5 de enero de 2018

LA DE HOY ES LA NOCHE UNIVERSAL DE LA MAGIA

 Esta noche millones de criaturas -cada vez de menor edad- van a renovar el rito milenario de la curiosidad y de la espera en un marco de tierna inocencia.
   Esa paciente expectativa tendrá como siempre su costado tenso, nervioso, sumida en cabeceos de sueño, despertares de un solo ojo, fisgoneo por el misterio y sospechas por alguna recóndita y a veces guardada certeza.
   Será la noche en que los mayores escondan más nervios y ansiedades que los pequeños, por eso que todos aunque tengamos más pasado que futuro, guardamos un niño que duerme con los ojos gachos pero abiertos adentro del alma.
   Me viene al recuerdo la noche, cuando juntábamos el pastito para los camellos y preparábamos la jarra de agua para Melchor, Gaspar y Baltasar.
   Aceptábamos como nunca, la orden de irnos temprano a la cama… y dormir. Era el ansiado ritual de la fantasía, porque sabíamos que tendríamos un despertar de trompos, fútbol con tientos, autitos Matarazzo o un ovillo de hilo para el barrilete.
   Ellas el muñeco malcriado, la pepona o el juego de ludo para pelear con los hermanos.
   Los tiempos han cambiado.
   Las cartas que antaño enviábamos con el pedido, interceptadas por los padres, eran el camino que las llevaba hacia el buzón de los milagros.
   Ahora, que los chicos las mandan por Internet desorientan a cualquiera, para sumirnos en una especie de incertidumbre cibernética: no sabemos si pidieron una laptop, una play station, un reproductor de MP5, un celular satelital o un secreto abono a un canal de TV para mayores.
   Gracias a Dios y al progreso los reyes ahora vienen en 4x4, vehículos responsables de un masivo camellicidio.
   La de hoy y como siempre lo fue, es la noche universal de la magia.
   Que a nadie se le vaya a ocurrir destruir en los esperanzados, ese secreto que hasta que abandonamos la niñez fue parte de nuestras ilusiones.
   Si todavía -y no me lo niegue- recordamos cuando hurgamos en la bruma de los tiempos, haberlos visto a los tres, entre sueños, entrando y saliendo de casa.
   Cómo seremos de nostálgicos, que entonando un himno al pasado nos arriesgamos a dejar nuestros zapatos, zapatillas, chinelas o esos otros engendros plásticos, con la seguridad que algún Rey Mago celestial o terreno, nos haga recordar que pese a los años, algo tenemos de aquel lejano niño.

Gonio Ferrari