22 de abril de 2018

S.L.B.: EN EL FESTIVAL DE LOS AJUSTES NO SE AVIZORA UN BUEN DESTINO - EL CASTIGADO CORDOBESISMO Y LA LUZ MALA - JOVEN INTENDENTE MESTRE: ¿ALGUNA VEZ ESPERÓ UN BONDI URBANO? - LA MEGACAUSA SIEMPRE APORTA NOVEDADES - PAUSA PARA EL "MONITO" CARRIZO Y SU CÁMARA - EL "POR LAS DUDAS" Y SUS DAÑOS COLATERALES - ¿ALGUIEN CONTROLA A LOS SERVICIOS MÉDICOS DE EMERGENCIAS?, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” que emiten en dúplex AM580 y FM88.5 ambas de la Universidad Nacional de Córdoba. En la edición n° 512 del 22/04/2018 estos fueron los temas principales:

ASÍ COMO VIENE ESTE  FESTIVAL DE LOS
AJUSTES NO SE AVIZORA BUEN DESTINO
   Es absolutamente cierto que es imposible reconstruir un edificio si antes no limpiamos los escombros. Pero si esa tarea de remoción deja heridos, el precio de la reconstrucción obviamente será más elevado que si se hiciera sin métodos cruentos, aunque la sinceridad de no mentir sea el pretexto que nos hace enfrentar una realidad que día a día nos castiga desde sus dos extremos: la memoria y el futuro.
   Años de despilfarro, asistencialismo, populismo enfermizo, subvenciones a servicios  estatales y privados y ese acostumbramiento a pagar bagatelas por prestaciones realmente onerosas, nos fueron empujando al borde de un precipicio real: el de la pérdida de la confianza, claudicación de convicciones y agorerías de quebrantos, mayores miserias de las heredadas que dejaron de ser pretextos, y helicópteros aprestados, en el delirio de quienes olvidaron su cuotaparte en la responsabilidad de la situación actual.
   No es una exageración calificar de salvaje al festival de ajustes instrumentado desde el gobierno nacional que de manera violenta en lugar de optar por el gradualismo, intenta terminar con enojosos privilegios de los que ahora no se habla, pero que se gozaron durante tantos años pagando dos pesos por el gas, tarifas subsidiadas por la electricidad y monedas por el agua o el transporte público.
   Resumiendo, un sibarítico show del derroche con la doble y lacerante consecuencia de producir acostumbramiento por una parte y real objetivo de calmar el descontento social que es el primer causante de la pérdida de votos.
   Y durante más de una década asistimos sin quejarnos y muchos aplaudiendo, a una fiesta con todos los ingredientes de ocasión, pero al fiado y con la esperanza del “paganunca” o “pagadiós” pero que algún día vendría quien pasaría la factura para ponernos al día porque hasta a la joda al fiado hay que pagarla.
   No olvidemos que el interior en ese aspecto fue el menos afortunado y en muchos casos el más perjudicado por eso de la caprichosa administración de los dineros públicos que iban a parar en cantidad según se tratara de provincias alineadas o no con el poder central.
   En Buenos Aires se llegaron a pagar ridiculeces por muchos servicios y son icónicos los ejemplos del transporte urbano, de los trenes, del subte, del gas y de la energía eléctrica, mientras aquí padecíamos todas las exageraciones que nos aplicaban en idénticas prestaciones.
   Aquí legalizaron el despojo con el nombre de tasa vial en los combustibles y les metieron las manos en los bolsillos ya exánimes de los jubilados: a los nacionales les redujeron ventajas y a los provinciales los despojaron de un buen porcentaje en nombre de una ley trasnochada que legalizó un decomiso incluyendo el desacato gubernamental a una resolución judicial.
   Estamos en crisis y más allá de la vieja sentencia de Churchill cuando pedía “sangre, sudor y lágrimas” en la gran guerra, tomemos conciencia que vivimos una instancia con dos alternativas históricas: la de seguir creyendo que el Estado -que somos todos- tiene que darnos lo que pidamos, o que ese mismo Estado haga recuperar la cultura del trabajo creando fuentes laborales genuinas, estimulando la industria y achicando sus gastos porque no puede ser sólo el administrador de becas y de subsidios.
   Alguna vez el poder debiera respetar el sufrimiento de los más postergados y acentuar su demandante presión en los que más tienen, los que más evaden y los que más desvían fortunas al exterior, lo que a la vez sería atenuar los pesares que afectan a los menos afortunados. La gente hace años viene poniendo sangre, sudor y lágrimas.
   Es hora que los gobernantes pisen la tierra, practiquen la autocrítica y piensen no con la grandeza de la generosidad ni el execrable maquillaje de la demagogia, sino con esa sensibilidad que exhiben en las campañas, que generalmente olvidan después de jurar muchas veces en vano.
   Y eso que lo hacen por la Biblia, por Dios, por los evangelios, por el honor, por la memoria, por los muertos, por la Patria y por tantas otras intenciones.
   Porque no sé si Dios, pero sí la Patria, alguna vez los demandará…

LUZ MALA PARA EL CASTIGADO CORDOBESISMO
   De entrada nomás, vale aclarar que las conquistas sindicales se acordaron en su momento para ser respetadas, razón por la cual que a nadie se le ocurra pensar que lo que se busca es dañar los ingresos genuinos de los empleados de la EPEC. Hecha la necesaria salvedad, lo importante es consignar más allá de cualquier especulación política, gremial o sociológica, en cuánta perversa medida afecta a los cordobeses el precio de la electricidad que recibe y de qué manera brutal (y no es una exageración) impacta en el presupuesto hogareño.
   Tanto el gobierno de la provincia como los directivos de la empresa eléctrica pueden esgrimir los argumentos que mejor se les ocurran, desde las burdas e incoherentes justificaciones que nadie digiere, o los tecnicismos que sólo enturbian una situación de la que es exclusiva responsable la conducción política. Porque es absurdo pensar que en la cúpula desconocen la realidad de creciente y permanente deterioro que caracteriza a la EPEC, monstruo con gerentes y empleados ricos que malsirven a una sociedad más cercana a las privaciones que a la opulencia, a la que esquilman mensualmente por un servicio plagado de huecos y remiendos.
   Que alguien tenga la honestidad de explicar por qué y a causa de qué el cordobés que en diciembre último pagó -por ejemplo- 600 pesos mensuales y este mes, consumiendo menos energía que el doble del mes citado, ahora debe pagar el triple, o sea casi 2.000 pesos.
   ¿Cuál es el agujero negro por donde “se escapan” cifras tan alucinantes si las multiplicamos por la cantidad de usuarios?
   No vengan con la niñería de echarle la culpa a la avidez por el dinero que ellos mismos alentaron en su personal, al llenarlos de prebendas con tal de evitar un malestar social entre unos pocos, pero que ahora esa legítima inquietud e impotencia se agigantan y lesionan a toda la sociedad cordobesa obligada por ser rehén, a pagar caprichos tanto de unos como de otros con el agravante de recibir un servicio decadente y ciclotímico.
   Ya percudido el cuento de la central Pilar no quedan muchos pretextos para seguir en el ejercicio de la penosa demagogia cargada de crueldad e indiferencia, hacia aquellos que no alcanzan a cubrir el consumo porque el precio de la energía crece y los sueldos pierden su poder adquisitivo, salvo en los casos de los privilegiados que gozan de beneficios que no alcanzan a la comunidad, abriendo la puerta a la lucha inevitable en este caso no de pobres contra pobres sino de empleados ricos contra gente pobre, indefensa e incapaz de otras opciones por eso del reinado monopólico.
   Hablar de “resistencia pasiva” negándose masivamente a pagar excesos inalcanzables para muchos, no sería un caso de rebelión sino el ejercicio de la legítima defensa. Poco hubiera costado hacer gradualmente los incrementos de tarifas, en paralelo con los ajustes de salarios que como siempre recorren los escabrosos caminos de las postergaciones.
   El estancamiento tecnológico tiene su precio y no es justo que por imprevisión gubernamental -que viene desde siempre- deban pagar quienes menos debieran asumirlo que somos los usuarios sostenedores de la inmoralidad de un sistema superado por los tiempos.
   Habrá que ver de qué se disfrazan los que ahora desde la comodidad de sus despachos siguen con la gastada perorata del crecimiento de las prestaciones, cuando se desarrolle y acceda al nivel de masivo consumo cualquiera de las energías alternativas, como la solar que es la que más avanza.
   Porque lo acuciante es el hoy; es el día a día en que la EPEC apela a la ridiculez de achicar gastos en pavadas mientras maneja cifras siderales en obsequiosos premios para una eficiencia que no existe, en dilapidar millones de pesos en publicidad politizada en vez de instruir al usuario en las maneras de economizar porque el negocio de la empresa es que la gente consuma, y en pelearse con el gremio después de haber malcriado a varias generaciones, dando el pésimo ejemplo de privilegios que el resto de la masa trabajadora no goza.
   Por todo eso es que necesita esquilmar al usuario para mantenerse allá, en el podio de lo que no debe ser, como  cobrar la electricidad -por lejos- más cara del país para un servicio que se cansa de perpetrar papelones en verano porque hace calor y en invierno porque viene el frío. Los “ganchos” del pobrerío ya son un pretexto que nadie traga porque a veces, los “ganchos internos” son mucho más dañinos sobre todo porque tienen el aislante de la impunidad.
   Dudo que los cordobeses hayamos hecho nada tan salvaje como para merecer esta penosa instancia, tan injusta como irracional y vandálica.

JOVEN MESTRE: ¿ALGUNA VEZ ESPERÓ UN BONDI?
   Es como en cualquier aspecto de la vida, una cosa es que te la cuenten y otra muy distinta es vivirla, como por ejemplo un cabrito a la parrilla que te lo relatan jugoso, apetecible y único o un ligero concepto acerca de la vecina abordablemente generosa, pulposa y ragalona.
   No siempre es lo mismo, igual que en el tema del transporte urbano.
   Una cosa es que al intendente le pinten un panorama ideal, en este caso con frecuencias que se cumplen en el intrincado trazado de esta Córdoba apabullante y atropelladora y nada parecido a la realidad que cotidianamente y sin anestesia viven -mejor dicho vivimos- los usuarios de esta decadente prestación.
   Van varios domingos que caemos al mismo tema, pero parece que a los empresarios ni a la Muni les entran balas porque el panorama, en líneas generales, en lugar de mejorar o al menos amesetarse, se ha venido y se seguirá agravando a medida que pasen los días hasta que por fin, para delicia empresaria, se aplique el nuevo precio del boleto.
   El problema es el mientras tanto, que la descarada injuria contra los usuarios que somos sostenes de un sistema perverso, se acrecienta porque los dueños de los bondis son los que mandan por encima del gremio y lo que es más grave, del propio poder concedente que es la Municipalidad de Córdoba.
   Seguramente el joven intendente, dado el nivel de su cargo, no sea usuario del transporte público de pasajeros y conozca los ómnibus y los troles sólo cuando lo invitan con todo el protocolo del caso a presidir alguna aislada ceremonia de expansión del servicio.
   Pero que alguna vez haya tenido que soportar el plantón y la injuria de esperar más de media hora junto al poste, es para dudarlo.
   Entonces bueno sería, antes de cualquier otra consideración que pudiera ser tomada como exagerada u ofensiva, imponer el formalismo de preguntarle a nuestro joven y candidateable a gobernador, por ahora intendente municipal de la ciudad de Córdoba: ¿Alguna vez asumió la aventura urbana de esperar un bondi en cualquier parada para viajar como ciudadano?
   Puedo asegurar lo ansiosos que estamos esperando una respuesta…

LA MEGACAUSA SIEMPRE APORTA NOVEDADES

   Las últimas novedades de la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba, que no se queda quieta pese a  no publicarse  en los diarios, muestran que la investigación seguiría escarbando entre los empleados,  aparentemente  reiterando la curiosa metodología de imputar a los amigos de los amigos de los amigos, a quien atendió el teléfono, a quien  se sentaba al lado, a quien abrió la puerta, a quien encendió la computadora, y en algunos casos, hasta a quienes  estaban de vacaciones.
   Sin cuestionar que se investigue, como es misión del Poder Judicial, lo llamativo, a contramano de lo que está ocurriendo en el mundo,  es que esta meticulosidad justiciera parecería adolecer de cierta ceguera, sordera,  y pérdida de demás sentidos,  a la hora de identificar a los altos funcionarios  responsables de los hechos.  
   Y ni siquiera sería necesario gran derroche de  sana crítica racional, dado que los funcionarios en cuestión  han sido concretamente acusados en los juicios.
   La realidad es que se sigue juzgando,  re-juzgando, condenando y re-condenando a los mismos.  Y es probable que ya no se publique  porque además de aburrido,   a ningún lector le resulte creíble.  
   Es lógico y esperable que el  sentido común colectivo, aunque aturdido por la interesada propaganda mediática, empiece a preguntarse por los poderosos.  Es lógico que concluya que sin poder y contactos estos delitos no se cometen.  Es lógico que reclame por los  funcionarios acusados y es lógico que desconfíe de las denuncias velozmente desestimadas que los involucran.
   En fin, es lógico que los ciudadanos, en algún momento, despierten para reclamar Justicia.

EL “MONITO” CARRIZO NOS SORPRENDIÓ
A DIARIO  CON SUS  LAUREADOS CLICK’S
   Darle el adiós al “Monito” Antonio Carrizo y a su pasión por la fotografía es más o menos como que alguien se emperre en hacerme creer que con el paso del tiempo se olvidó de andar en bici, de jugar a las bolitas, del primer beso o de esperar cada enero a los Reyes Magos.
   Por eso que “recordar” viene de “re cordis” -volver a pasar por el corazón- basta con mirar una buena foto en La Voz para sentir la presencia de uno de los más hábiles y creativos ladrones de instantes que tuvo el periodismo cordobés.
   Ya lo sé… No se enojen porque no ignoro que también hay otros que abrazaron y aún perpetran eso de cuatrerear imágenes de la realidad para transformarlas mágicamente en historia, más allá de los relojes y de los tiempos. Pero al “Monito” le tocó bailar en la más caprichosa e impredecible de las épocas, cuando andar por la calle era de por sí más que un peligro -como es ahora que te asalten, si son benévolos- el riesgo cierto que te boletearan sin razón, desde una vereda o desde la otra, sólo por cometer el pecado de documentar situaciones.
   Y el enorme mérito de este aún joven pero veterano chasirete -como les llamaban los antiguos- es que se inició más abajo que desde abajo y trepó en base a sacrificio y profesionalismo esa dura escalera que los imbéciles suelen llenar de obstáculos, para llegar a ocupar un lugar de elevada consideración dentro del mundillo periodístico mediterráneo.
   A riesgo de mi propia fragilidad de memoria es probable que me olvide de muchos de los que le aportaron su sapiencia; su generosa mano tendida al empeñoso colega y entonces no se puede omitir a Pedro Carranza, Huguito Allende, Víctor Saavedra, Alfredo Moyano, Dilugo, Beguán y otros quienes desde mocosos aprendieron a su vez de Novello, de Cacho López y de su padre Juan; de Ramirez y de varios más, cuando el laboratorio y su férrea oscuridad era el terreno donde se ganaban o se perdían las carreras contra el tiempo y contra los adversarios en ser primeros o mejores.
   Tuve el privilegio de acompañar al “Monito” Carrizo en más de una instancia crítica, de esas que por encima de nuestra aparente firmeza con la que buscábamos maquillar la pena y el espanto, prevalecía el sentido de cumplir y dar siempre un paso más adelante, de esos pasos que suelen ser el último de un periodista, de un fotógrafo o de un camarógrafo.
   Es cuando se sufre en silencio, se estruja el alma y se aprende -sin ninguna vergüenza- a llorar a escondidas…
   Por todo eso, por los momentos compartidos; por la entrega profesional y solidario sentido del compañerismo aunque hayamos dejado de estar espalda contra espalda en una calle, en un tiroteo, en un incendio, o integrando el mismo equipo de fútbol y también abrazados en el infortunio ajeno o en algunas injusticias, quiero darle al “Monito” Carrizo, mi amigo, la mejor de las bienvenidas a este mágico mundo donde por encima de las urgencias, de los cierres de edición y de las exigencias de una comunidad ávida de documentos gráficos, prevalecen la práctica y el goce del alpedismo.
   Es humana y comprensiblemente imposible dejar de lado este maravilloso vicio que es el periodismo al menos para quienes, al igual que a Carrizo, se nos metió en las entrañas, allí donde atesoramos alegrías y sufrimientos.
   El plato de los recuerdos, de las nostalgias, de las alegrías y de los horrores, está servido para nosotros, los que jamás dejaremos de ser lo que fuimos porque sería pecar de ingratitud a la vida que tanto bueno y malo nos ha regalado.
   Para el “Monito”, justo destinatario de numerosas distinciones por su labor -puedo asegurarlo- nunca habrá un último “click”.

LOZANA VIGENCIA DEL “POR LAS DUDAS”
   Seguramente se debe a la experiencia argentina en materia de inflación, que el ingenio de los empresarios y comerciantes los empuja a prácticas no muy santas ni correctas, pero que en alguna medida cubren los riesgos a las que están sometidas sus inversiones.
   También es para pensar sin dudas, que desde tiempo atrás, cuando la inflación entró a formar parte de la habitualidad argentina hasta el punto de aprender a convivir con ella, como con una amante que te pone los cuernos, que los argentinos fuimos a la vez comprendiendo la situación por una parte y por la otra, creando los propios anticuerpos.
   Nació allí el mecanismo líricamente llamado “por las dudas” que consiste en aumentar los precios aunque no existan motivos fundados para hacerlo, pero los rumores de desastre así lo venían imponiendo.
   Y esa operatoria del miedo a los aumentos ha sido y sigue siendo el mecanismo más perverso que lleva a situaciones tan ridículas como advertir que al productor le pagan, digamos, un peso el kilo de papas que cosechó con sacrificios, pero en la góndola del súper o en la verdulería del barrio te la venden a 20 mangos por kilo.
   Esa es la deformación que aporta el “por las dudas” ya que en tal mecánica caen todas las etapas de la comercialización desde el primero hasta el último eslabón del proceso.
   Y naturalmente quien se jode es el consumidor, obligado por las circunstancias a pagar muy por encima de la inflación real que existe, pero no en los niveles de la aplicación del precio final.
   Y eso no tan sólo ocurre con las verduras o los alimentos en general, sino que penosamente lo advertimos en cualquier artículo, desde los medicamentos -donde los aumentos son escandalosos, los pagas o te mueres- hasta en el precio de los autos, de las camisas, de las bombachas o del vino cabernet.
   Ese “por las dudas” le está haciendo a nuestra economía, tanto nacional como hogareña, un daño mayor que la realidad de una inflación que es innegable, pero que no cede por esas maniobras de los inescrupulosos.
   Cuando se legisle sobre este particular, ni se imaginan los buenos resultados que pueden llegar a obtenerse.
   Y todos, sin dudas, en beneficio de la gente.

¿CONTROLAN A LOS SERVICIOS DE EMERGENCIAS?
   Es muy probable que nada estrese más a cualquier persona, que enfrentarse a una crítica situación y sin obtener respuestas que alguna vez le aseguraron, por las que generosamente paga con parte de su sueldo, ya sea estatal o privado, activo o jubilado.
   Lo de las empresas que dicen atender emergencias es emblemático, sobre todo porque el común de los argentinos no sabe diferenciar lo que es “urgencia” de lo que significa una emergencia.
   Pero dejando de lado ese detalle que no es menor y que con celeridad se debe abordar para ilustrar a la población en tal sentido, se hace necesario distinguir a las empresas eficientes y a las otras, las que más les interesa la recaudación que la calidad y celeridad de la prestación.
   Y nada mejor que ilustrarlo con un ejemplo: meses atrás, desde la empresa Vittal ante un pedido de asistencia por un eventual ACV de acuerdo con los síntomas, se informó una demora ¡de ocho horas para atender el caso!
   La persona afectada, jubilada de la Provincia, debió acudir a la medicina particular que en efecto, certificó la gravedad del caso y aplicó el tratamiento adecuado, que con la demora informada por Vittal hubiera sido tardío.
   Se elevaron quejas, hubo un relativo despliegue mediático, pero desde Vittal nadie se preocupó en aclarar la situación.
   Días atrás y por experiencia propia, una señora mayor tuvo una descompostura similar por un pico de presión arterial y por fortuna estaba en un local de Alta Córdoba que contaba con el amparo de la empresa EMI, la que fue convocada frente a tal circunstancia.
   En 20 minutos el personal de la ambulancia había atendido a la paciente, la había estabilizado e incluso se le hizo un electrocardiograma para asegurarse que no se había tratado de un infarto.
   Esas son las diferencias entre una empresa sensible al requerimiento de atención como lo es EMI y la imagen meramente recaudatoria que mostró Vittal, encargada entre otras áreas, de atender a jubilados cordobeses.
   Es para pensar que a la hora de la elección, nada mejor que nutrirse de antecedentes válidos.
   Como es este caso.
   Porque el problema más serio de estos servicios, es que todo indica que nadie del poder controla la calidad de sus prestaciones.