5 de marzo de 2018

El “tren bala” que nunca fue --------


A 300 KILÓMETROS POR HORA
¡10 AÑOS SE PASAN VOLANDO!
   No siempre es grato el festejo o la conmemoración de algún acontecimiento, porque depende en todo caso de qué se trate, si la memoria nos lleva a momentos placenteros o nos trae evocaciones que generan broncas, frustraciones e indignación.
   No es lo mismo festejar un cumpleaños con cotillón, abrazos y burbujas que el aniversario de una partida sin retorno, por ejemplo.
   Y hablando de recuerdos todavía me rondan aquellos viajes en el “Rayo de Sol” del Mitre hasta Retiro en 11 horas, con el placer de gozar buena comida correctamente regada para volver al camarote o al pullman con la satisfacción pintada en el rostro, o el mismo trayecto en el “Serranoche” que hacía idéntico recorrido y partía desde la estación Córdoba un par de horas después que en RDS, pero no tenía camarote.
   El progreso universal nos trasladaba a la realidad europea o a la japonesa, con trenes de velocidades alucinantes como por ejemplo más de 300 kilómetros por hora, lo que hacía suponer que entre nuestra ciudad y Buenos Aires el viaje se reduciría cuando mucho, a menos de 3 horas.
   Y cuando creíamos que el progreso para nosotros había pasado y sin detenerse, en el 2008 los progresistas gobernantes argentinos se emparentaron con empresarios franceses y creo que también con algunos chinos, de donde surgió el rimbombante, esperado y fantástico anuncio: ¡en tres meses se iniciaría la construcción para la puesta en servicio de un “tren bala” que correría entre Buenos Aires, Rosario y Córdoba!
   Para no pecar de detallista, es preferible en este punto reproducir algunos párrafos del diario “La Nación” (que no había sido acusado de “mentiroso”) fechado el 17 de enero de 2008: “Como si el sistema ferroviario argentino estuviera en pleno auge, se prevé que dentro de unos 60 días comience la construcción de un tren de alta velocidad, eléctrico, que unirá las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó ayer (16/01/08) el decreto de adjudicación al grupo Veloxia, liderado por la firma Alstom”.
   El matutino agregaba que al acto asistieron entre otros el ministro de Transportes fránces, Dominique Bussereau; el embajador de Francia en la Argentina, Fréderic Baleine du Laurens; los gobernadores de Buenos Aires, Daniel Scioli; de Córdoba, Juan Schiaretti y de Santa Fe, Hermes Binner; los ministros de Planificación, Julio De Vido, y de Economía, Martín Lousteau y el secretario de Transporte (y mentor del proyecto), Ricardo Jaime, además de los representantes de las empresas que integran el grupo Veloxia.
   Se supo que el tren llevaría como nombre “Cobra” y la Sra. “K” subrayó que “se está dando un salto importante a una modernidad diferente, a una Argentina diferente, que viene a complementar un desarrollo en materia de articulación vial, de comunicación, de transporte que se desarrolla en todo el país".
   El ministro galo Dominique Bussereau afirmó que "aportará progreso y desarrollo y la Argentina será el primer país en el continente que tendrá este tren". Generará unos 5000 puestos de trabajo directos y 20.000 inducidos durante la construcción de la obra. El tendido de 710 kilómetros de vías, que unirá las tres ciudades más pobladas del país, se cubrirá con frecuencias de tres trenes diarios que desarrollarán velocidades de entre 250 y 300 kilómetros por hora. Las estaciones previstas son Buenos Aires, San Nicolás, Rosario, Marcos Juárez, Bell Ville, Villa María y Córdoba.
   Recordemos asimismo que la “década ganada” aportó lo suyo, al conseguir que el viaje en tren entre Buenos Aires y Córdoba se hiciera nada menos que en 18 horas.
   No se sabe cuánto dinero se gastó desde entonces -enero de 2008- en consultorías, estudios de factibilidad, adecuación de estaciones y otros rubros fantasmagóricos, para que de golpe y porrazo se dejara de hablar del quimérico e ilusorio tren.
   No es por cometer la imprudencia de adelantarnos a la historia, pero bueno sería con el tiempo, aunque pasaran otros 10 o más años, que nos preguntáramos ¿De Vido cobra?, ¿Jaime cobra?, ¿Scioli cobra?, ¿Loustau cobra?, ¿Ella cobra?, ¿El “Gringo” cobra?...
   Es poco probable que ninguno de ellos haya quedado en la vía, aunque será también la historia si es que la Justicia interviene para dilucidar todo ese entramado, la que determine entre otras conclusiones que si algo bueno se hizo con ese extravagante proyecto fue denominarlo de esa manera, dejando de lado el facilismo y la obviedad de bautizarlo “tren fantasma”.
   A diez años de aquello, es para reír… y también para llorar.
Gonio Ferrari