17 de octubre de 2018

Día de la lealtad ------------------------------------

LA POLITIQUERÍA ES EL REINADO DE LA
POBREZA DISFRAZADA DE ABUNDANCIA
     Las imágenes de aquel octubre del ‘45 nos traen otra vez a la memoria el fervor de la gente y los pies inflamados por la caminata metidos allí en el agua de las fuentes de la Plaza de Mayo sacudida por el grito que nacía desde el fondo de cada pecho.
   Es allí que con aquella remembranza nos invade una nostálgica admiración.
   Digo admiración por la convicción; por la lucha inicial contra una oligarquía terrateniente, soberbia, ricachona, negrera y de nariz parada, casta que con frecuencia viajaba a Europa llevando su propia vaca en el barco para asegurarse la provisión de leche.
   Aquellos agobiados trabajadores de rostros y cuerpos cansados  por la explotación, bolsillos exhaustos, esperanzas en vías de extinción y derechos impunemente vulnerados sin pudor y sin medida fueron los factores motivantes que marcaron el rumbo hacia la redención, cercana al milagro. Ellos y nadie más merecen quedar en la historia como legítimos forjadores de la lealtad: lealtad a sus principios, lealtad a su lucha, lealtad a su propio sacrificio; lealtad al valor inconmensurable de su compromiso con un ideal.
   Los argentinos a veces cometemos la imprudencia de alterar y devaluar básicos conceptos y algunos delirantes todavía pretenden hacernos creer que ciertos personajes, estén o no con nosotros, son más importantes que las instituciones o que la Patria misma. Ese deporte nacional de endiosar casi al voleo ha llevado a la desilusión de muchos, habituados a fabricar patéticos dioses de cartón, charlatanes iluminados con alma mentirosa y demagógica.
   A la lealtad -como muchos creen- no la inventaron Perón ni sus acólitos simpatizantes, aunque en la historia de los argentinos su nombre se asemeje a su indiscutible sinónimo y si recorremos esos intrincados laberintos de la memoria, es posible que no alcancemos a encontrar otro ejemplo comparable a la comunión de pensamiento que unía al viejo líder con los seguidores de sus postulados.
   La lealtad debe inclinarse hacia la honorabilidad de principios, hacia la ética, hacia la honestidad, hacia la sana y productiva cultura de la productividad y la creación; del esfuerzo y de una actitud constructiva hacia la sociedad. Cuando lo que se impone es la generación de trabajo digno, no es positivo ni beneficia al país ser leales al bolsón, a la beca innoble, al subsidio politizado ni a ninguna expresión de dádiva o asistencialismo que son las credenciales con que se identifica el populismo.
   Lealtad es el inclaudicable y honrado cumplimiento de las leyes, la fidelidad a la verdad y el ejercicio del honor y de la hombría de bien. Lo contrario es politiquería no siempre barata y es el reinado de la pobreza disfrazada de abundancia porque la historia, nuestra historia de siempre nos enseña y a veces con secuelas de dolor, que los espejismos nos vienen saliendo demasiado caros. La lealtad a principios básicos de convivencia, es la mejor garantía que tenemos para recuperar todos los valores que se han ido perdiendo por los caminos de nuestra propia historia de desencuentros.
   La lealtad no es invento de nadie, ni es himno o estandarte de ningún político.
   La lealtad es simplemente una manera de obrar y de vivir.