1 de mayo de 2018

Para celebrar y pensar ----------

HOY, DIA DEL TRABAJADOR
   Hoy es el día nuestro, de los  que  abrazamos  la  cultura del trabajo, que no deja de ser una innegociable  convicción que nos enaltece ante la sociedad. No hay para qué extendernos en discursos, sino más bien en una especie de enunciación de principios,  que hacen  a la dignidad de trabajar.
    Como siempre y en casi todo el mundo, la celebración del día del trabajo, o del trabajador, es motivo para reuniones multitudinarias como los casos de La Habana y Moscú por ejemplo, o con la sagrada expresión del locro, entre nosotros. 
   Aquí el clima en los años más recientes ha sido adverso para los seguidores del criollo potaje, porque la temperatura más cercana al calor que al fresco, acentúa los efectos de una ingesta que por lo general, es descontrolada y los efectos se advierten recién por la noche o entrada la madrugada, cuando es común que en los casos de los matrimonios, se produzcan ruidosos y momentáneos divorcios o abandonos del lecho.
  
Quiero de paso ofrecer un humilde reconocimiento a todos los dirigentes sindicales que ofrendaron buena parte de sus vidas, en la diaria fragua de la lucha gremial, sin claudicaciones ni privilegios. A los que siguieron siendo ejemplo de fervor laboral en su trabajo cotidiano y no vivieron prendidos a la licencia sindical, en cuyo nombre se cometen tantos abusos. 
   Quiero eximir de este reconocimiento, por estrictas cuestiones de justicia, a los que se sirven de su condición de dirigentes, en provecho propio, de sus familiares, de los amigos y de las amigas, porque no merecen figurar en el cuadro de honor de los honestos.
   Quiero, en definitiva, valorar el esfuerzo de tantos hombres y mujeres que se dignifican laburando, sacrificando su descanso, buscando siempre algo más para hacer; para sentirse útiles, para saberse capaces, que es la manera más maravillosa de sentirnos libres.
   El actual marco referencial no es el mejor, con el creciente número de desocupados reflejado en algunas estadísticas, el deterioro del salario en su poder de compra, los aumentos en mercaderías y servicios y una inflación agazapada que nos castiga sin misericordia.
   Por otra parte las becas a la vagancia (algunos les llaman planes o subsidios) no hicieron otra cosa que robar la poca dignidad que les quedaba a muchos argentinos, que optaron por eso: la dádiva en lugar de transpirar, precisamente para dignificar y adecentar lo que ganaban.
   Debemos reconocer también la culpa de muchas empresas, que cuentan con dos curiosos mecanismos destinados a la reducción de sus planteles: las tecnologías aplicadas a mansalva y la injuria del pago en negro, no para beneficiar al trabajador, sino como otra manera de evadir tributos e impuestos. 
   Seguramente con la madurez democrática que aún no hemos alcanzado plenamente pese al imperio de la libertad y la democracia, llegará el momento en que la sinceridad que se viene recuperando en su ejercicio, se coloque por encima de la especulación.
   El movimiento obrero cuando se limita a oficiar de columna vertebral de cualquier corriente política, sacrifica su esencia solidaria para transformarse en un vehículo que generalmente beneficia sólo a la dirigencia y posterga a las bases como resultado de un repudiable estilo de sometimiento de los más débiles a manos de los poderosos, que consiguen encaramarse en la política partidista que es donde nacen para ellos todos los olvidos y las amnesias. Y del yugo patronal se muda a la sumisión y la esclavitud de los que mandan, disfrazados de benefactores del trabajador que pasa a ser instrumento de las apetencias de los popes del sindicalismo que sin trabajar, fortalecen su vocación de prosperidad personal y eternidad en las conducciones.
   Cuando se alcance a comprender que la lucha sindical debe igualar hacia arriba a los trabajadores y no tan sólo encumbrar a la dirigencia, se hará carne en los argentinos aquello que sostenía Ghandi: “Dios ha creado al hombre para que gane su sustento trabajando, y ha dicho que aquel que come sin trabajar, es un ladrón”.
   Es una simple cuestión de entrega, sacrificio y compromiso con y por sus pares.
Gonio Ferrari