12 de abril de 2018

Sincerar el comercio --------------------------------


EL ENIGMA NO RADICA EN POSNET O NO
POSNET SINO EN EVASIÓN U HONRADEZ
   No tan sólo por seguridad es que se supone fue impuesta la medida de obligar a todo el comercio a la aceptación de tarjetas que suplanten al pago en efectivo, sino a la necesidad que tiene el Estado de reducir la alta incidencia de la evasión generalizada que se perpetra con la vieja y percudida trampa de la mayoría de los comerciantes, de no entregar factura legal por cada venta.
   A los efectos de tener bajo control toda operación comercial por más mínima que fuera, no es un despiste poner como pretexto el peligro que significa la portación de dinero efectivo, dadas las altas tasas de inseguridad  que se registran en cualquier ciudad del país y los argentinos -mal que nos pese- nos hemos acostumbrado a que esa permanente amenaza sea parte de nuestra habitualidad.
   Especulaciones al margen, es para pensar que la obligatoriedad del posnet forma parte de la escalada de sinceramiento de la economía interna, agredida permanentemente por los malos comerciantes que han tomado la evasión como inherente a su actividad. Tomamos como “normal” que en lugar de la factura de ley nos aseguren que si los zapatos que compramos nos quedan chicos, podremos cambiarlos llevando la caja de cartón que los contiene o la bolsa con la identificación del comercio donde fueron adquiridos, por citar sólo un ejemplo.
   De esa manera es que a las exageradas utilidades se suman los impuestos no pagados, porque al comprador ni siquiera lo benefician bajándole el precio descontándole al menos la mitad de lo que se deja de tributar: para el comerciante es negocio redondo.
   Y así como los vendedores tendrán que allanarse a cumplir, los consumidores tienen la obligación de contribuir a ese sinceramiento de precios absteniéndose de comprar en aquellos negocios que persistan en la malsana costumbre de recargar los precios con un mínimo del 10 por ciento a las operaciones con tarjeta de crédito. Sostienen que es la comisión que les cobran los bancos emisores del plástico, pero no dicen en cuánto los beneficia el volumen de ventas con esa modalidad de pago. Resumiendo, si no están conformes con ese sistema, que sólo vendan cobrando dinero contante y sonante, pero entregando la factura correspondiente.
   Es de suponer que en la reglamentación de aplicación de la modalidad de venta cobrando con “dinero plástico” habrá algunas excepciones con los “mini comercios” y algunos servicios puntuales aunque los profesionales de distintas actividades -médicos, abogados, escribanos, arquitectos, etc.- sostengan que el cobro mediante posnet es inviable seguramente porque se terminarían los acuerdos verbales y los hipócritas “plus”, para ingresar a la formalidad.
   Algunos ajustes habrá que hacer, porque a la percepción del ciudadano común, es la única manera de reducir la enorme incidencia que tiene la evasión en varios aspectos de la vida en sociedad: es generadora de precios abusivos, de ganancias inmerecidas y de inflación encubierta.
   Es hora de terminar con los vivillos de siempre que se han venido aprovechando -desde el fondo de la historia- de la incapacidad del Estado para ejercer controles que eviten esas maniobras dolosas.
   Ahora y con el riesgo de caer al reduccionismo, gracias al posnet la situación estará más cerca de la honestidad y se alejará de la vigencia de esa vocación nacional que es la evasión por una parte y el abuso en los precios por otra.
Gonio Ferrari