de los cuatro segmentos del año, es también una etapa trascendente en la vida de las personas, por aquello de llegar a los umbrales del invierno, que es cuando mueren muchas plantas, el frío se nos mete en los huesos y ese calor juvenil que vemos alejarse del alma. 
   Sin embargo, para muchos y por ser el acceso a cosas distintas, el otoño es maravillosamente bienvenido, portador de novedades e ilusiones que, a veces con certeza, se concretarán después que pase el invierno.
   Por eso la transición del otoño tiene la magia de la nostalgia que dejamos y de la esperanza que camina hacia nosotros, con su promesa de flores, de renovados aires, de amores incipientes.
   Casi como si el amor sólo fuera un privilegio que se vive y se madura fatalmente entre septiembre y marzo.
   Eso, para los que no saben ni conocen la maravilla de enamorarse en el otoño del calendario, ni en el otoño de la vida.
   Porque para vivir del amor no hacen falta los almanaques.
   Solo basta con que al reloj de arena que llevamos en el alma, lo pongamos horizontal.
   En cuanto a lo estrictamente paisajístico, el otoño cordobés es algo así como un paraíso de los ocres, con una silenciosa explosión de tonalidades como para volver loco a un daltónico.
   Ya le abrimos las puertas tras las lluvias y todo el reciente verdor, con la esperanza de ir viendo crecer la luminosidad del cielo, la pureza del aire y un resurgimiento de esa poesía que es pisar hojas secas, o sentir en la cara una brisa que dejó de ser molesta y agobiante.
   Nuestro otoño es único en los árboles, en el paisaje, en el aire y
en el cielo.
   Hagamos entonces que el otoño de la vida sea igual de placentero, un regalo que nos debemos hacer a lo mejor no tanto por merecerlo, sino por tener la inmensa dicha de gozarlo.
   Con sufrimientos o no.
   Con riquezas o con deudas.
   Con amores o sin ellos.
   Con penas o no.
   Con ausencias o no. 
   Solo con lo más importante: con la maravilla de saber que estamos vivos. 
   Y para un otoño más, todo eso no es poco ...

 GONIO FERRARI


19 de marzo de 2017

S.L.B.: LA CÁMPORA EMPUJÓ A LA C.G.T. – EL INDIO SOLARI Y EL DRAMA DE OLAVARRÍA – LA CIUDAD Y SUS MOTOS – LA MEGACAUSA SIGUE SU CAMINO – SONRIE QUE TE ESTÁN FILMANDO – EL S.E.P. ARREGLÓ. ¿Y LOS DOCENTES? - REPUDIO AJENO Y LEGÍTIMA DEFENSA – OBRA SOCIAL DE PRENSA: ¿ESTÁ EN CRISIS?, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 19/03/17 que difunde AM580 Radio Universidad de Córdoba.

AL PARO LO DECRETÓ LA CAMPORA

   Es innegable el descontento que flota en el ambiente laboral a raíz de las últimas novedades que se divulgaron sobre pobreza e inflación, aunque los números de la desocupación hayan mostrado una levísima recuperación (hacia abajo) que en poco cambia el panorama de la inquietud nacional.
   Los triunviros de la CGT lo saben, advierten que es una realidad y como el vidrio no forma parte de su dieta habitual, vienen intentando morigerar los efectos y las reacciones ante una situación comprometida como lo indica la crisis que no termina de frenarse como paso imprescindible a una deseada estabilización que si se concretara, sería el camino hacia el ansiado y merecido crecimiento.
   Pero los sectores más virulentos y nostálgicos del remanente kirchnerismo no se resignan a dos eventualidades: la de desaparecer y la otra, que es la peor, la de un futuro de juicios y condenas hasta el punto de haber instrumentado el “Operativo helicóptero” como mecanismo para amedrentar a la sociedad, con reuniones de cúpula donde no se ocultan las intenciones golpistas ni los temores frente al avance de la Justicia en la investigación de los casos más emblemáticos de la corrupción en los últimos años.
   Algo hay que hacer -seguramente pensaron- y nada mejor que una demostración de fuerza, aunque fuera con soldados ajenos a su tropa como buena parte del movimiento obrero, todavía columna vertebral del Justicialismo, aunque no sea el mismo Justicialismo de los legítimos laureles y las memorables luchas.
   Las CGT venían timoneando la situación con presiones que no llegaban a quebrar la lanza del diálogo que existió, tanto abierta como secretamente, ya que en algunos dirigentes aún existe la prudencia porque son los mejores observadores y analistas de la realidad, frente a sus bases ansiosas de merecidas reivindicaciones que aparecen alejadas de su alcance.
   Y si algún hecho faltaba para terminar de presionar a la dirigencia, apareció aquella desesperación de los derrotados que optan por la fuerza que reemplace al diálogo; por la prepotencia como superadora del debate; con la violencia por encima de las actitudes civilizadas, sin pensar en el cansancio de la sociedad que es a la postre la destinataria de cualquiera de esas actitudes.
   Venían amagando con un paro como expresión de legítima protesta y lo anunciaron sin fecha, dejando así abiertas las puertas de conversaciones con el gobierno, que podían llegar a suavizar la rispidez del ambiente enrarecido, postura con la que no comulgan los violentos apremiados por la aproximación de la Justicia a sus fechorías y rapiñas.
   Y en la última marcha que hicieran las centrales obreras los barrabravas de La Cámpora
coparon el palco y sus inmediaciones, se adueñaron de la situación tanto como de banderas ajenas, mientras la gente volvía a sus casas y apretaron violentamente a los dirigentes exigiendo una fecha cierta para un paro general que calculaban sería dispuesto con actos masivos, movilizaciones y otros aditamentos como en los viejos y añorados tiempos.
   Los heridos fueron lo de menos, pero la presión tuvo sus efectos parciales: fue La Cámpora el otrora numeroso colectivo que decretó el paro a fecha perentoria, pero estuvo en manos de la dirigencia, cuál sería su modalidad: 24 horas en todo el país, sólo paralización, sin actos ni movilización, como dejando en dos sectores la llave del triunfo o del fracaso de la medida: en la propia gente que dolorosamente aprendió que los paros a nada bueno conducen y en el transporte, elemento imprescindible para movilizar a un buen porcentaje que estaría dispuesto a trabajar.
   El paro será paro, como lo definieron y no del estilo “matero” que se decretaba para un viernes o un lunes aumentando sus efectos al prolongar un fin de semana.
   En resumen, aquellos dirigentes que se bebían los vientos amenazando con la dureza de sus acciones, parecen haber tomado conciencia del sentir ciudadano -tanto a favor como en contra de la determinación- dejando la opción en manos de cada uno, fracasado su estilo otrora beligerante y confrontativo.
   Pero también, quizás por prudencia, no les quedó otra alternativa que ceder a la imposición de quienes ya no tan solapadamente se juegan no tan solo al fracaso del gobierno nacional, sino a la interrupción violenta de lo que en su momento decidieran las urnas.
   Porque después de haber gozado de tan histórica impunidad, debe ser complicado acostumbrarse a ser objetados y lo que es peor, verse obligados a trabajar.

EL INDIO SOLARI Y EL DRAMA DE OLAVARRÍA

   Hay algunos descerebrados que a un hecho luctuoso lo califican según la cantidad de víctimas fatales, en lugar de analizar las causas por las cuales se produjo, que de haberlas previsto, el desastre no hubiera ocurrido.
   Es absurdo pensar que una marea humana de cerca de 350 mil personas se autocontrole, porque una de las exigencias de la producción del espectáculo era que no existieran policías uniformados a la vista, por aquel rechazo a la autoridad que se instaurara cuando fue muerto
el joven Bulacio, por balas policiales, después de un recital de Solari años atrás.
   Si el menos avisado sabía que el componente de drogas y otras sustancias estaba presente, es también absurdo suponer que las cosas se harían en orden, respetando las leyes y observando las indicaciones de convivencia y armonía.
   El desastre ocurrió y la parca estuvo demasiado benévola a la hora de cobrarse vidas, lo que es atribuible a factores tan desconocidos que no entraban en los cálculos de nadie, porque los agoreros sostenían que el número de muertos era mucho mayor que dos, y que los escondían para minimizar el impacto ante la sociedad.
   Otros deliraban que el intendente de Olavarría, enrolado en el macrismo, ocultaba los
muertos para evitar un lógico impacto político que le asignarían desde la oposición, ávida de situaciones conflictivas que se utilizan medulosamente en un intento de socavar a la autoridad y a las instituciones de la República.
   El Indio Solari en algunos aspectos, y visto desde una perspectiva alejada de la música, bien puede emparentarse en su carácter con aquel pendeviejo calvo mental, el Pelado Cordera, arrastrador de multitudes e incitador a todo lo que sea contestatario frente a cualquier sistema de vida ordenada e incluso la observancia de las leyes.
   Las arengas con fondo musical es lógico que despierten más adhesiones que rechazos y la exaltación de ciertas conductas suele ser el disparador de enfrentamientos, más aún cuando no existe la presencia de la autoridad para preservar el orden.
   Desbordado el predio al superarse las más holgadas expectativas, todo se transformó en una marea humana incontrolada e incontrolable, pese a algunos esfuerzos del artista por contener el desbande en el que iban cayendo las víctimas que resultaban apretadas, pisoteadas y gravemente lastimadas.
   El después fue tanto o más aterrador que el desastre en si, porque superada ampliamente la capacidad receptiva de Olavarría, cientos de chicos y chicas, la mayoría jóvenes, deambulaban sin rumbo, sedientos y con la mirada perdida, en una silenciosa procesión que pedía auxilio donde sabían que no lo iban a encontrar.
   Por eso la vigilia de los mayores que lejos de allí, penaban por alguna información, el más mínimo rastro de sus seres queridos que habían asistido al recital de Solari.
   El Indio no se ocupó demasiado de sus fans, declaró ante la policía y luego tomó su taxi aéreo que por la módica suma de 3.024 dólares lo trasladó en un vuelo de 25 minutos hasta Morón, desde donde partió a su legendaria mansión, con la lógica premura de contactarse con sus abogados.
   Viene ahora el novelón de las demandas y de la defensa, que a toda costa pretende negar su propia responsabilidad, o en este caso la irresponsabilidad de no haber previsto las cosas para evitar que ocurriera lo que ocurrió.
   Habrá que ver qué sucede en los próximos días, aunque de la desgracia bueno sería recoger valiosas experiencias: entre ellas, que la autoridad tiene la obligación de supervisar y asegurar la integridad de todos y no tan solo de los artistas.
   Ténganlo todos en cuenta, para los recitales a futuro en cualquier punto del país.

LA CIUDAD DE TANTAS MOTOS

   La retina de la memoria todavía atesora imágenes de aquel diario e increíble espectáculo de ver salir cerca de 5.000 motos rugientes desde la antigua Fábrica de Aviones, allí donde estaba la gloriosa cuna de la moto Puma, del Rastrojero, del Cono Sur, del tractor Pampa y de varios modelos de aviones, cuando Argentina ocupaba lugares de privilegio en desarrollo tecnológico, impulsado por el empuje del Brigadier Juan Ignacio San Martín.
   Dejando de lado aquellas viejas historias, pasó un largo tiempo en que las motos casi desaparecieron del escenario ciudadano, salvo algunas pocas excepciones, hasta que el mal servicio de transporte obligó a la búsqueda de nuevas alternativas, a lo que se sumó la facilidad de acceder a una moto con el documento de identidad y unos pocos pesos de entrega inicial.
   Y así vimos crecer alocadamente el parque motociclístico con modelos de toda cilindrada, desde los modestos ciclomotores hasta las poderosas motos con impulsores de mayor potencia que muchos autos, y aparecieron también los accidentes más frecuentes por la incomodidad de llevar puesto el casco.

Pero también y como era de esperarse, así como la gente honesta buscó la moto para trasladarse a trabajar, los ladrones las vieron como el complemento ideal que les aseguraba una huida inmediata que por lógica era ayudada por su maniobrabilidad lo que hacía -y hace- casi imposible la persecución.
   Pero sucede que no todos los que usan moto son motochorros, y en esa categoría la autoridad cometió la imprudencia de unificar su calificación, estigmatizando a los decentes y
aumentando la impunidad de los ladrones.
   Con prohibir el acceso de las motos, o permitir que la ocupe sólo una persona nada se logrará, como tampoco servirán lo del chaleco y el casco identificatorio.
   Los ladrones ya se ocuparán de buscarle la vuelta para seguir burlando a la ley.
   Lo que sí se impone es lo que hace tiempo falta, que es la instauración de una política integral de seguridad que acentúe la prevención por una parte y refuerce los controles callejeros por la otra.
   Si se sigue en el empecinamiento de gastar fortunas en comprar y comprar elementos tecnológicos, armamento, comunicaciones, etc. y el acceso al empleo policial siga siendo bolsa de trabajo de los políticos, nada cambiará.
   Y es una pena, porque después vendrán las quejas frente a los crecientes casos de justicia por mano propia.

MEGACAUSA DEL REGISTRO SIGUE SU CURSO

   Tanto como acelerar los juicios pendientes o resolver de una vez y para siempre la situación de  los imputados guardados en la despensa de la Fiscalía, en la causa del Registro de la Propiedad mucho queda por hacer en materia de estricta justicia.
   El estado de salud de esta causa padece de varias afecciones que lo colocan al borde de una terapia intensiva.
   Es claro que debiera recibir un tratamiento también con una megadosis de aquellos componentes que nunca debió perder,  como la libertad, que hubiera evitado el escándalo de las prisiones preventivas abusivas; la racionalidad, que hubiera evitado la imputación indiscriminada de compañeros, vecinos y conocidos como nuevos sospechosos; la legalidad que hubiera evitado actuar fuera los mandatos constitucionales; la igualdad, que hubiera evitado los privilegios para los conocidos y amigos del poder político y judicial;  la sinceridad que hubiera evitado el pomposo marketing mediático; la independencia que hubiera evitado la impunidad de los poderosos culpables; la honestidad que hubiera evitado inmortalizar la causa, la imparcialidad que hubiera evitado la creación de una única comisión especial juzgadora y la objetividad  que hubiera evitado la íntima convicción como fundamento de sentencias absurdas.
   Sólo cuando el Poder Judicial se empape de estos componentes, podrá abrigarse al menos una esperanza de merecida Justicia.

SONRIE, TE ESTAMOS FILMANDO

   Las señoras de los barrios coquetos, y las coquetas de los barrios marginales, tendrán al menos el pretexto para presentar a sus esposos, novios o arrimados: la necesidad del maquillaje porque en cualquier momento pueden ser enfocadas por las cámaras espías, y no será cuestión de andar de crenchas y sin sombra de ojos ni alargadores de pestañas.
   Más de 700 cámaras están siendo instaladas en puntos estratégicos de esta Córdoba que quiere modernizarse en materia de seguridad, aunque no exista una política constante y seria al respecto.
   En muchas ciudades del mundo se aplica el mismo sistema de visualización permanente, con centros de control conectados a una red que permite actuación inmediata en caso que sea necesaria la intervención de la autoridad.
   Eso es un servicio serio, dinámico y efectivo y es para rogar que entre nosotros se obre de igual manera, aunque existan baches que será complicado superar en el corto plazo, por la propia estructura de una fuerza policial no preparada para esta tecnología ni equipada con todo lo necesario.
   Pueden detectar alguna anomalía en cualquier punto céntrico o de los barrios, pero el problema surgirá a la hora de trasladarse, porque y esto es lo que comentan muchos policías desde adentro, no siempre hay móviles disponibles, muchos están chocados y suele ser frecuente la falta de combustible para hacerlos funcionar.
   Cuando el sistema instantáneo requiere precisamente inmediatez, nos encontraremos con los viejos problemas y carencias que el tiempo no ha podido superar.
   De todas maneras bienvenido el sistema, que nadie brinde por un éxito anticipado y que se entrene al personal, tanto los que tendrán la tarea de monitorear sino a los otros, los que deberán andar a las disparadas cuando sean requeridos.
   No deja de ser un buen síntoma en la lucha contra una delincuencia que siempre, siempre, camina unos pasos más adelantada que la policía.

EL SEP ACEPTÓ EL OFRECIMIENTO

   Es sumamente curioso el caso de la dirigencia del Sindicato de Empleados Públicos, por tener a su frente al eterno José Pihén, quien a la vez ocupa una banca en la unicameral y responde al partido gobernante: en pocas palabras, es oficialista a veces y en otros casos, opositor.
   Pero parece ser una fórmula si bien no exageradamente exitosa, es al menos funcional a la conducción política de la provincia porque es como si pidiera desde la trinchera del trabajador, y de inmediato se cruzara de vereda para actuar como legislador.
   Si esta curiosa situación sirve para eliminar un buen porcentaje de asperezas y rispideces propias de los enfrentamientos por salarios, condiciones de trabajo y otras demandas, no es para buscar un cambio de estilo sino para intentar trasplantar ese modelo a otros ámbitos.
   No se sabe a ciencia cierta si todos los empleados públicos están de acuerdo con la aceptación del 19 y pico por ciento de incremento salarial, más un punto de ajuste o algo parecido, porque desorienta la actitud del SEP que contrasta con la postura de la dirigencia docente, que adelantó que ni locos aceptarían ese nivel de incremento.
   El conflicto en las escuelas se mantiene, hay un anuncio de parar nuevamente dos días esta semana y no son pocos los maestros descontentos con el empecinamiento sindical, porque a esos dirigentes no les descuentan cuando no trabajan, y los maestros ya llevan varios días que no cobrarán.
   En una de esas, esa curiosa ubicación de José Pihen con un pie en cada vereda, facilita un eventual entendimiento entre el gobierno provincial y los docentes, para que los únicos perjudicados en esta pelea que son los niños, conozcan lo que es la normalidad…
   Es absurdo y eso es muy cierto, que se pretenda nacionalizar la discusión salarial unificando paritarias nacionales porque en Córdoba todas las escuelas son provinciales o municipales.
   El tema es que si se prolonga como conflicto, será un año más que no se cumpla con lo que siempre se anuncia y jamás se concreta: que exista respeto por los días de clase que demanda el calendario escolar.
   Pero parece que ese detalle tan trascendente, a la dirigencia poco le importa.

UN ENÉRGICO REPUDIO Y MI LEGÍTIMA DEFENSA
   En un programa anterior de “Síganme los buenos” y  aludiendo a no recuerdo qué situación intrascendente, expresé que era uno de los únicos, o el único periodista,  y tampoco recuerdo bien, de no gestionar, aceptar ni cobrar publicidad oficial de la municipalidad, del gobierno provincial o del ámbito nacional, como que tampoco recibía sobres por debajo de la mesa.
   Como es la verdad real lo sigo sosteniendo, pero eso enervó la verba de un muchacho que en su momento se enroló en el periodismo militante “K” y aún conserva su lugar en este mismo dial.
   Y sin nombrarme me repudió enérgicamente, repitiendo esa dura condena que, de todas maneras no me sorprendió por su origen.
   Llama la atención que tal energía para repudiar no se haya manifestado en otras múltiples ocasiones, cuando los “K” se abroquelaban en la trinchera de su militancia radial para descalificar a quienes, laburando en la misma empresa, pensaban distinto aunque no lo expresaran.
   No escuché ningún enérgico repudio de los amantes del modelo nacional y popular y agitadores de los estandartes de los derechos humanos, cuando iban desplazando a compañeros de tareas, como los casos de Claudio Ferrer,  Pablo Colazo, el Negro Salinas o Toto Colombo.
   No escuché ningún enérgico repudio cuando congelaban y maltrataban a Roxana Menéndez, agravándole su mal que lamentablemente la llevó a morir en depresión, plena de juventud y de proyectos.
   Y tampoco nadie públicamente repudió con energía cuando junto con los directivos del Cispren, se abrazaron en la consigna de pedir mi cabeza a la entonces rectora Carolina Scotto delatándome y acusándome formalmente y por escrito de haber reivindicado la teoría de los dos demonios, cuando sólo hice uso de mi constitucional derecho de opinar con libertad en un medio que jamás me indicó qué decir ni qué callar, en un maravilloso homenaje a la libertad de expresión.
   Por suerte la Dra. Scotto ni los atendió, aunque esos que se llaman periodistas y colegas ya habían multiplicado en las redes sociales ayudados por la Organización Hijos y otras similares, incluso internacionales, absurdas acusaciones solo explicables en mentes retorcidas y con más deseos de revancha y venganza que de Justicia.
   ¿Esos, o el capitán de ese barco, me van a hablar de conducta periodística, cuando estafaron la fe y ofendieron la profesionalidad de tantos colegas en serio?
   Hay trapos y mugres que son para lavar adentro, pero a la vez de pedir disculpas a los oyentes, quiero que sepan que este es un acto de legítima defensa.
   Me aludieron públicamente y públicamente me defiendo.
   También ese es, para mí, un derecho humano innegociable.


ANEXO AL COMENTARIO ANTERIOR:

Aquella vez, y para refrescar ahora la memoria de los amnésicos, dije entre otras cosas refiriéndome a los juicios a los genocidas en Córdoba: “Algún día los militantes del terror deberán responder ante la sociedad, de la que reclutaron a una generación de románticos, por qué los mandaron a morir.
Alguna vez deberán responder si los productos de los secuestros fueron para la causa, o para transformarlos a ellos en prósperos empresarios. Deberán reconocer que las ausencias solo se mitigan con presencias y no con discursos.
   Esta Justicia, la que condenó y seguirá condenando a los genocidas, deberá pensar y actuar también resguardando la memoria de los otros, de los que no tienen a quién reclamar por sus muertos queridos.
   Solo entonces habremos reconquistado la paz, cuando hagamos culto a la memoria, sin envolverla en banderas de ideologías, sino amparándola en la majestad de la Justicia”.
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 PROBLEMAS EN LA OBRA SOCIAL DE PRENSA

   Todo indica que el gremio de prensa nucleado en el  Cispren -vieja fusión que se hiciera del histórico Círculo de la Prensa y el politizado Sindicato de Prensa- está pasando por momentos críticos, porque cuando está en juego la salud, todos los otros problemas son menores.
   Por falta de pago les han interrumpido los servicios en la clínica San Andrés lo que afecta a jubilados, afiliados directos y adherentes, con el agravante que los empleados de la entidad sindical aún no han cobrado su sueldo correspondiente al pasado mes de febrero.
   Para colmo y de acuerdo con lo que se sabe ha sido interpuesta una demanda penal contra los responsables de la conducción sindical, dado que los fondos recaudados, sostiene la presentación, no llegan a la obra social y tendrían como destino la CTA con sede en Capital Federal.
   Un grupo de afiliados y adherentes, agotadas las instancias administrativas ante los entes respectivos, adoptaron en resguardo de la atención que merecen, la determinación de acudir a la Justicia, sumando a esta situación un faltante de 12 millones de pesos lo que perjudica la autonomía de la Obra Social.
   Es para rogar que se supere esta enojosa situación, que coloca en la inmerecida posición de mayor vulnerabilidad a todos aquellos que necesitan asistencia médica, pagan por ella y no reciben los servicios que su derecho a la atención demandan.
   Esa obra social, años atrás y haciendo memoria en condición de afiliado, supo ser modelo y a la vez orgullo de sus beneficiarios y directivos
   Con la salud, señores, no se jode.

   Y quienes no se sientan capaces de administrar y esto sea comprobado, el buen sentido aconsejaría mandarse a mudar.

17 de marzo de 2017

6 de abril, sin actos ni movilización --------

LA JUGABAN DE COMBATIVOS PERO 
AL PARO LO DECRETÓ LA CAMPORA

   Es innegable el descontento que flota en el ambiente laboral a raíz de las últimas novedades que se divulgaron sobre pobreza e inflación, aunque los números de la desocupación hayan mostrado una levísima recuperación (hacia abajo) que en poco cambia el panorama de la inquietud nacional.
   Los triunviros de la CGT lo saben, advierten que es una realidad y como el vidrio no forma parte de su dieta habitual, vienen intentando morigerar los efectos y las reacciones ante una situación comprometida como lo indica la crisis que no termina de frenarse como paso imprescindible a una deseada estabilización que si se concretara, sería el camino hacia el ansiado y merecido crecimiento.
   Pero los sectores más virulentos y nostálgicos del remanente kirchnerismo no se resignan a dos eventualidades: la de desaparecer y la otra, que es la peor, la de un futuro de juicios y condenas hasta el punto de haber instrumentado el “Operativo helicóptero” como mecanismo para amedrentar a la sociedad, con reuniones de cúpula donde no se ocultan las intenciones golpistas ni los temores frente al avance de la Justicia en la investigación de los casos más emblemáticos de la corrupción en los últimos años.
   Algo hay que hacer -seguramente pensaron- y nada mejor que una demostración de fuerza, aunque fuera con soldados ajenos a su tropa como buena parte del movimiento obrero, todavía columna vertebral del Justicialismo, aunque no sea el mismo Justicialismo de los legítimos laureles y las memorables luchas.
   Las CGT venían timoneando la situación con presiones que no llegaban a quebrar la lanza del diálogo que existió, tanto abierta como secretamente, ya que en algunos dirigentes aún existe la prudencia porque son los mejores observadores y analistas de la realidad, frente a sus bases ansiosas de merecidas reivindicaciones que aparecen alejadas de su alcance.
   Y si algún hecho faltaba para terminar de presionar a la dirigencia, apareció aquella desesperación de los derrotados que optan por la fuerza que reemplace al diálogo; por la prepotencia como superadora del debate; con la violencia por encima de las actitudes civilizadas, sin pensar en el cansancio de la sociedad que es a la postre la destinataria de cualquiera de esas actitudes.
   Venían amagando con un paro como expresión de legítima protesta y lo anunciaron sin fecha, dejando así abiertas las puertas de conversaciones con el gobierno, que podían llegar a suavizar la rispidez del ambiente enrarecido, postura con la que no comulgan los violentos apremiados por la aproximación de la Justicia a sus fechorías y rapiñas.
   Y en la última marcha que hicieran las centrales obreras los barrabravas de La Cámpora coparon el palco y sus inmediaciones, se adueñaron de la situación tanto como de banderas ajenas, mientras la gente volvía a sus casas y apretaron violentamente a los dirigentes exigiendo una fecha cierta para un paro general que calculaban sería dispuesto con actos masivos, movilizaciones y otros aditamentos como en los viejos y añorados tiempos.
   Los heridos fueron lo de menos, pero la presión tuvo sus efectos parciales: fue La
Cámpora el otrora numeroso colectivo que decretó el paro a fecha perentoria, pero estuvo en manos de la dirigencia, cuál sería su modalidad: 24 horas en todo el país, sólo paralización, sin actos ni movilización, como dejando en dos sectores la llave del triunfo o del fracaso de la medida: en la propia gente que dolorosamente aprendió que los paros a nada bueno conducen y en el transporte, elemento imprescindible para movilizar a un buen porcentaje que estaría dispuesto a trabajar.
   El paro será paro, como lo definieron y no del estilo “matero” que se decretaba para un viernes o un lunes aumentando sus efectos al prolongar un fin de semana.
   En resumen, aquellos dirigentes que se bebían los vientos amenazando con la dureza de sus acciones, parecen haber tomado conciencia del sentir ciudadano -tanto a favor como en contra de la determinación- dejando la opción en manos de cada uno, fracasado su estilo otrora beligerante y confrontativo.
   Pero también, quizás por prudencia, no les quedó otra alternativa que ceder a la imposición de quienes ya no tan solapadamente se juegan no tan solo al fracaso del gobierno nacional, sino a la interrupción violenta de lo que en su momento decidieran las urnas.
   Porque después de haber gozado de tan histórica impunidad, debe ser complicado acostumbrarse a ser objetados y lo que es peor, verse obligados a trabajar.
Gonio Ferrari

   

12 de marzo de 2017

S.L.B.: LA DEUDA CON LOS DOCENTES PROVINCIALES - EL PARO DE LOS GORDOS DE LAS CGT Y EL "OPERATIVO HELICÓPTERO" - UNA CIUDAD ALOCADA Y SITIADA - LA MEGACAUSA DEL REGISTRO DE LA PROPIEDAD - INFLACIÓN Y POBREZA SIGUEN EN ALZA - EL ESTADIO KEMPES CONTINÚA EN TERAPIA - SINCERIDAD Y PEDIDO DE AYUDA AL CAMPO - FEMINISTAS: PELEAR CONTRA UN FANTASMA, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 12/3/17 emitido por AM580 Radio Universidad de Córdoba.

A LOS ACUERDOS SUSCRIPTOS HAY QUE PAGARLOS
   Si la base del conflicto es el incumplimiento de su palabra y de su compromiso, que ahora el gobierno provincial no venga a echarles la culpa a los docentes ni a su dirigencia, porque no honrar un acuerdo suscripto, es una manera poco elegante de mofarse del prójimo.
   Cuando se firma a mediano plazo, queda siempre flotando en el aire que más que una acción de buena voluntad, es una de las maneras más perversas de patear el problema para más adelante y ganar tiempo.
   Los gobernantes siempre tienen tiempo de sobra a la hora de las promesas.
   Y se ha dado el caso previsible de un nuevo año con irregular comienzo del periodo lectivo, con la serie de secuelas que provoca esa falencia evitable si en el ánimo del gobierno estuviera, realmente, la intención de hacer las cosas bien.
  
Las idas y vueltas con los sueldos de los docentes, las diferencias de criterio que existen acerca de las condiciones edilicias de las escuelas y otros detalles no menos importantes, son una muestra del reinado de la improvisación por encima de la planificación, total para el gobierno los únicos tiempos importantes son los de sus funcionarios, aunque alguna vez hayan estado del otro lado de la trinchera.
   Solucionar el problema de los maestros ya no se trata de una simple cuestión salarial, sino que está de por medio la seriedad o la charlatanería de quienes firmaron un compromiso y no lo cumplieron.
   Pero la realidad, actualmente y siempre, estuvo y está empujada por las premuras, las carencias y las injusticias.
   Los únicos que ganan lo suficiente y a veces sin embargo se quejan, son los funcionarios de quienes depende la aplicación de la sensibilidad social, un atributo que por lo general se pierde después del juramento.
   La biblia, los crucifijos, Dios y la Patria, pocas veces demandan los incumplimientos.

LOS GORDOS CEGETISTAS Y UNA CANTADA 
INSTANCIA DEL OPERATIVO “HELICÓPTERO” 

   Era demasiado evidente desde meses atrás que la desbandada conducción del remanente kirchnerismo, había iniciado acciones en varios frentes -siempre apegados a la improvisación, como cuando eran “el” modelo- con el propósito de socavar todo lo que fuera parte de la gestión del gobierno nacional.
   La suerte fue variada como por ejemplo con el “descubrimiento” del asunto Panamá Papers que finalmente se desinfló en manos de la Justicia con su dictamen exculpatorio.
   Otros temas menores se  desdibujaron superados por la diaria revelación de algún hecho de corrupción perpetrado en la última década, que han sido el eclipse de ese delirio que los fanáticos no resignados a la derrota bautizaron en un alarde de creatividad como “Operativo helicóptero”.
   Todo lo sucio que contiene la mala política alimentada por la frustración se puso en marcha y basta con auscultar en las redes sociales, de qué manera los activistas otrora ñoquis, becarios o simplemente militantes por convicción -los únicos merecedores de respeto- se lanzaron a la divulgación de rumores tremendistas que afectaron a la economía y al escenario social de los argentinos.
   Y el movimiento obrero de raigambre peronista -columna vertebral del movimiento justicialista- con los gordos como gastado
ariete recrearon “la gran Ubaldini” iniciando sus agoreros anuncios de paralización, con el tiempo suficiente como para que desde el gobierno fueran a negociar al pie.
   Es una suerte y la memoria ayuda, que el pueblo aparte de sus banderías políticas o enfoques ideológicos, advirtiera a fuerza de prepotencia sindical que los paros no conducen a nada, salvo para los dirigentes que disfrazados de combativos cuando son en su mayoría prósperos empresarios, consiguen perpetuarse en la conducción y no es casual que existan casos de 25, 30 y 45 años de antigüedad con la sartén por el mango… y muchos mangos también.
   Más allá de las justas razones que hayan tenido los docentes para frustrar a varios millones de alumnos en su inicio de clases, la propia inteligencia de los educadores debiera advertirles que esas medidas son estériles; que sólo benefician a quienes los empujan porque ellos no dejan de cobrar y que existen otros métodos enmarcados en el diálogo civilizado para zanjar diferencias.
  Pero si todas esas acciones vienen impuestas desde el remanente “K”, con lo que caen a lo que durante años ellos acusaron a su oposición de “destituyente”, no hacen otra cosa que mostrar la hilacha de su falta de argumentos válidos, sin dejar de reconocer la crisis reinante en muchos segmentos de la sociedad que dejando de lado el pretexto de la herencia recibida, es pasto de ansiedades e impaciencias que pretenden milagros que sólo figuran en los catecismos.
   La marcha de las CGT terminó en escándalo, porque los más exacerbados activistas del kirchnerismo exigían a los dirigentes el anuncio con fecha perentoria, algunos de un paro por 48 horas y otros la paralización del país por tiempo indeterminado y eso ya fue demasiado: los nostálgicos del poder y la rapiña consiguieron consolidar la lucha de pobres contra pobres; de obreros contra obreros mientras los capitostes procuraban abandonar el bélico escenario.
   Como todo esto sin dudas forma parte del plan de hostigamiento contra el poder central con claras metas alocadamente desestabilizadoras, es para pensar que el “Operativo helicóptero” tuvo su primer aterrizaje de emergencia, afortunadamente con pocos heridos y sin pérdida de vidas.
   Lo peligroso y por lo vivido en el último año y medio, es esa ominosa certeza -soy medio brujo y ya verán que lo dirá la historia en su momento- basada en que los kirchneristas nunca, jamás, estuvieron preparados para perder.


LA CIUDAD ALOCADA

   Por momentos y lamentablemente con una frecuencia que se acrecienta con el paso de los días, los cordobeses debimos acostumbrarnos a salir o a volver a horas siempre no deseadas, porque nunca falta un obstáculo urbano que impida cumplir con las pautas que el ciudadano elabora para cada día de sus actividades.
   Y como la autoridad pese a la flagrancia se rehúsa intervenir en el falso nombre de ciertos derechos, permite alegremente que se vulneren otros derechos, los de quienes sufren las tropelías de aquellos impunes que se amparan en las pancartas, en la ilegal quema de neumáticos, en la malsana y contaminante pirotecnia y en una Constitución que son los primeros en violar.
   Las manifestaciones callejeras, más allá de la procedencia o justicia del reclamo que las motiva, de alguna manera deben ser controladas en salvaguarda de una mayoría de la sociedad que no está involucrada y sin embargo es la que sufre las peores consecuencias.
   Vemos diariamente y con asombro que el capricho o la impunidad de un puñado de personas basta para transformar a la ciudad en un reino del caos, donde el transporte urbano no sabe por dónde encarar y los pobres cordobeses deambulan desorientados sin saber cómo llegar a sus destinos o volver a sus casas.
   La policía acompaña en una actitud de abierto encubrimiento la comisión de los delitos apuntados, y la policía municipal va abriendo el camino hacia la prolongación de cada protesta, sin importarle un pito el padecimiento de quienes deben sufrirla sin comerla ni beberla.
   Muchas veces se generan incidentes de exaltados ciudadanos que pretenden quebrar los muros, por así llamarlos, que a veces conforman cinco o seis encapuchados que al menos a la vista portan palos u otros elementos contundentes.
   Sería bueno que alguna vez y aunque fuera en forma leve, resultara herido o tan sólo empujado un legislador o un concejal a quien le impidieran la libre circulación y encarara pretendiendo pasar.
   Allí si, seguramente se iniciaría una gestión legislativa que por ahora tiene el signo de la indiferencia porque el daño es a otros y no a ninguno de ellos.
   Habiendo tantos lugares próximos al centro, es demencial la concentración de multitudes o las convocatorias con escasa adhesión, vulnerando los derechos de una mayoría que no participa.
   Pero eso es tan cotidiano, que los cordobeses ahora lo sufrimos con resignación.
   Y eso es malo, porque cuando la paciencia se agota, los resultados suelen ser dolorosos.

MEGACAUSA DEL REGISTRO 

   Las noticias actuales con respecto a la causa del Registro continúan con las acusaciones cruzadas entre algunos imputados y el Poder Judicial para determinar qué pasó con el dinero que en alguna ocasión pudieron pagar para permanecer en libertad durante el proceso, garantía constitucional que debió haberse respetado para todos.
   El legítimo conflicto económico, sin embargo, no acalla ni suprime el verdadero reclamo de los familiares que aún permanecen en busca de respuestas y reparación por los verdaderos daños, esos que son  irrecuperables y no indemnizables, como lo son la destrucción de la familia, de la salud, del honor y de la vida misma de muchas personas.
   Estos reclamos, que han sido merecedores de dictámenes nacionales e internacionales de organizaciones que imparcialmente han participado en el tema, sólo han sido motivo de noticias en forma aislada, en ocasión de alguna manifestación en la vía pública.
   Además, en contraste con la pomposa publicidad que informa las condenas, poco se dice de que la mayoría no son adinerados y que en muchísimas ocasiones no se ha encontrado ningún dinero ni gasto que no fuera proveniente de su trabajo común.
   Tampoco se cuestiona el hecho que en semejantes negociados no haya funcionarios ni políticos acusados y como frutilla del postre, hay casos concretos de imputados absueltos después de pasar casi tres años presos, a quienes las noticias y los medios -salvo nuestro caso- “olvidaron” mencionar.  
   Reclamar justicia y buscarla, más allá de los límites temporales que la ley imponga por acuerdos humanos, será siempre legítimo e imprescriptible, fundamentalmente cuando el desafío es, además,  terminar con la impunidad de los culpables.

INFLACIÓN Y POBREZA SIGUEN EN ALZA

   Casi no son necesarias las estadísticas o los informes mensuales con relación a la inflación y a la pobreza, que divulgan tanto el gobierno como las consultoras privadas y también desde la actual oposición que por si no se recuerda, solía dibujar sus números de tal manera que en un tiempo pretendieron que creyéramos estar viviendo mejor que en Alemania o que en Australia, por citar sólo dos ejemplos.
   Y resulta que ahora, cuando desde un año a esta parte esos números muestran una realidad que los argentinos corroboramos al visitar el supermercado, subir a un transporte, encender la estufa o pagar un impuesto, se levantan voces de repudio por lo incontenible del incremento en ambos aspectos de la vida argentina.
   ¿Hay inflación? Por supuesto que existe; que ha pasado a formar parte de nuestra habitualidad y no hay milagro que la suavice a menos que coincidan distintos factores de la economía, en la tarea patriótica de contribuir a una mejor calidad de vida de todos.
   Pero los egoísmos son tan enormes e incurables, que desde el sector empresario se empeñan en formar precios a través de las intermediaciones siempre ociosas y una sobrevaloración de las utilidades, en desmedro de la miseria que por lo general recibe la base, el segmento realmente sacrificado y productivo.
   Y como ejemplo, baste la leche si tenemos en cuenta lo que recibe el tambero por litro y lo que cuesta ese litro tras su paso por la tecnología y colocado en el exhibidor para su venta al consumidor.
   ¿En cuántas veces se multiplica el valor original?
   Es ridículo y penoso advertir que los productores muchas veces son pasto de la quiebra mientras los empresarios del sector no se sienten afectados porque son los dueños que cuando lo necesitan, van haciendo más alto el colchón que resguarda sus intereses y su futuro.
   También es muy cierto que la inflación genera pobreza y por eso no vale la pena ahondar en el tema porque una desgracia es consecuencia de la otra.
   Mientras desde el Gobierno no se instrumenten medidas de corte popular, no populista, para frenar la escalada, seguiremos padeciendo antes, durante y después de conocer las cifras de inflación y pobreza que se divulgan.
   Lo cierto es que un país tan rico como lo es el nuestro, tenga que incorporar a su vocabulario cotidiano esa maldita palabra que ninguno de los últimos gobiernos se encargó de desterrar: inflación, madre de la pobreza.
   No es para consuelo, pero se me antoja que la reacción popular es distinta cuando recibe un honesto panorama de la realidad, ajustado a lo cotidiano, y no dibujado ni maquillado con malicia y perversidad.
   Conocer la verdad, posibilita un diagnóstico correcto y una aplicación adecuada de los remedios, dejando de lado aquella gastada demagogia de vender una imagen de solidez económica y mágicas perspectivas que terminan en lamentos y acusaciones.
   Es como con la inseguridad: si nos quieren convencer que no es tanta y que sólo se trata de una sensación, existe una tendencia a bajar los brazos y ceder en los resguardos, la prevención y la desconfianza.
   Es allí, en ese momento, que te afanan.
   Y si esto no es cierto, les pido por favor que me disculpen…

EL ESTADIO KEMPES A LA DERIVA

   Cuando miramos el almanaque y caemos en cuenta que por casi 90 días no hubo actividad en el estadio Kempes, la realidad nos empuja a pensar que esa prolongada pausa de nada sirvió, no sirvieron los métodos aplicados en la pretendida reparación, o no sirven los profesionales a quienes les encargaron la tarea de recuperarlo para lo que fue construido, que son el fútbol, el rugby, el atletismo y algunas otras disciplinas que no ocasionan daños a su estructura.
   Con tal temperamento distractivo, es probable que sea obligatorio internar por demencia a
quienes en su momento se les ocurriera alquilar el predio para recitales con el montaje de pesados escenarios en el centro del campo y lo más grave e incomprensible, que un par de veces al menos le hayan echado camionadas de tierra y arena y fabricado lagunitas para que rujan los motores de los poderosos autos de rally.
   Como si no tuviéramos caminos para escenificar ese espectáculo, uno de los comprobadamente más dañinos para el medio ambiente, pero que mueve demasiado dinero -demasiado- como para dejarlo escapar de la ciudad.
   Ahora son los lamentos que nos cuestan millones de pesos, los mismos millones de pesos que se llevaron quienes le vendieron la idea al gobierno, que así nos conocerían en todo el mundo y todo el mundo hablaría de Córdoba.
   Objetivo conseguido: hablan de Córdoba por la malsana ocurrencia de destruir algo que fue edificado para actividades específicas y no tan abiertamente delirantes y nocivas.          
   Pregúntenle a cualquier cordobés, si previamente lo hubieran sometido a consulta popular, cuáles hubieran sido los resultados de la compulsa en lo que el pueblo tiene el derecho de opinar porque es un bien propio y no del gobierno, de una empresa mediática o de los que viven del rugir de los motores.
   En este caso como en muchos otros, prevalecieron la prepotencia y la angurria del gobierno provincial, al que no le inquietan los costos de la reparación del Estadio Kempes.
   Total, de alguna manera los pagaremos con impuestos.


SINCERIDAD Y PEDIDO DE AUXILIO AL CAMPO

   Un sector de la comunidad que invariablemente gana cada batalla que libra con la economía nacional, porque tiene la suficiente espalda como para resistir temporales y una ideología basada únicamente en las utilidades, más que en el sentido solidario con sus semejantes.
   Recordemos que en la Sociedad Rural -de ella estamos hablando- se han dado las situaciones más emblemáticas en cuanto a la adhesión o el repudio a quienes gobiernan, en una histórica demostración de la concentración de poder que representa esa entidad.
   Porque el hombre de campo; el laburante madrugador, el de manos encallecidas por el trabajo, el del rostro quemado por todos los soles y todas las heladas, es el verdadero artífice de la producción en cualquier lejanía rural, y no los panzones ejemplares de una casta que con apellidos ilustres o no, son los verdaderos dueños de la economía argentina, de su triunfo o del desastre.
  El presidente Macri no desconoce, lógicamente, el crítico momento que atravesamos los argentinos por impericia, equivocaciones, errores u otros factores perjudiciales para la gestión, sean contemplados o pertenezcan al campo de la especulación emparentada con el delito, en que hayan incurrido sus ministros, altos funcionarios o él mismo, desde su encumbrada posición.
   El gesto de reconocer la situación ya es un signo positivo porque es como si se hubiera agotado aquello de la pesada herencia como pretexto a lo poco que ha cambiado con Cambiemos, lo que suena a chiste.
   Pero no son un chiste las bombas de tiempo que quedaron diseminadas en distintos sectores emparentados con nuestra economía, ahora más inclinados a las viejas técnicas del fragote y el golpe, temerosos de un nuevo desencanto en las urnas.
      Macri lo sabe y ha pedido al campo que lo ayude y considero que no es una medida de falsa humildad, sino que está basada en sus conocimientos como empresario: está luchando con los de su mismo palo, con sus mismas mañas, con el mismo manejo de los tiempos y eso no deja de ser una ventaja.
   Solo basta que se produzca el milagro de un ataque de racionalidad y patriotismo por parte de quienes por llevar una vida acomodada, piensan que eso es eterno.
   Es eterno cuando se consolida hacia abajo, hacia la gente, y no como desde hace tiempo que se agranda hacia arriba, donde menos se lo necesita.
   Es tiempo de definiciones y rogamos que no se dilaten.
   La salud de la República no merece vivir eternamente en terapia intensiva.

FEMINISTAS, PELEAR CONTRA UN FANTASMA
   Tengo en lo personal una alta estima por la inteligencia  femenina aunque hay ocasiones en que muchas de ellas se esmeran en crear situaciones que llevan a la duda acerca de ese concepto, porque el feminismo exacerbado es tan pernicioso para la sociedad como lo es cualquier expresión de machismo que en honor a la verdad, tiene sus adeptos y practicantes.
   Aquel drama del siglo pasado en el que murieron calcinadas 129 mujeres, lo que originó -detalle más o detalle menos- la instauración del 8 de marzo como Dia Internacional de la Mujer Trabajadora al principio y después se le quitó la última palabra, fue utilizado por dos corrientes inconexas: la que reivindica la condición femenina y esa otra, que la aprovecha comercialmente.
   Pero hay una tercera tendencia: su descarado aprovechamiento político.
   Y como uno de los componentes de la personalidad de la mujer es la candidez que algunos llaman inocencia (jamás confundirla con la debilidad) no sorprende que en las marchas convocadas por cualquier motivo que requiera protesta, concurren representantes de todas estas inclinaciones o simpatías.
   Por eso no es bueno generalizar y meter en la misma bolsa a las correctas con las dañinas, a las románticas con las insensibles o a las pacifistas con las violentas: hay de todo y por eso de todo se ve y se escucha, desde la sana creatividad hasta la evitable ofensa.
   En Buenos Aires frente a la Catedral Metropolitana allí donde doña Hebe mandó no hace mucho tiempo sus huestes a orinar y algo más, incluyendo su altar mayor, las ultras volvieron al estropicio de las pintadas, fogatas y otras expresiones de violencia contra la Iglesia y como siempre la policía en lugar de impedir esos estragos permitió que se perpetraran y luego se ocuparon de disolver a la turba.
   Las mujeres, muchas identificadas como proabortistas, reclamaron contra la violencia de género, la cultura patriarcal, la discriminación, la desigualdad de género y el pedido de justicia por las víctimas de femicidios. La movilización porteña convocada entre otros por el colectivo Ni Una Menos, había colmado la avenida de Mayo al clamor de "Se va acabar, se va acabar, esta cultura patriarcal" y el mensaje partidista e ideológico representado con Macri basura, vos sos la dictadura” y “Sí se puede, hacerle un paro a Macri, se lo hicimos las mujeres”.
   En Córdoba sucedió otro tanto frente a la Iglesia de Santo Domingo, monumento histórico -para la ley, intocable- que recibió daños y pintadas para colmo, con horrores de ortografía y se robaron un crucifijo metálico lo que en alguna medida contribuye, sin descalificarla, a restar seriedad a la marcha que fue en parte un directo ataque a la Iglesia Católica y por añadidura a la conducción política nacional, dado el tenor de algunos carteles y pancartas.
   Es penoso porque todo indica que desde el sector de ellas han olvidado el martirio y muerte de curas como Angelelli, Longueville, Murias, los palotinos Leaden, Kelly, Dufau, el seminarista Barletti y algún otro que cayera por predicar y luchar contra las injusticias y las desigualdades.
   Es por todos estos argumentos que me permito tomar como propios unos conceptos de mi colega periodista, el abogado Daniel Gentile, quien comentó: “El patriarcado tiene para el feminismo la ventaja de no existir. La confrontación puede prolongarse tanto como la lucha contra un fantasma, pues hace rato que hombres y mujeres somos iguales ante la ley”.
   Que en la práctica y al respecto existan algunas carencias, no justifican el daño, la agresión ni la ofensa.