24 de julio de 2018

El penoso caso de Natalí -------------

LA MUERTE MÁS DOLOROSA ES
AQUELLA QUE SE PUDO EVITAR
   Partiendo de la base que la APROSS no es una obra social sino una administradora de servicios de salud, de entrada nomás tal definición nos la presenta como una empresa más apegada al lucro que a la sensibilidad, dejando marginada esa función de trabajar más por el bienestar de sus afiliados al estar notoriamente superada por un cometido administrativo.
   Y así son los resultados con un organismo superpoblado que de acuerdo con el comentario generalizado es otro de los destinados a bolsa de trabajo en muchos casos para pago de favores políticos o compromisos con laboratorios y profesionales.
   Y como una gigantesca máquina de decir que no, desenvuelve sus objetivos con un amplio sentido negativo: no reconoce -es sólo un ejemplo- la condición de enfermedad crónica a la hipertensión en los adultos mayores, ha tercerizado las emergencias que ha sabido anunciar demoras superiores a las 8 ¡ocho! horas, otros absurdos y permite una actualización periódica de eso que se aplica como “coseguro” para maquillar aquella ridícula y desterrada pésima costumbre del plus.
   Pero todo esto se empequeñece frente a una muerte que bien pudo evitarse y peor aún cuando la víctima de la desidia fue una sufrida adolescente. La trama burocrática fue más desalmada que la propia enfermedad; se mostró más insensible que las necias dilaciones y los inexplicables requerimientos, cuando la gravedad de la situación imponía trámite sumario frente al sagrado deber científico y humanitario en defensa de la subsistencia terrena.
   Ocho meses para resolver un traslado a Brasil, cuando vemos ya sin asombro que se dilapidan millones de pesos en viajes políticos y sociales de dudosa necesidad y urgencia o se derrocha en gastos superfluos o inoportunos a los que el “cordobesismo” ya se habituó.
   Natalí -15 luminosos años- partió sin regreso porque su mal fue más veloz que la pachorra estatal. Dudo que los parásitos cultores de la burocracia hubieran aguantado el calvario que debió soportar ultrajada de dolor, olvidos y dejadez, una niña que recién se asomaba a la vida.
   Ella por fin, merece descansar en paz.
   Los otros, los culpables, no merecen ni siquiera misericordia…

Gonio Ferrari