28 de enero de 2018

S.L.B.: EL EXJUEZ ZAFFARONI Y SU METAMORFOSIS A GOLPISTA - LA CURIOSA CICLOTIMIA SALARIAL DE LA EPEC - NUESTRO TRANSPORTE URBANO EN CAIDA LIBRE - LA MEGACAUSA Y DENUNCIAS QUE SE APOLIYAN - EL MINISTRO MASSEI Y EL SUEÑO DE LA ISLA PROPIA - APROSS, MENOS PRESTACIONES Y COSEGURO (PLUS ENCUBIERTO) MÁS CARO - LLEGAMOS A LAS 500 EDICIONES Y VAMOS POR MÁS, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que emiten en dúplex AM580 Radio Universidad de Córdoba y su FM 88.5. En la edición n° 500 del 28/01/18 estos fueron los temas principales:

POCO ELEGANTE CRUCE DE VEREDA
   A lo largo de la historia se han venido haciendo más frecuentes los cambios de vereda en la actividad política, incluyendo los casos de panquequismo, traiciones manifiestas, desencantos o tentaciones de mayores beneficios con el cambio de camiseta.
   Todo esto incluyendo al deporte, pero eso viene desde que se profesionalizaron las actividades del músculo.
   Es así que estamos cansados de ver, a lo lejos y muchos casos demasiado cercanos, a personajes que militan en una corriente, luego pasan a otra, después optan por una tercera y finalmente suelen recalar en la que está más cerca de poder.
   Para algunos la explicación es muy simple, conociendo la idiosincrasia de ciertos especímenes no muy fuertes en sus convicciones, como para sostener que no son ellos los que cambian, sino los gobiernos.
   Pero existe, digamos que al margen, una leve sospecha con relación a esas conductas tan poco elegantes, y es la de suponer que si los cambios son tantos y buscan siempre un destino que les otorgue poder e impunidad, no quedaría otro lugar para anidar que los servicios de inteligencia ya sean del estado argentino, o no.
   Dejando de lado esas elucubraciones nacidas probablemente en la desorientación, duele leer algunas declaraciones de quien fuera miembro de nuestro máximo tribunal de Justicia de la Nación e integrante de organismos internacionales que dicen defender los derechos humanos.
   Más allá o más cerca, que Eugenio Zaffarioni -por decirlo de manera diplomática- haya tenido una vida de quilombo en quilombo, no daba para pensar que de paladín de las leyes, puntal de las libertades, cayera a ese pozo inmundo donde se revuelcan los enemigos de la democracia; los que viven pensando en avasallar las elecciones de las mayorías y las determinaciones de los pueblos soberanos con relación a quiénes quieren que los gobiernen.
   En el anecdotario de este personaje figuran numerosas perlitas, pero solo basta citar a dos de ellas para tener una cabal imagen de su personalidad: una, la de suponer que el narcotráfico se terminaría si se legislara para que en cada esquina, por ejemplo, cualquiera pudiera vender y comprar cocaína libremente y sin cargos de conciencia.
   Y otra, aquella terrible y ofensiva aseveración que no podía existir violación si en el lugar del hecho reinaba la oscuridad.
   Argumentos que seguramente y en su momento fueron utilizados como señuelos, para medir reacciones de la gente y luego pensar con mayor fundamento acerca de alguna medida o determinación a tomar desde el poder.
   Ahora Zaffaroni, hombre nominado en el Poder Judicial por el desgobierno militar en tiempos de Videla, pasó por todos los colores ideológicos y ahora se despachó con ese, su deseo, que el actual gobierno nacional no termine su mandato y se mande a mudar lo antes posible.
   Muchas cosas pueden haber sucedido en la mente de una persona culta, jurídicamente letrada, como para virar de manera tan violenta en lo que se supone eran sus principios innegociables que afirmaban su conducta.
   O frecuentar lupanares le cambió la concepción de las cosas, o por la vía del escándalo está buscando que lo tomen por loquito como para no rendir cuentas de todo lo que habrá hecho, en su momento, para burlarse se su propia madre, si es que se trata de un hijo de la Justicia.
   Es probable que el tiempo disipe esta y todas las otras dudas que rodearon su vida.

CICLOTIMIA SALARIAL EN LA EPEC
   Nadie le puede exigir a un directivo de nuestra basculante Empresa Provincial de Energía de Córdoba que deje de cambiar su auto particular cada año, o año de por medio, porque se supone que es dueño de su dinero.
   Pero si parte de ese dinero es mío, las cosas cambian y no me gusta que malogren con destinos no deseados los frutos de mi esfuerzo; de mi trabajo, de mis desvelos.
   Eso es más o menos lo que ocurre cuando nos enteramos que en marzo todos los dependientes de la EPEC salvo algunos casos aislados de manifiestas inconductas, cobrarán un paquete de plata al hacérseles efectivo eso tan pomposa como injustamente caratulado “bonificación a la eficiencia”.
   Imagino con cuánto pesar se le atragantará la comida al pobre cordobés que vio de qué injusta manera entraba a los hediondos campos de la putrefacción un par de asados que tenía guardados en el freezer, hamburguesas para los chicos y otras mercaderías que perdieron el resguardo del frío.
   Ni hablemos del enorme perjuicio a los comerciantes afectados.
   Lo mismo que aquellos otros que vienen penando desde hace tiempo intentando que les reconozcan que fueron las diferencias de voltaje antes o después de un corte del que EPEC culpa al calor o al frío, los que terminaron con el plasma, el microondas y todas las lamparitas de su casa.
   De todos estos casos se pueden contar por cientos, pero partamos de la base que la mayoría de las empresas son insensibles, se miman hacia adentro en lugar de hacerlo con sus clientes que les fabrican su riqueza y miran con indiferencia la desgracia ajena, despedazando aquello tan pregonado como hipócrita de la responsabilidad social empresaria.
   Que lo cobren los operarios aunque para el resto aparezca como premio exagerado, porque lograron introducir esa obligación en el convenio laboral, es otra cosa. Si los otros envidian, que luchen para conseguirlo, aunque no todos tienen como rehén a toda una provincia para apoyar sus demandas y caprichos.
   Pero que se pongan en la cola para cobrar los nombrados en la planta política, es de una llamativa caradurez, porque la mayoría si de trabajar se trata ha transpirado menos que un esquimal, pero a la hora del cobro no se lo quieren perder.
   Pero uno es tan desconfiado, que le puedo asegurar que ahora no cobrarán esa pomposa bonificación por eficiencia, de una empresa con servicios ciclotímicos que se quedó en el tiempo en materia tecnológica y sigue prometiendo la Central Pilar.
   Pero pasado un tiempito, ya lo verán si son curiosos y hacen luego culto a la memoria, que encontrarán la manera de no sentirse marginados.
   Así es el ser humano: que te toquen cualquier cosa, incluído el tugges, pero no se metan con la Vieja ni con mi bolsillo.

NUESTRO  LAMENTABLE TRANSPORTE URBANO
   Es la realidad lo que nos obliga a ser temáticamente recurrentes e insistir con dos aspectos que mantienen en jaque la paciencia del cordobesismo, tanto de la capital como de todo el resto de su geografía.
   Pero ahora nos ocupemos de uno de ellos que es el transporte y luego hablaremos de la inseguridad.
   Parece que no hay manera de hacerles cumplir a los señores empresarios del servicio de ómnibus y troles de la ciudad, que existe un diagrama de frecuencias que ellos vaya a saber por dónde se lo pasan, porque ya es bochornoso su incumplimiento, lo que los haría pasibles de severas sanciones.
   Pero si el poder concedente mira hacia otro lado, estos señores de las empresas hacen lo que se les canta, regulan las prestaciones y encienden la indignación de los usuarios, obligados sostenedores de un sistema perverso que ningún intendente ha logrado domar.
   Hace tiempo y lo aseguro como usuario frecuente de los ómnibus y troles cuando vienen, que no se advierte la presencia de inspectores que controlen las prestaciones ni se sabe que haya personal municipal afectado a esa delicada tarea, que es en beneficio del pasajero.
   Por un tiempo habilitaron paradas que les llamaban “inteligentes” porque avisaban la proximidad del ómnibus, pero creo que fue un fracaso tan rotundo que no sé si está funcionando en alguna parada, de las que todavía quedan sobre 27 de Abril, al costado de la Catedral.
   La cuestión es que día a día, cuando se han terminado las clases y las escuelas están esperando que las pongan en condiciones -lo que nunca se logra antes del reinicio del ciclo lectivo- las frecuencias del transporte urbano se van acomodando de mala manera, alimentando la bronca de la gente.
   Y otro detalle: todavía funcionan esos viejos “saunas móviles” que usaban en la helada Rusia pero que aquí generan al menos en verano y en algunos días del invierno, verdaderos festivales del sudor y sus nasales consecuencias.
   Antes entre un trolebús y otro no pasaban más de siete u ocho minutos y ahora esas demoras en muchos casos se han triplicado, al igual que en los corredores de los ómnibus.
   Así están las cosas, si hablamos del servicio diurno, porque el nocturno es catastrófico, con tardanzas que -así lo he comprobado- superan una hora y eso en una ciudad como Córdoba no puede tolerar.
   Bahhh… aparte que no puede ser, las condiciones están dadas para que siga siendo posible esa afrenta a los usuarios, mientras la autoridad no actúe como tales.
   No hay peor enemigo del ciudadano, que permitir la existencia de la anarquía urbana.
   Así como la sentimos y la padecemos ahora…

LA MEGACAUSA Y CUESTIONES APOLIYADAS
   Este jueves 1 de febrero próximo, con el inicio de las sesiones legislativas, el gobernador de nuestra provincia anunciaría el ya confirmado cierre del fuero Anticorrupción.
   La expectativa será saber qué va a pasar con las varias decenas de causas que dormían y sin dudas aún se apoliyan en sus cajones, en especial las que cuestionan o denuncian a altos funcionarios del gobierno en curso.
   La incógnita, según se comenta, es si serán distribuidas por sorteo entre las diferentes fiscalías o asignadas a alguna en particular. Existe en nuestros poderes, una imaginativa y nada sana costumbre de "dedodirigir", y en el caso de las causas judiciales un ejemplo palpable de ello es la comisión especial "dedonombrada" para investigar y juzgar la causa del Registro de la Propiedad, que dictó  prisiones preventivas sistemáticas para la mayoría de los imputados, situación que fue internacionalmente condenada, y posteriormente legalizó con las condenas esas prisiones ya cumplidas.
   En ese camino de  "dedodirección" son casi predecibles, y legítimamente  cuestionables tanto los resultados,  como las masivas condenas de trabajadores sin ninguna jerarquía en el Registro o la impunidad de los poderosos en el fuero anticorrupción.
   Será el momento de estar atentos para que los nuevos cambios puedan garantizar la justicia por encima de la impunidad y la corrupción y también más allá de los amiguismos políticos y de los compromisos partidarios.

EL MINISTRO MASSEI YA TIENE SU ISLA
    Me pareció haber escuchado que el ministro a cargo  entre otras cosas de la seguridad en la provincia, sostenía que había disminuido el accionar delictivo como resultado de los operativos policiales que se realizaban.
    Así como en su momento el desaparecido Eduardo César Angeloz proclamaba a Córdoba virtualmente como una isla en el territorio nacional, lo que despertó inquietud en la oposición de entonces, ahora con lo de Massei nos gana la desorientación, porque más allá de las estadísticas dibujadas que maneja la policía está la realidad que diariamente nos ofrece la cantidad de robos, tiroteos, arrebatos, estafas, asaltos, salideras, entraderas y toda la gama del delito que se ha hecho fuerte en Córdoba.
   Y si el delincuente se queda entre nosotros, es porque nadie lo molesta o le impide seguir con sus andanzas en perjuicio de la sociedad, lo que es un dato alarmante si tomamos en cuenta que tiempo atrás el hampa debió emigrar para buscar mejores horizontes.
   Y ahora si es para caer en lo mismo de siempre, con la afirmación de que las cosas no cambiarán mientras no se implante con fuerza una política integral de seguridad, sin remiendos ni parches, con audacia y compromiso, para tranquilizar a una sociedad que vive en vilo frente a la impunidad que gozan los ladrones.
   Nunca en los últimos tiempos se dio lo de ahora, con tantos policías infieles trabajando con los delincuentes y a eso hay que buscarle el motivo que va más allá de lo salarial, sino que se inscribe en una falta de autoridad interna que imponga orden.
   Y hacer las cosas de manera tal que las leyes ayuden a los decentes y no que protejan a los delincuentes.
   Y es para decirlo una vez más: si la policía no sabe, no puede o no quiere limpiar la mugre interna, será difícil que pueda encarar con alguna posibilidad de éxito la lucha por limpiar afuera.
   El componente de la droga ha ensombrecido aún más el panorama, y está visto que pese a los esfuerzos por dominar su vil comercio, lo dejaron fortalecer durante tanto tiempo que ahora es mucho más complicado erradicarlo.
   Y ese es el motivo por el cual la iniciación en el delito es cada día más precoz y a la vez más violenta y sangrienta.
   Alguna vez nuestros cráneos gobernantes pensarán sobre el modelo cordobés, sin trasplantar modelos foráneos que poco tienen que ver con las modalidades delictuales que actúan entre nosotros.

APROSS MÁS CARA Y CON MENOS PRESTACIONES
   Partiendo de la base, la Apross no es una obra social sino una administradora de servicios de salud, lo que no es lo mismo y por eso se entiende su estructura más burocrática que humanizada y sensible a las necesidades de los empleados públicos de Córdoba, tanto activos como jubilados.
   Y como estructura comercial por sobre todas las cosas, la Apross está más preocupada en recaudar que en servir, pese a que cuenta con una masa cautiva de afiliados que pagan por adelantado a veces servicios que nunca reciben.
   La maraña administrativa que es la Apross necesita obviamente una buena cantidad de operadores, muchos de los cuales son entrenadas como máquinas de decir que no; que no corresponde, que búsquese otro médico, que eso no es una emergencia ni una urgencia y otras justificaciones que han pasado a ser frecuentes.
   Los servicios de atención de urgencias han sido tercerizados a una empresa que a veces ha confesado una demora de ocho horas para cumplir con una consulta a domicilio, a escasas 20 cuadras del centro de la ciudad.
   Y ahora, como si no le bastara las millonadas mensuales que recauda de esa clientela que a la vez es rehén, ha decidido aumentar los montos en el pago de lo que le llaman coseguro, que vendría a ser la versión edulcorada del viejo, percudido y odiado plus que muchos profesionales modificaban a su antojo.
   Ahora, blanqueada esa práctica que era considerada ilegal, habrá que pagar el 30 y pico más por ciento por las consultas y por ciertas prácticas.
   Pero el enorme volumen de dinero que ingresa a la Apross no le ha servido, por ejemplo, para reconocer y cubrir muchas dolencias crónicas y libran al enfermo a su buena o mala suerte, como por ejemplo en casos de severa y crónica hipertensión que transforma a cada paciente en una bomba de tiempo si le llega a faltar su diaria medicación.
   Para la Apross esos no son enfermos crónicos.
   Así están las cosas, en este cordobesismo que muchas veces se transforma  en mecanismo de abandono e indiferencia, especialmente hacia los jubilados con escaso poder de fuego, salvo que se encadenen a las rejas en las oficinas de La Cañada e inicien una injusta huelga de hambre.
   Porque cuando algunos medios -no todos, porque por la plata baila el mono- se ocupan de esas desgracias, es recién que les asoma algún signo de humanidad y respeto por las enfermedades ajenas.
   Ahora, el tema es simple: pague más o muérase.

LLEGAMOS A 500 Y VAMOS POR MÁS
   En cualquier actividad no es fácil llegar al número 500 sea lo que fuere: quinientos productos, quinientos socios, quinientos seguidores, quinientos admiradores, quinientos enemigos, quinientos, quinientos...
   Lo importante es que se trata de medio millar, lo que no es poco cualquiera sea la aplicación que le diéramos.
   Pero hablar de 500 programas radiales supone una elevada cuota de sacrificio y compromiso porque equivalen a 500 domingos sin asados, 500 domingos con la familia y los amigos en otra parte, 500 preocupaciones por armar previamente un producto que resulte digno para la audiencia pero también a la hora de analizarlo íntimamente.
   Llegamos a los 500 programas de este “Síganme los buenos” que al comienzo fue una aventura que continuaba otras realizaciones radiales con distintos nombres.
   “Síganme los buenos” ha sido para nosotros una agradable y placentera sorpresa, porque nos dimos cuenta de a dónde podemos llegar con nuestra mensaje directo, sin maquillajes, con absoluto y terminante respeto por la libertad de expresión y sin condicionarnos ni condicionar a nadie, eliminando cualquier maniobra cercana a la censura.
   Hemos vivido momentos difíciles en el país, en la provincia y en nuestra querida ciudad de Córdoba, pero las desgracias no aquietaron nuestro espíritu abierto, tratando siempre de satisfacer los requerimientos de los oyentes.
   Por ahora son 500, pero vamos por muchos SLB más.
   Nuestro eterno y emocionado agradecimiento a los SRT de la Universidad Nacional de Córdoba y a sus autoridades que nos cobijaron desde una década atrás o más, sin preguntarnos como pensábamos.
   Ese es el valor inconmensurable que aporta el respeto por la libertad, en este maravilloso juego cívico que se llama democracia.
   También es justo reconocer todo el trabajo casi anónimo y silencioso -curioso en una radio- de los operadores y los técnicos que nos asisten, así como el cariñoso acompañamiento de locutoras y locutores, especialmente en la persona de Carola Maldonado, la casadera y pese a su juventud la más veterana en “Síganme los buenos”.
   Párrafo especial para el Dr. Héctor “Maco” Silvestro, baluarte de la tercera edad y de su problemática y el cariño de siempre para nuestros anunciantes, que posibilitan que esta aventura continúe vigente.
   El mayor y más merecido de los agradecimientos, para el equipo de posproducción. Elaborar los contenidos para el blog con tanto cariño superando cansancios y sueño y a veces enfermedades, tiene ese agregado impagable
   Al llegar a los mil, espero que todavía estemos juntos abrazándonos, debatiendo o discrepando.
   Pero siempre con el respeto que todos nos merecemos.