23 de septiembre de 2018

S.L.B.: PRESUPUESTO NACIONAL, ATAQUES DE AMNESIA Y CERO AUTOCRÍTICA - SECTOR DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL OCUPADO: ¿NECESITAN UNA VÍCTIMA? - TRÁGICO HECHO RELACIONADO CON LA MEGACAUSA - YA ESTAMOS GOZANDO LA PRIMAVERA - OTRO PARO TAN INÚTIL COMO LOS ANTERIORES - ESTÍMULO AL TRABAJO JOVEN Y EMERGENTE PRECARIZACIÓN, ETC.

Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” del 23 de septiembre de 2018 -edición n° 535- emitido por la FM88.5 de Radio Universidad de Córdoba.

EL  PRESUPUESTO, LAS  AMNESIAS Y ESA
COSTUMBRE DE OBVIAR LA AUTOCRÍTICA
   Debemos ser objetivamente sinceros al sostener que estos últimos días no han sido ni aproximados a un mínimo brillo las acciones emprendidas por el gobierno central en procura de que al menos pisemos el freno al avance de una crisis que, para los pesimistas y desencantados de siempre era terminal y con delirante pronóstico de helicóptero, pero la realidad tibiamente muestra que las posibilidades de emerger no son tan remotas.
   No es para una noche de fuegos artificiales el hecho que el dólar haya bajado unas monedas en su cotización alcista, ni que hayamos visto disminuidos los índices que marcan el riesgo país.
   Las últimas negociaciones mantenidas y las que seguramente ahora está manteniendo nuestro presidente en los Estados Unidos son una luz de esperanza por encima de los fúnebres pronósticos de aquellos que tuvieron en sus manos el poder y por ende las soluciones, y nos fueron hundiendo en este cenagoso pantano de la rapiña, del saqueo y de la corrupción estructural, en algunos casos y según se comenta, con cierta bendición religiosa.
   La sesión de la comisión respectiva en Diputados para que el ministro Dujovne presentara o anunciara los lineamientos del proyecto de presupuesto para el 2019 dejó demasiada tela para cortar, porque más allá de los técnicos, actuaron ex funcionarios ahora legisladores mostrando curiosos ataques de amnesia y escasa inclinación por la autocrítica.
   Es cierto que para muchos puede sonar a fantasía el superoptimista pronóstico macrista de un dólar basculante que no superaría los 40 pesitos, peso mas o peso menos, a lo largo de un año al que para empezar a vivirlo, aún nos restan nada menos que 99 días…
   Y si en una semana como la pasada el verde se aposentó en las nubes, es lógica la inquietud de la gente en cuanto a nuestro futuro, pero se olvida un detalle que puede jugar tanto a favor como en contra de cualquier proyecto a corto plazo: el 2019 es, posiblemente, el año electoral que puede erigirse en el más sorprendente de la historia argentina.
   Los índices de PBI e inflación acumulada según se sostiene están bajo control y pese a que en lo personal abrigue ciertas dudas por lo indomable, ambicioso y angurriento de nuestro empresariado, es cuestión de pensar que habrán de colaborar por una mera certeza atribuible al humano instinto de conservación.
   Sostienen desde el poder que las exportaciones crecerán cerca del 21 por ciento interanual basándose en la producción agrícola, las exportaciones de energía por el desarrollo de Vaca Muerta y exportaciones industriales junto a la mejora en el tipo de cambio real y la aceleración de Brasil.
   Y como fue tan dura la espiral inflacionaria, se aguarda una desaceleración proyectando valores interanuales de un 23 por ciento a diciembre del 2019, con la ilusión que suena más a utopía.
   Este muchachito Kicillof, ahora diputado, dijo que le querían imponer al Congreso Nacional un proyecto a libro cerrado, proyecto de presupuesto que calificó “espantoso, que no se puede votar” y pues bien, si es su íntima convicción, ajustado a su derecho, que no lo vote y es mejor recordar textualmente sus palabras:"¿Por qué hay diálogo y consenso con el Fondo Monetario Internacional  y no hay con nosotros para mejorar un presupuesto espantoso que no se puede votar?", inquirió el exministro de Economía.
   A la hora del futurismo político, Kicillof dudó que el equipo económico actual pueda cumplir con su intención de mantener el precio del dólar al promedio enunciado.
   En cuanto a la más mínima autocrítica acerca de su gestión, no existió a lo mejor porque no era el ámbito adecuado aunque todavía flotan en la memoria las cordiales y promocionadas reuniones que mantuviera este pibe con la máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional.
   Habrá que ver qué sucede de ahora en adelante, cuando se vote el presupuesto y si se aprueba, cuáles serán las reacciones de los mercados.
   Aunque lo más importante, de verdad, será evaluar el comportamiento del comercio, de los políticos, del empresariado y del sindicalismo.
   Y desde allí, la historia, nuestra historia,  volverá a rodar.

UNA OCUPACIÓN DAÑINA Y CAPRICHOSA

   A la hora de evaluar como una persona cualquiera la cuestión de la ocupación de un importante sector de la Ciudad Universitaria por un grupo de alumnos, docentes, políticos y los zampados de siempre, concurren al análisis varias dudas e incertidumbres difíciles de ser digeridas.
   Si la lucha es por una mejor educación, no será con guarangadas que consigamos ese claro objetivo.
   Si lo que se busca es fortalecer posiciones ideológicas, los mismos ocupantes si no son opas, habrán advertido que la comunidad universitaria en su mayoría los está cuestionando, por eso del derecho a estudiar que los okupas están vulnerando.
   Si se trata de una maniobra de las tantas que suele propiciar el sector más fundamentalista de la izquierda para llamar la atención, el objetivo está cumplido, demostraron que son fuertes en la acción, pero es débil el consenso que los acompaña.
   ¿Cuál es entonces el peligro?
   Las autoridades de nuestra cuatrisecular universidad han demostrado demasiada paciencia y una actitud contemplativa, lo que les ha permitido en alguna medida serenar los espíritus guerreros y poco a poco han ido guardando las lanzas aquellos que al principio aparecían como los más belicosos.
   El drama puede sobrevenir si el fracaso corona la acción emprendida por ese grupo de intolerantes, invasores, violadores de la propiedad privada y escollo para dos actividades: la de enseñar y aprender que alienta a profesores y alumnos y a ejercer el comercio como es el caso de concesionario del comedor, donde diariamente se alimentan decenas de estudiantes, ahora imposibilitados de contar con ese beneficio.
   Y el concesionario, haciéndose cargo de las pérdidas, del lucro cesante, de los daños y de todo el resto de las consecuencias.
   Y es para reiterar la pregunta: ¿cuál es entonces el peligro?
   Y como son pocos los militantes del fracaso, no vaya a ser que estén presionando de tal manera para generar una represión con final luctuoso o no, pero con elevada carga de violencia.
   ¿Por qué?
   Muy simple: porque los violentos cuando advierten que están por pisar los umbrales de la paz y del acuerdo, suelen apelar a cualquier recurso para fabricar una víctima.
   Y sería demasiado doloroso que eso llegara a ocurrir.

Megacausa del Registro de la Propiedad ------------------------------------
UN PENOSO CASO QUE ES NECESARIO INVESTIGAR A FONDO 
   Desde que pocos años atrás tomamos el compromiso de seguir paso a paso lo que acontecía con la prolongada causa del Registro de Propiedad de la Provincia, en este espacio pusimos en claro que la posición de este periodista no era la de fiscal, defensor, juez ni verdugo sino simplemente hacerle llegar a la sociedad un panorama de ese asunto, sin filtros ni condicionamientos.
   La aplicación indiscriminada de la prisión preventiva que según los códigos es la excepción pero que en este caso se transformó en regla, es lo más indignante porque su práctica es violatoria de uno de los derechos más sagrados del ser humano: el derecho a su libertad cuando de mediar la Justicia se trata.
   “No me canso de clamar y repetir que  soy totalmente inocente, fiel al Registro General de la Provincia durante mis treinta años de servicio honesto y responsable, jamás en mi vida he cometido delito alguno, contra nada ni contra  nadierazón por la cual voy a defender mi inocencia hasta la última gota de mi sangre.”
   Tales palabras sellan los infinitos reclamos presentados por Ramón  Andrés Pérez en la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba. Una sola lectura basta para comprender,  que más que insensible, resulta tan insensato como inexplicable no revisar su causa.  
   El 11 de agosto de 2009 Ramón Andrés Pérez fue detenido en su trabajo, en un operativo digno de ser calificado como mediático reality judicial. 
   Sin imputación ni juicio previo, fue encerrado en prisión preventiva durante 20 meses, pese a carecer de antecedentes penales y ser dueño de un legajo intachable. 
   En su juicio, dos años más tarde, desfilaron cientos de testigos a su favor.  Nadie lo acusó, ni su firma apareció en ninguna irregularidad.
   Pero la comisión especial confirmó la condena “ya cumplida”.
   Durante años, ni su voz ni su lapicera cesaron de pedir justicia, a un sistema judicial que había encriptado sus tímpanos en una actitud censurable por lo caprichosa. Quien quiera que pregunte por él, confirmará que en el Registro, en los colegios profesionales, en la calle, o a donde sea, su inocencia es un secreto a gritos.
   Gritos que, al igual que los cientos de notas y denuncias que él mismo presentó ante las autoridades entre los años 2003 y 2009, son curiosamente ignorados por quienes investigan.
   Hace una semana Ramón Andrés Pérez dejó físicamente este mundo, aunque su nombre y su demanda permanecen vivos. No me caben dudas que lejos de esa Justicia que manejan los hombres, los intereses y las intrigas, ha encontrado la paz y la justicia que merece.
   Y aquí entre nosotros frente a la sordera y la indiferencia, el mayor de mis respetos para quien con su clamor pidió sin ser escuchado, un juicio sin mañas, ocultamientos, complicidades ni encubrimientos, hasta la última gota de su sangre.
   Así se fue Ramón Andrés Pérez, de quien la historia judicial dirá alguna vez que sin ninguna prueba en su contra, fue víctima de una interesada o impuesta sordera.
   O de un penoso e icónico caso de obediencia debida.

YA ESTAMOS GOZANDO LA PRIMAVERA
    Me provoca un enorme placer evocar las expectativas con que esperábamos cada 21 de septiembre, porque eran mayores que para la Nochebuena, el año nuevo o el propio cumpleaños.
   Más allá del clásico picnic junto al río, del acné, de la primera curda con sangría o del piquito que robamos a la compañera de banco, estaba aquella maravillosa actitud de saberse joven, mucho más joven que los anticuados y vetustos viejos, por entonces de 30 años.
   Esperábamos ese día, el Día de la Primavera, el Día del Estudiante, sin conocer ni sospechar la preocupación de alguna profesora, que debía ingeniárselas para contener a esa banda mafiosa de 40 vándalos que aguardaban de ella algo más que el pancho, la medialuna y la coca, sino a veces descubrirla como mujer, hipnotizados en el escote o en las piernas.
   Bariloche estaba demasiado lejos, no era moda y entonces el Parque Sarmiento, los Pozos Verdes, la pileta San Cayetano, las costas del Lago San Roque o las orillas del Suquía en La Calera eran las accesibles metas de nuestra liberada, evidente, húmeda e irrefrenable revolución hormonal.
   Nadie por aquellos días tenía la idea del paco, del raviol ni del porro, sino la fijación del Saratoga o el Wilton a escondidas y del porrón, en los tiempos que el fernet era un medicamento para el frío en la panza.
   La mayoría de los enfervorizados varones tomaba a su cargo en la secundaria -esperando que atendiera el farmaceutico- la sonrojada vergüenza de comprar un preservativo, dentro de la mayor ignorancia acerca de su colocación y uso práctico.
   ¡Eramos tan pavos!, inequívoco signo de nuestra edad.
   Y ellas tan bellas, esquivas y deseables, como lo imponía nuestra libido en los gloriosos tiempos de su crecimiento y explosión.
   Pero ahora, antes de encarar la inevitable tarea de plumerear el nicho y por una cuestión de nostalgia, asumimos pese a todo la íntima llegada de la mejor estación del año, divagando en sueños la quimera que los almanaques y los relojes se hubieran detenido.
   Porque es una cuestión de saber vivir.
   De saber crecer y madurar con dignidad, porque es una afrenta a los tiempos empeñarnos en ser eternamente jóvenes.
   Lo trascendente, es evitar la pena de sentirse viejo.
   Por esa juventud de hoy a la que miramos con el amor y el respeto de la inútil envidia, mi cariño y el brindis jubiloso.
   Como todos los jóvenes se lo merecen.
   Y que nosotros, alguna vez, también lo merecimos.


NUEVO PARO TAN INÚTIL
COMO LOS  ANTERIORES
   Salta a la vista que esta nueva paralización dispuesta por la CGT nacional tiene legítimas motivaciones si tomamos en cuenta la crisis que viven los sectores más postergados o menos favorecidos de la sociedad argentina
   Negar la situación apremiante que se renueva con cada anuncio de ajuste que ofende al bolsillo y las esperanzas de la gente sería de una suprema necedad, la misma necedad de aquellos que piensan que solo se trata de una reacción de la corporación sindical y no parte de una orquestada maniobra para debilitar al poder central.
   El paro en si, analizándolo desapasionadamente, viene a constituirse en la medida menos aconsejable si de superar una situación conflictiva se trata, porque la única manera de vencerla es trabajando y produciendo y no paralizando a un país entero al menos en su fuerza productiva, porque la dirigencia gremial vive precisamente de no trabajar con lo que ante sus bases pretende consolidar una imagen opositora, guerrera y combativa.
   Dejemos de lado el modelo japonés de la protesta, que consiste en trabajar más para crearle a las industrias un exceso de stock, que les obliga a bajar los precios y extender los plazos de pago a sus compradores.
   Aquí eso sería inaplicable por una mera cuestión de idiosincrasia.
   Pero tengamos en cuenta también que el movimiento obrero argentino, en su nivel dirigencial, sigue siendo la columna vertebral del movimiento justicialista y eso bastaría para que encajara, en el caso de los paros, el juego de efecto-beneficio porque la lucha no es tanto contra las patronales que oprimen al obrero, al empleado o al trabajador, sino contra el gobierno al que acusan de no hacer nada al respecto.
   Y si el gobierno adopta medidas de fondo, será acusado de autoritario, lo mismo que si pretende reinstaurar el orden que se altera a niveles peligrosos en cada protesta en cualquier punto del país, y allí el argumento será la falta de respeto a los derechos humanos.
   Todo es una trama siniestra que con la pantalla de la lucha sindical, instrumentan los políticos de los gremios perpetuados en el poder y en la chequera, que necesitan tener a sus pies a un pueblo sojuzgado para erigirse en salvadores de las causas que ellos mismos generan.
   ¿Sirve para algo un paro en todo el país?
   Más allá de recordar a Ubaldini y su mea culpa por los 12 o más paros que le hizo a Raul Alfonsín, tratemos de actualizarnos y darnos un baño de realidad: aquí no está operando la central obrera, sino el conglomerado político opositor que al no asumir todavía su derrota para la que no estaba preparado por su vocación de eternidad, se sirve de su columna vertebral para atacar a todo el tejido social e institucional de la República.
   Los gordos de la CGT y así calificados no por un acto de discriminación a la obesidad sino a los mecanismos destituyentes, empujan a la paralización, crean el caos, la gente cobra menos a fin de mes, y ellos jamás dejan de percibir lo que se les antoja porque para eso manejan la chequera sindical, o sea, riesgo cero lo que a varios les ha permitido la metamorfosis de transformarse en prósperos empresarios.
   Recién mencionaba al modelo japonés de protesta y ahora viene al caso citar un modelo de producción como para hacer algunas comparaciones que para muchos pueden sonar odiosas o descabelladas.
   Los 12 mil empleados de los astilleros coreanos Samsung anualmente fabrican 30 barcos y la firma factura 8 mil millones de dólares, obviamente por año.
   Nuestros astilleros de Rio Santiago tienen 3.500 empleados, en los últimos 10 años no fabricaron ni una canoa y los sueldos, todos superiores a 45.000 pesos mensuales, se acrecientan con un plus a la eficiencia.
   Mire vea, cuando pienso en esto, se me viene a la cabeza como por arte de magia, una inevitable comparación con nuestra decadente EPEC.
   En definitiva, al país lo sacaremos adelante cuando se terminen las lacras y la dirigencia sindical sea auténtica representante de sus bases genuinas y no manipuladas, como tampoco títeres de ideologías o de corrientes políticas.

TRABAJO JOVEN QUE SIN CONTROL
PUEDE  GENERAR  PRECARIZACIÓN
   Es realmente llamativo y de verdad alentador el éxito alcanzado por los programas que instrumentara el gobierno provincial para incitar a la juventud desencantada a veces, a conseguir su primer trabajo formal y por ende rentado.
   Los planes han tenido una marcada y reiterativa como costosa promoción publicitaria y es fácil advertir de qué buena manera lo asumieron los eventuales empleadores cuando vemos la profusión de avisos en los que se reclama a beneficiarios de esos PPP que les llaman y otros parecidos, para que se presenten y acuerden las condiciones, con el valioso argumento que el Estado provincial paga una parte del sueldo.
   Pero suele ser cosa de Mandinga, cuando el diablo mete la cola y genera situaciones que a lo mejor los inventores de este asunto no tomaron en cuenta o pensaron en la inocencia y la excluyente generosidad de los empleadores.
   Porque la verdad, no son pocos los casos en que algunas empresas o comercios han tomado a cinco o seis cultores de los planes gubernamentales, para alegría de los convocados.
   Pero paralelamente, despidieron a dos o tres empleados estables pero con reducida antigüedad, porque los PPP les resultan mucho más baratos.
   Aquello de hecha la ley hecha la trampa recobra su vigencia que nunca perdió, aunque existe una manera certera y que sería socialmente aplaudida, si el gobierno de la provincia se tomara el trabajo del seguimiento de los beneficiarios, uno por uno así como los reclutaron, para ver en qué condiciones están trabajando y qué costo debieron asumir los consecuentes cesantes.
   Más que un acto de control de gestión, sería una clara manifestación de justicia y un llamado de atención para esos vivillos que nunca faltan, que viven especulando con los menores costos aunque provoquen daños que a veces, para ciertos segmentos sociales, son irreparables.
   Y dejarían de aplicarles a quienes marcan como candidatos a la desocupación, también con la misma sigla PPP.
   Por pedir pavadas…