11 de febrero de 2018

SLB.: EDICIÓN DE EMERGENCIA CON TRES TEMAS CENTRALES DE LA ACTUALIDAD: EL PARO Y MOVILIZACIÓN RESUELTO POR EL CAMIONERO MOYANO, LA MEGACAUSA DEL REGISTRO DE LA PROPIEDAD DE CÓRDOBA Y COMO “BONUS TRACK” UNA VÁLIDA Y OCURRENTE ALTERNATIVA PARA DIGNIFICAR A LOS ADULTOS MAYORES.

Comentarios del periodista Gonio Ferrari, conductor de “Síganme los buenos”, edición n° 502 que no se emitió por Radio Universidad con motivo de una transmisión de fútbol en el mismo horario.

Hugo Moyano, gremialista en lucha -----------
NO ES POR LOS TRABAJADORES SINO EL
LÓGICO TEMOR A PERDER  LA LIBERTAD

   En uno de sus celebrados ensayos, Montaigne supo sostener que “con frecuencia se quejan de soledad personas que empezaron por rodear su alma de alambre espinado. Primero se cierran, luego lamentan no tener compañía”. Y eso mucho se acerca a una definición acerca de la personalidad de Hugo Moyano, ahora próspero empresario que tuvo sus humildes raíces en la conducción sindical del gremio de los camioneros.
   Y no cometa nadie el error de pensar que sólo se ocupan de llevar y traer mercaderías, que son los referentes de los buenos lugares para comer en los paradores de las rutas, que son los más generosos cuando se trata de responder a quienes “hacen dedo” (y si son mujeres, mucho mejor) en los caminos de su diario esfuerzo, sino que se hicieron fuertes en algunos aspectos muy esenciales como por ejemplo los pesados vehículos transportadores de dinero con los que se cargan los cajeros automáticos, los afectados a la recolección de basura y otras aplicaciones de un amplio panorama laboral.
   En suma, manejar un gremio con tales características apoyadas por una incalculable cantidad de rehenes que dependen de esos servicios, transforma a cualquier dirigente del ramo en una persona importante, con esa importancia que no para de crecer a la par del imparable desarrollo demográfico.
   De allí, desde ese trampolín a “las grandes ligas”, Moyano fue avanzando en dos aspectos fundamentales que para su caso son escalar hasta la cúpula de la conducción nacional cegetista y en forma paralela asegurarse la prosperidad futura ya en su emergente condición de floreciente empresario que necesita obviamente garantizar su continuidad conductiva.
   Convencido por la realidad que no todo es para siempre, Moyano ahora busca atrincherarse en el movimiento obrero que con algunos moretones sigue siendo la columna vertebral del peronismo en muchas de sus versiones (los auténticos, los interesados, los fundamentalistas de derecha y de izquierda y los “disfrazados de”) para resistir lo que considera una persecución política cuando en realidad se trata de un trámite judicial que puede llevarlo a un futuro de barrotes.
   El resto de la dirigencia de la fragmentada “central” obrera, muchos de cuyos exponentes han pasado a vivir las mismas angustias de la misma alergia al presidio, le vienen soltando la mano de la histórica solidaridad que no medía consecuencias -por eso de la impunidad consagrada- y dejaban sus diferencias ideológicas momentáneamente de lado para ejercer su bien rentado papel de opositores, en aquella vieja declamación de “la vida por Perón” después de haber bastardeado aquel otro concepto de “combatiendo al capital” asociándose con ese atractivo sector, para compartirlo.
   Poco a poco se fueron alejando de la inicialmente agresiva intención de enfrentar una realidad socioeconómica de la que bastante culpa tienen, en salvaguarda de su propia libertad, como esperando  “negociarla” con el poder, razón por la cual se entiende el anuncio con tanta anticipación del paro y movilización programado para el 22 de este mes, sin haber advertido que ese día, de dolor y congoja para los argentinos de bien, se recuerda el martirio de más de medio centenar de compatriotas que murieron en la tragedia ferroviaria de Once, a la vez que no pueden olvidar (si es que tienen conciencia y memoria) la indiferencia del más alto nivel del poder que se divertía bailando en una plaza con una “actriz” con penosos antecedentes de “veleta”.
   Moyano fue perdiendo adherentes y desfiló por micrófonos y cámaras, soberbio y desafiante en un intento por atenuar el sostenido avance de las causas judiciales que lo involucran utilizando como arma ¿persuasiva? la movilización que el buen tino hizo adelantar un día para no coincidir con los actos de recordación de aquel fatídico día en que el tren sobrepasó la última barrera y provocó el horror.
   No es para decir que está más sólo de lo que estaba Videla en el día del amigo, pero al desinflarse la adhesión al paro especialmente por gremios vinculados con la movilidad para asistir a trabajar, es bastante lo que Moyano y sus acólitos arriesgan a futuro no tanto en el campo sindical sino en el reñidero tribunalicio.
   Y el líder camionero, artífice de su riqueza y la de su familia, tiene que resignarse a ese “salvavidas de plomo” que es la adhesión de grupos ideológicos que históricamente tuvieron más que ver con el vandalismo y la agresiuón que con las ideas superadoras.
   No existe margen de “negociación” posible en el diferendo Moyano-Justicia porque sería consagrar una vez más la indemnidad, a cambio -entre otras cosas- que no haya vandalismo, que exista respeto hacia quien quiere trabajar y que la violencia no se adueñe de las calles.
   La democracia consagra derechos y también plantea obligaciones que es necesario cumplir a rajatabla, sin que sean -los derechos ni las obligaciones- parte de ningún trato ni componenda por la impunidad de nadie.
   Con lo que se está viviendo en las vísperas, a Moyano le cabe eso que algunas personas son solitarias porque en lugar de puentes construyen paredes y uno no está solo cuando nadie viene a visitarlo, sino cuando no tiene uno a quién visitar.
   El presente de Moyano es ese porque la gente viene entendiendo, a fuerza de dolor propio y prepotencia ajena, que lo único que puede salvarnos es trabajar, siempre que colaboremos para ser parte de esa epopeya que supone la recuperación de la cultura del trabajo.
   Y muchos malos dirigentes políticos y sindicales -dejando aparte la honra, el sacrificio y el compromiso de los buenos que aún quedan- son los responsables de haberla destrozado.


MEGACAUSA: ¿Y LOS VERDADEROS AUTORES?
      Se define a los ladrones de cuello  blanco como personas pertenecientes a estratos socio-económicos altos, cuyos sofisticados  
delitos se relacionan inevitablemente con suculentos réditos económicos.
   Cualquiera sabe que estas personas tienen relación directa con el poder y el dinero.  Cuando se investigan  hechos fraudulentos  relacionados con inmuebles de inmenso valor, y más aún, en el contexto de manejar datos de toda una provincia, es indudable que estamos en presencia de este tipo de delitos,  que  deben ser investigados y perseguidos con todo el peso de la ley.
   Aplicado a Córdoba hablamos de la causa del Registro de la Propiedad, pero lo que no puede entenderse y desafía el sentido común, es que quienes fueron imputados y condenados, en su mayoría, no responden ni por asomo, a las características descriptas para este tipo de delincuentes.
   Curiosamente quienes sí reúnen ese perfil y casualmente también han sido denunciados, son ignorados por la investigación. Cuando insistimos en que el grueso de los condenados son trabajadores comunes, sin poder para acceder a datos, sin cargos jerárquicos que permitieran tomar decisiones relevantes, sin fortuna pasada ni presente, estamos cuestionando la puntería del sistema investigador.      Si  además,  valoramos que el proceso fue asignado a una comisión especial, que  invirtiendo el orden de la ley los condenó primero con la prisión preventiva de tres años y los juzgó después, lo cuestionable es la intencionalidad de esa puntería.  
   Porque si de  los delitos no se duda, desbordan  aún los interrogantes sobre sus  verdaderos autores.

OPCIÓN PARA ANCIANOS: ES PREFERIBLE LA CÁRCEL
   Alguien de mi amistad, persona querida y respetada, me acercó una sugerencia que me pareció atinado darla a conocer por la contundencia de su planteo, referida a la postergación en muchos sentidos que sufren los adultos mayores especialmente aquellos que por una razón u otra deben abandonar el hogar y alojarse fuera de su casa, en un desarraigo tan creciente al hacerse costumbre, como virtualmente inevitable en los tiempos que vivimos.
   Colocar a los jubilados en las cárceles y a los delincuentes en las residencias para ancianos, que algunos les llaman “geriátricos” y la mayoría son depósitos de viejos. De esta manera  nuestros ancianos tendrían acceso a una ducha todos los días, al ocio, cultura, educación, medicamentos, etc.
    Recibirían gratis sillas de ruedas, prótesis, anteojos, etc.; no pagarían por su alojamiento y comida, tendrían vigilancia continua por lo que de inmediato recibirían asistencia en casos de emergencia.   
   Tendrían un lugar especial para recibir a su familia y otras visitas.
   Asimismo tendrían acceso a una biblioteca, sala de ejercicios físicos y gimnasia, campos de deportes e incluso enseñanza gratuita y sala de TV en alta definición.
   En cambio los delincuentes tendrían platos fríos y escasos, se quedarían solos y enrejados. Las luces se apagarían a las 20 hs., los atiborrarían con sedantes e hipnóticos para que no molestasen.
   Tendrían derecho a un baño por semana, vivirían en una pequeña habitación compartida por la que tendrían que pagar al menos 25.000 pesos mensuales, con escasas esperanzas de salir de allí con vida y esto no es una exageración sino parte de una realidad que muchos se empeñan en esconder.
   De esta manera habría justicia para todos, por lo que se plantea una sugerencia a los abuelos o abuelas: antes de ir a un geriátrico, háganse delincuentes y vayan a parar a la cárcel.
   Es para pensarlo detenidamente, porque al Estado como preso cada uno le cuesta aproximadamente 70.000 pesos mensuales.
   Y un jubilado con alrededor de 7.000 pesos se las tiene que arreglar como pueda…
   ¿Que la comparación es dolorosa?

   Para muchos adultos mayores es la horrenda proyección de su futuro.