4 de febrero de 2018

S.L.B.: NEPOTISMO Y DISCRIMINACIÓN, ¿DE LA MANO? – EL MENSAJE DE SCHIARETTI Y SU AMNESIA DE IMPRESCINDIBLE AUTOCRÍTICA - LA MEGACAUSA DEL REGISTRO, REACTIVADA - EL CAMIONERO MOYANO CON LA CARA PINTADA Y EN PIE DE GUERRA - LA ENERGÍA MÁS CARA, EPEC Y UN PREMIO QUE MUCHOS NO MERECEN, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que difunden AM580 Radio Universidad de Córdoba y su FM88.5. En la emisión n° 501 del domingo 4 de febrero de 2018 estos fueron los temas principales:

NEPOTISMO Y DISCRIMINACIÓN, UNA MALA JUNTA
   Muchas veces, en procura de atenuar los efectos de una determinación que puede llevar a conflictos y fisuras en la sociedad, los gobernantes suelen transitar esa delgada cornisa que separa al nepotismo de la discriminación.
   Es simple: en aras de ser y parecer correcto, por huirle al escándalo habitualmente mediático se deja de incorporar a alguien intelectual y honestamente valioso buscando con tal decisión una especie de vacuna preventiva contra el qué dirán: eso no es otra actitud que un acto discriminatorio hacia la propia familia.
   Y en el extremo opuesto a la situación, la hipocresía de reemplazar a quien lo merece por méritos comprobables por amigos del poder, que en sus antecedentes sólo atesoran una militancia que deriva en el consecuente “pago de factura por los servicios prestados”.
   Imagino que esa es la enorme duda de quienes tienen en sus manos la posibilidad de incorporar empleados con buenos sueldos, sin muchas exigencias en cuanto a capacidad, limpieza de prontuarios y otros detalles.
   Pero el problema radica en el abuso de esa lamentable práctica que es el nepotismo que muchos pretenden disfrazar de preocupación por la familia, cuando en realidad no son pocas esas familias que todos están prendidos a la inagotable teta del Estado en los tres poderes, en todas las provincias y municipios en una práctica a la que adhirieron todos los partidos políticos, con las únicas excepciones históricas -así me lo comentaron- de Domingo Faustino Sarmiento y de don Amadeo Sabattini.
   Ahora, cuando el escándalo mediático se hizo imparable, es que se manotean soluciones que no son tales, porque hay casos en que se cae precisamente a la discriminación por no pecar de nepotismo.
   ¿Qué culpa tiene un funcionario que es capaz, honesto, trabajador, sacrificado, de portar un apellido vinculado con el poder?
   Pasa a ser una especie de desocupado por obligación o por decreto, cuando por sus dotes y calidad humana puede ser un orgullo para el propio Estado que lo desplaza.
   Es probable que el mayor causante de estas situaciones sea la falta de exigencias a la hora de las incorporaciones, porque si todas se hicieran por concurso, las cosas estarían lo suficientemente claras como para no dejar dudas ni suspicacias.
   Hay cargos en que si o si, el funcionario necesita y merece a alguien de su mayor confianza como puede ser esposo o esposa, hijos o el propio padre si la situación así lo amerita.
  Pero lo que aquí se ha cuestionado, vale repetirlo, es el abuso de una práctica que ha llevado la situación a plantearnos la duda si la solución viene de la mano de la separación del cargo para atenuar el escándalo, o es un llano acto de discriminación.
   Seguramente los afectados, son los mejores exponentes a la hora de evaluar con seriedad la apresurada solución que se buscó, que tiene un tufillo a demagogia e impacto, frente a otras situaciones en el marco social que son demasiado complicadas de disimular.
    Roguemos que el buen criterio sea el que impere a la hora de todas las decisiones y no tan solo de ésta, que si de ahorro se trata, son monedas en comparación al volumen del presupuesto y del endeudamiento en el que nos estamos sumergiendo.

SCHIARETTI, AMNÉSICO CON LA AUTOCRÍTICA

   Es un clásico de la política autóctona eso de dirigirse al pueblo y cansarse de prometer cosas, porque no son tantos los memoriosos que el día de mañana pueden reclamar por amnesias totales o parciales con relación a lo anunciado.
   Pero cuando un gobernante pregona una rendición de cuentas pero se olvida de ese detalle de la autocrítica, el daño a la sociedad es mayor porque es como si concientemente o no, ofendiera la inteligencia de la gente.
   La enunciación de propósitos es saludable para quien la ejerce porque debe ser parecido a una satisfacción interior placentera y cargada de expectativas.
   Pero para la gente que espera, la frustración suele ser la reacción lógica frente a ciertos olvidos que no pueden ser considerados involuntarios, sino el resultado de acciones mal encaradas u otros motivos valederos o no, pero que terminaron con la esperanza de ver concretadas algunas ilusiones.
   Nada se habló en la Unicameral, del altísimo y escondido endeudamiento de la provincia, aunque haya sido para obras que mejoraran nuestra calidad de vida.
   Nada se dijo de las generosas partidas que envía el poder central para encarar tareas tan necesarias como impostergables, muchas veces anunciadas y jamás realizadas y eso puede considerarse una ingratitud si se recuerda la penitencia que la Nación le impuso al cordobesismo durante tantos años.
   Nada se dijo, porque cuando se habló hace pocos días del tema, nos sacudió una nueva ola de violencia delincuencial, de la mayor preocupación de los cordobeses que es la inseguridad, cuya lucha -dicen que frontal- está a cargo de un bioquímico que puede ser buen político, persona correcta, pero que de seguridad sabe menos que de física nuclear y los resultados están penosa y dolorosamente a la vista.
   Nadie me comentó que hubiera algún mea culpa -que varias veces lo dijimos no es lo mismo que tomar diuréticos- acerca de los papelones de la nueva terminal de ómnibus, del Camino del Cuadrado, de la exageración del Hotel de Ansenuza, del faro sin mar que solo se usa en diciembre y de tantos otros emprendimientos que terminaron en costosos fracasos.
   ¿Que habló de todo lo hecho, de las cosas que se encararon con éxito, de los dudosos avances en salud pública, en educación y en otros aspectos?
   Después de todo, los gobernantes tienen la obligación de hacer las cosas bien y no esperar los aplausos por haber cumplido con su deber porque para eso contribuimos con los impuestos, cada día más elevados, que es de donde cobran sus sueldos.
   Habrá que esperar el paso del tiempo, insobornable analista de las realidades y de los fracasos, para que sepamos, quizá demasiado tarde, que durante tantos años nos estuvieron vendiendo espejitos y piedras de colores.
   Sin embargo no todo está perdido: es en las urnas donde se ve la opinión de la gente, pese a que quien tiene la manija del poder y de la chequera, dispone de suficientes dineros como para vender una imagen de eficiencia y honestidad, que suele resultarnos más caro que las mismas obras que dejaron de hacer.
   La costumbre de la promesa superará a los siglos, pero la matemática es incuestionable.
   Aún más que la bioquímica.

LA MEGACAUSA RETOMA SU PROTAGONISMO
   El regreso de la feria judicial anuncia para la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba, la continuidad de un juicio contra  un ex director de la repartición, convertido a estas alturas del proceso en un caballito de batalla del Poder Judicial para aparentar la persecución a peces gordos.
   Y cuando de gordos hablamos, bien sabemos que nos referimos a los grandes funcionarios,  que ocupaban y aún mantienen altos cargos en el gobierno,  y que además han sido denunciados.  
   No nos meten el perro -al menos a nosotros-  con un repetido y remachado ex director. Resulta complicado entender el razonamiento judicial cordobés que condena  con celeridad a trabajadores  comunes por  supuestos negocios millonarios, de los que no resulta ninguna fortuna, y no investiga  ni somete a sospecha,  a  personajes con inmenso patrimonio, adquirido  ¡oh casualidad! mientras ocupaban altos cargos públicos en la misma época.  
   Se asocia trabajador  con delito y funcionario millonario con impunidad.  Así a la ligera parecería  una alteración del razonamiento,  pero mirado a través del  prisma de la prisión preventiva sistemática, decidida para esos mismos trabajadores y la designación de una comisión especial para juzgarlos y condenarlos,  el sentido común destapa más bien una planeada estrategia destinada  posiblemente a proteger a algunos.  
   Se la suele llamar corrupción.  
   Para colmo de males -y de maledicencias- el fuero que debía combatirla se ha eliminado, y nada más se ha dicho sobre ella.
   Como si no nombrarla la hiciera desaparecer.
   O peor aún, como si cargarla en los hombros de un ex director nos hiciera creer que los de arriba son inocentes. 

MOYANO, UN MODERNIZADO “CARAPINTADA”
   Con demasiada anticipación, en una de esas con el doble objetivo de meter miedo y por otra parte darle tiempo a las eventuales negociaciones (en una de esas por su propia libertad que está en juego) el líder nacional de los camioneros, jefe de una barra brava del fútbol y algunos otros lucrativos negocios, ladró con un paro y movilización para el jueves 22 de este mes.
   Pero no las tiene a todas consigo, porque una buena  parte de la CGT fragmentada le dio la espalda aunque lo apoyen gremios importantes, los Barrios de Pie y otras organizaciones de izquierda, más apegadas al quilombo que al trabajo.
   La cuestión es que desde el gobierno le han hecho saber al ex amigo y eventual socio de Cavallo y de Carlos Saúl I de Anillaco, por aquello de la muerte de los trenes, que no están dispuestos a tolerar aprietes, uno más en el extenso rimero de este sindicalista que de pobre pasó a ser próspero empresario con inversiones en el exterior y otros dudosos ahorros.
   Supo coquetear con el kirchnerismo hasta que la Justicia se les tiró encima y los tienen cercados al menos a las principales “cabezas” de varias maniobras urdidas en beneficio propio y muchas veces a expensas del dinero de los argentinos de bien.
   Acérrimo enemigo del grupo “Clarín” supo bloquear varias veces la salida del diario en un violento ataque a la libertad de prensa y después, cuando no lo requerían tantos micrófonos ni cámaras, vociferaba sintiéndose víctima de un afrenta a la libertad de expresarse.
   Desde algunos sectores se califica a ese movimiento de fuerza como una reminiscencia de aquel plan siniestro que Saúl Ubaldini y sus muchachos tejieran contra el gobierno de Raúl Alfonsín, con paros materos y de los otros que fueron más de 10, marcando una época oprobiosa en cuanto a las relaciones del poder con la obesa y burocratizada dirigencia gremial.
   Muchos de los que ahora se llenan la boca con citas del repertorio peronista, olvidan que fue desde la secretaría de Trabajo y Previsión que el viejo líder se lanzó al campo de la lucha, tomando como base y razón de ser las conquistas para los trabajadores argentinos.
   Desde aquello que “no hay dignidad más alta que el trabajo” mucha es el agua que ha corrido bajo los puentes de la historia argentina, jalonada por igual con victorias y fracasos a lo largo de las últimas décadas.
   Y para colmo a Moyano se le ocurre, porque seguramente el almanaque es su menor preocupación, ordenar una medida de fuerza que amenaza con ser salvaje, en una fecha que con el paso del tiempo será cada día más un símbolo de la sinrazón, que protegió un negociado con una tragedia: seis años atrás, de ese mismo día, ocurría la tragedia de la Estación Once, con un saldo de más de medio centenar de víctimas fatales.
   Un elemento que a lo mejor Moyano tuvo en cuenta para atemorizar o lo que sería peor, que ni se le cruzó por la cabeza que el mismo jueves 22 habrá marchas pidiendo por una pronta aplicación  de justicia efectiva, y no efectista, sobre esa causa.
   Un detalle que todas y todos deberíamos tener muy en cuenta.

LA ENERGÍA ES MÁS CARA, TANTO COMO LA B.A.E.


   Creo, porque no he querido leer en detalle al saber que el aumento de la luz para este mes será del 7 por ciento, mango más o mango menos y después vendrán oootros ajustes, que seguimos teniendo la energía eléctrica más cara del país, al igual que el transporte urbano, el agua corriente, creo que el gas y alguna otra minucia por el estilo.
   Hace tiempo que nada se sabe, por ejemplo, de aquel estandarte de la eficiencia política que exhibían como trofeo de victoria desde unos cuantos años atrás: la central Pilar con lo que nunca más faltaría la electricidad por las estufas en invierno ni por los aires acondicionados y los ventiladores en verano.
   El cordobesismo lo tomó como bandera para sus desfiles y para la permanente activación del ya gastado y percudido promesómetro, al que lustran y ponen a punto, dentro de lo que se puede, antes de cada elección.
   En la última, que les fue como el tugges, aprendieron la lección para un futuro que se les presenta poco auspicioso a la luz del descontento de la gente en varios rubros, aparte del exagerado costo de la electricidad no tan  solo hogareña.
   Hay otros puntos de fricción con la gente y de entre ellos se destaca ese engendro aplicado a la distinción de la inutilidad; a la sobreexposición al ridículo por decir que es una empresa rentable y no deficitaria; a la risa que provoca, dentro de la pena emergente, saber que sus directivos cobrarán largamente seis gordos dígitos como bonificación por ser eficientes, hacia adentro.
   Si. Ya lo sé. Dijeron que la planta política, esta vez no lo cobrará.
   Les creo tanto como lo de los Reyes Magos o aquellos anuncios que nunca más habría cortes de sorpresa.
   De alguna manera se las ingeniarán, en esa alquimia de números a la que entre otros los acostumbró el actual ministro de finanzas, artífice del despojo a los jubilados, para cobrar lo que ellos creen que merecen, cuando lejos están de merecerlo.
   Habrá que estar atentos a las jugaditas que puedan hacer.
   Los muchachos del obreraje eléctrico de Córdoba metieron violín en bolsa cuando les aseguraron que, como lo establece la ley, cobrarán lo que les corresponde -muchos de ellos también con seis dígitos- por tratarse de una conquista gremial de tiempos idos que se mantiene vigente por la fuerza que representa su sindicato y la dependencia ciudadana a su servicio esencial.
   El premio a la eficiencia, bien podría asegurarse a todos los sufridos comerciantes y particulares que resultaron víctimas de esa otra eficiencia, bien rentada, de reconocer con dinero a los fracasados en su gestión.
   Así son las cosas, y lo peor es que nos estamos acostumbrando, en este mundo del revés.