26 de julio de 2018

A 66 años de su muerte ---------------

EVA PERÓN, ANTES DE PARTIR,
ERA YA UNA LEYENDA VIVIENTE
   Seguramente la historia, esa implacable madre de todas las verdades que atesoran los tiempos, será la encargada de guardar y reflejar la realidad documentada de aquella época tan especial para nuestro país, que fuera la década -se sabrá con el paso del tiempo si ganada o perdida- del 45 al 55 del convulsionado siglo veinte.
   Al reseñar algunos aspectos de la corta vida de Eva Perón, solamente podemos resumir las pasiones que inspiraba, entre la admiración y el recelo, según fuera quien opinara, porque aunque parezca mentira la historia es demasiado reciente como para poner en la balanza los criterios citados por distintos autores que, sin dudas, abrazan disímiles ideologías y corrientes de pensamiento.
   Pero a esta hora, cuando se cumple el 66° aniversario de su desaparición física, miramos en todas direcciones y salvo algunos aislados homenajes y recordaciones, llegamos al convencimiento que no han sido muchos como lo fueran en tiempos idos.
   El signo político que gobierna desde varios años atrás a nuestra provincia, enfrascado en sus agudos problemas de índole social, la inseguridad, el endeudamiento, su casi constante pelea con la Intendencia Municipal, la insensibilidad de la APROSS, la conflictiva situación de la EPEC, el crecimiento del narcotráfico y en otras cuestiones francamente traumáticas e irresueltas, cayó en la parcial omisión de homenajear y evocar la memoria de una de las mujeres más destacadas del siglo pasado en el mundo, o está siendo víctima de una especie de inexplicable amnesia que la verdadera militancia peronista no merece.
   La señera figura de María Eva Duarte de Perón, ex mediocre actriz, abanderada de los humildes, Santa Evita, líder de los descamisados, Jefa Espiritual de la Nación, consolidó méritos suficientes por su trascendencia histórica como para de ninguna manera ser parte de la inmerecida oscuridad de los olvidos.
   Amada por unos y odiada por otros, fue un luminoso jalón en el devenir de los argentinos especialmente por su incansable lucha por la justicia social y contra el mal que lenta y fatalmente la consumía.
   Escribió páginas brillantes con su enorme sentido de la solidaridad y también deslumbró con su glamour, joyas y pieles en sus visitas a la vieja Europa.
   Murió tras una penosa agonía a los 33 años, demasiado joven, entusiasta y emprendedora para encarar las necesarias transformaciones que requería la República y se recuerda su renunciamiento a integrar la fórmula presidencial junto al general Perón, de quien era su segunda esposa.
   Desde el siglo pasado y aún ahora se la puede adorar, discutir, imitar, tomar como ejemplo o repudiar.
   Pero nunca ignorarla.
   Y peor aún esconderla.
   Era un símbolo para amar u odiar.
   Fue leyenda viviente y su partida la transformó en mito.

Gonio Ferrari