18 de abril de 2018

¡Hola “Monito” Carrizo! ----------------


NO MERECE QUE LO DESPIDA Y
POR ESO, PREFIERO RECIBIRLO
   Darle el adiós al “Monito” Antonio Carrizo y a su pasión por la fotografía es más o menos como que alguien se emperre en hacerme creer que con el paso del tiempo se olvidó de andar en bici, de jugar a las bolitas, del primer beso o de esperar cada enero a los Reyes Magos.
   Por eso que “recordar” viene de “re cordis” -volver a pasar por el corazón- basta con mirar una buena foto en La Voz para sentir la presencia de uno de los más hábiles y creativos ladrones de instantes que tuvo el periodismo cordobés.
   Ya lo sé… No se enojen porque no ignoro que también hay otros que abrazaron y aún perpetran eso de cuatrerear imágenes de la realidad para transformarlas mágicamente en historia, más allá de los relojes y de los tiempos. Pero al “Monito” le tocó bailar en la más caprichosa e impredecible de las épocas, cuando andar por la calle era de por sí más que un peligro -como es ahora que te asalten, si son benévolos- el riesgo cierto que te boletearan sin razón, desde una vereda o desde la otra, sólo por cometer el pecado de documentar situaciones.
   Y el enorme mérito de este aún joven pero veterano chasirete -como les llamaban los antiguos- es que se inició más abajo que desde abajo y trepó en base a sacrificio y profesionalismo esa dura escalera que los imbéciles suelen llenar de obstáculos, para llegar a ocupar un lugar de elevada consideración dentro del mundillo periodístico mediterráneo.
   A riesgo de mi propia fragilidad de memoria es probable que me olvide de muchos de los que le aportaron su sapiencia; su generosa mano tendida al empeñoso colega y entonces no se puede omitir a Pedro Carranza, Huguito Allende, Víctor Saavedra, Alfredo Moyano, Dilugo, Beguán y otros quienes desde mocosos aprendieron a su vez de Novello, de Cacho López y de su padre Juan; de Ramirez y de varios más, cuando el laboratorio y su férrea oscuridad era el terreno donde se ganaban o se perdían las carreras contra el tiempo y contra los adversarios en ser primeros o mejores.
   Tuve el privilegio de acompañar al “Monito” Carrizo en más de una instancia crítica, de esas que por encima de nuestra aparente firmeza con la que buscábamos maquillar la pena y el espanto, prevalecía el sentido de cumplir y dar siempre un paso más adelante, de esos pasos que suelen ser el último de un periodista, de un fotógrafo o de un camarógrafo.
   Es cuando se sufre en silencio, se estruja el alma y se aprende -sin ninguna vergüenza- a llorar a escondidas…
   Por todo eso, por los momentos compartidos; por la entrega profesional y solidario sentido del compañerismo aunque hayamos dejado de estar espalda contra espalda en una calle, en un tiroteo, en un incendio, o integrando el mismo equipo de fútbol y también abrazados en el infortunio ajeno o en algunas injusticias, quiero darle al “Monito” Carrizo, mi amigo, la mejor de las bienvenidas a este mágico mundo donde por encima de las urgencias, de los cierres de edición y de las exigencias de una comunidad ávida de documentos gráficos, prevalecen la práctica y el goce del alpedismo.
   Es humana y comprensiblemente imposible dejar de lado este maravilloso vicio que es el periodismo al menos para quienes, al igual que a Carrizo, se nos metió en las entrañas, allí donde atesoramos alegrías y sufrimientos.
   El plato de los recuerdos, de las nostalgias, de las alegrías y de los horrores, está servido para nosotros, los que jamás dejaremos de ser lo que fuimos porque sería pecar de ingratitud a la vida que tanto bueno y malo nos ha regalado.
   Para el “Monito”, justo destinatario de numerosas distinciones por su labor -puedo asegurarlo- nunca habrá un último “click”.

Gonio Ferrari
Periodista casi en reposo