12 de julio de 2020

S.L.B.: ASISTENCIALISMO Y RECUPERACIÓN DE LA ECONOMÍA - PROTESTAS CADA VEZ MÁS VIOLENTAS - MEGACAUSA Y LOS FENÓMENOS PARANORMALES - NUESTRO HIMNO NACIONAL EN SU VERSIÓN CUARTETERA - LA CIUDAD CON NOTORIOS DESCUIDOS - EL TEMA DE LOS ODIADORES SERIALES, PARA UN CONGRESO DE PSIQUIATRAS - ¿EXISTE ALGUNA FORMULA QUE APORTE EXCELENCIA AL TRANSPORTE URBANO?


Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” edición n° 629 del 12/07/20 emitido en dúplex por la AM580 y la FM88.5 ambas de Radio Universidad Nacional de Córdoba.

No es el mejor camino
EL ASISTENCIALISMO NO PUEDE ESTAR POR
ENCIMA DE  LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA
   Es probable que solamente se trate de una sensación que se percibe, especialmente en los que nos vemos obligados a transitar por una realidad de carencias, angustias, dudas y vacilaciones que se acentúan frente a la ciclotimia del poder en cuanto a encarar planes o proyectos con miras al tiempo siguiente que vendrá tras la pandemia, con sus consecuencias y secuelas a inmediato y largo plazo.
   Es esa especie de desorientación frente a una crisis inédita que hace comprensible esa manera ambigua de encarar la recuperación que mucho tiene que ver con lo social, ahora por el temor fundado ciertamente en el peligro de un desborde popular motivado por carencias en cuanto a la subsistencia y desde otro punto de vista, frente a las exigencias estatales en cuanto a tributos y valores de servicios esenciales que en lugar de ser subsidiados, se encarecen y aumentan las incertidumbres de la gente.
   Es cierto que eso del creciente riesgo de darle a la maquinita, de esas que quería vender Boudou, porque la inflación emergente sería galopante de acuerdo con los agoreros pronósticos de muchos especialistas, pero peor es la postración de saber que en la misma medida que caiga nuestra moneda se elevarán los índices de desocupación, que es a la
vez la aguja que lleva la pobreza hasta límites insospechados y peor aún, los menos deseados.
   En consecuencia no quedarían otras armas que consolidar la aplicación del asistencialismo, bandera del populismo, para calmar a una sociedad que dejó o está muy próxima a dejar de contar con esa clase media motorizadora del gasto como lógica consecuencia de la existencia de impostergables, ansiadas y necesarias fuentes de trabajo.
   En pocas palabras, el Estado tendrá que seguir subsidiando planeros porque todo parece indicar que carece de imaginación y ejecutividad para reemplazar esa mecánica de la dádiva por la creación de fuentes laborales, más allá de la dispendiosa generosidad que viene mostrando en la
ocupación de vacantes dependientes del Estado, o inventándolas para cubrirlas.
   Sea como fuere, la situación es demasiado delicada como para seguir con las improvisaciones, los remiendos y los parches en una economía que por efectos de la pandemia entre otros lastres, viene arrastrando una crisis que no me quieran vender que es del último lustro sino que tiene su nacimiento varios años atrás.
   De todas maneras manejar un auto fijándonos más en el espejo retrovisor que en el parabrisas, es una actitud suicida que inevitablemente lleva al desastre y es por eso que los gobernantes debieran tenerlo en cuenta a la hora de planificar un futuro próximo del que ellos como nadie, no tenemos la más mínima idea de cómo se presentará.
   Pero lo más importante, al menos, sería obrar con la necesaria mesura en materia económica y sobre todo a la hora de seguir tomando deuda, porque dentro de los egoísmos políticos figura ese detalle de ensartarnos ahora, para que lo paguen las futuras generaciones.
   Lo peor del caso es que las generaciones actuales ya no tienen más lugar para guardar los resúmenes de lo que nos vienen reclamando.
   Y si es por negociarlos, no olvidar de abandonar la soberbia política porque los deudores somos nosotros…

No es bueno perder la calma
UNA ADVERTENCIA DE ALARMA PORQUE LAS
PROTESTAS SON CADA  VEZ MÁS VIOLENTAS
   Todas las protestas en general, tienen un componente de violencia que va desde lo moderado hasta lo incontrolable y de lo suavemente exigente hasta el colmo del respeto por la vida ajena y es una realidad que lejos de ser exagerada, es el espejo donde a diario y con alarmante frecuencia rayana en la costumbre, nos estamos mirando los argentinos.
   El peligro del desborde que nos viene quitando el sueño y encendiendo las luces de advertencia en todos los ámbitos de la sociedad, debe ser posiblemente el factor que aporta mayor demanda de urgencias en las soluciones o medidas en que se basan las innumerables protestas ya sea de las que se hacen en círculos cerrados de la comunidad o en las que ganan las calles y en muchos casos con el agregado de inútiles como repudiables vandalismos.
   Y todo indica que aquello de la grieta que ha dejado de ser una sensación que antes del virus tendía al menos intentar a diluirse, ahora ha recobrado ímpetu y agresividad, caldeando los ánimos, agriando las discusiones, vulnerando los respetos y transformando cada manifestación en unas batalla en la que se enfrentan con armas que como van las cosas dejarán de ser inofensivas, los ejércitos de ambas veredas: los que ahora mandan con la consigna de ponernos de pié, y quienes dejaron de mandar porque los actuales llegaron al poder y estos en lugar de propiciar la paz productiva se empecinan en alcanzar eso que los guerreros le llaman el placer de la venganza, más que de la justicia.
   Aunque en realidad la aplicación de una justicia real, memoriosa y equilibrada no sería para ellos muy beneficiosa, porque se viene descubriendo que el hecho de manejarla desde el poder aporta algo muy parecido a sembrar de flores legales el camino hacia la indemnidad.
   Así las cosas es tan incorrecto presionar, menoscabar, insultar y atacar a periodistas enrolados según dicen con el oficialismo, como ensañarse con los remanentes de administraciones anteriores, porque es una actitud repudiable para ambas corrientes y contiene el agravante de desorientar a la sociedad en momentos que más necesita coherencia, responsabilidad de conducción y perspectivas de paz más que de sangrienta y cercana contienda.
   El mecanismo del escrache, siempre vil por la indefensión de la víctima, no tiene que seguir avanzando y es el poder, apelando a la Justicia, quien debe ponerle punto final por el único camino que lleva a la verdad, que es el que le ha trazado la ley.
   Seguir emperrados en hacernos daños entre nosotros desnuda a una sociedad intolerante, agresiva, traicionera y deleznable y no son adjetivos que pueden ser asumidos con resignación ni orgullo cívico por sus destinatarios.
   Porque si no aseguramos la paz, la concordia, el diálogo, el respeto y la tolerancia en el disenso, nos esperan días que sin ser agorero ni tremendista, asoman como memorables de tragedias y enfrentamiento entre hermanos.
   Es para confiar, patrióticamente, que nadie quiere llegar a eso.

La Megacausa del Registro
UNA  CURIOSA  EXHIBICIÓN DE
FENÓMENOS PARANORMALES

   Los recientes hechos de violación de la normativa vigente realizando megafiestas que atentan contra el bien común me trajo a la mente la causa del Registro de la Propiedad de Córdoba, a la que también podría considerarse como una fiesta o megashow judicial acontecido en la última década y media en el edificio de Tribunales II. 
   Cientos de trabajadores desfilaron por el lugar acusados de planear, pensar, intentar, soñar, imaginar, conocer, presenciar, colaborar, etc, etc, la apropiación de algún inmueble. La profusa narrativa oficial ofreció un espectáculo con fenómenos fantásticos como la  telepatía, la teletransportación o la adivinación  que posibilitaron que los acusados, aunque no se conocieran entre sí, integraran peligrosas bandas dispuestas a estafar.
   También sortearon las leyes de la física, la matemática, la lógica y el sentido común para explicar cómo fue que 15 personas ingresaron a una oficina pública sin ser vistas, se comunicaron entre ellos sin verse ni llamarse o cometieron acciones a kilómetros de distancia.
   Al igual que en las fiestas recientes las leyes y normativas vigentes fueron ignoradas y los acusados terminaron encarcelados en prisión preventiva sin pasar por ningún juicio, fueron juzgados años después por una comisión especial designada por  superiores y no por sorteo y condenados por íntima convicción y no por pruebas en muchos casos. La diferencia, nada menor es que en la causa, quienes incumplen las  leyes son los mismos que deben administrarlas.

Acerca de una reciente versión
NUESTRO HIMNO NACIONAL ES FACTOR
DE UNION Y NO PARA DESENCUENTROS
    Tengo a la vista uno de los doce tomos que componen el “Gran Omeba”, diccionario enciclopédico ilustrado, edición argentina del año 1967 o sea de 53 años atrás, que casi desde su aparición fue mi mejor elemento de consulta que adopté como tal por considerarme un ardiente defensor de la pureza de nuestro rico y maltratado idioma, que sigue padeciendo estoicamente y pese a su avanzada edad, los embates de ciertos audaces innovadores que con deplorables resultados tratan de modificarlo acudiendo a torpes subterfugios y a graciosas como patéticas prácticas del variado repertorio de la estupidez disfrazada de erudición.
   Al requerir a la consulta del vocablo “sagrado, da” se lo califica como adjetivo en cuatro casos y en un restante como figura y considero ahora oportuno hacer un paréntesis para retomar el párrafo más adelante.
   Pocas horas atrás y con estrépito mediático involuntariamente oportuno ante nuestra pandémica realidad -es mejor calificarlo así- invadió canales de TV, frecuencias radiales y páginas gráficas la versión  en ritmo cuartetero de uno de nuestros más idolatrados y respetados símbolos patrios que es el Himno Nacional, cantado -de alguna manera es preciso tipificarlo-  por un artista popular del género que al decir de muchos es parte de la cultura cordobesa y no están del todo errados aunque no les guste pero lo bailen en las fiestas.
   La memoria reciente nos viene ofreciendo otros estilos musicales de la misma pieza patriótica que allá por los inicios de la segunda década del siglo XIX naciera de la creatividad de Alejandro Vicente López y Planes, a la que en 1813 le pusiera música el español Blas Parera, radicado en nuestro país y se estrenara pese a no existir fehacientes constancias de ello en la voz de Mariquita Sánchez de Thompson y su pianoforte. La letra original contenía conceptos antimonárquicos y antiespañoles pero en la intención que sirviera para un acercamiento con diplomáticos ibéricos, se abreviaron las estrofas e introdujeron cambios que eliminaban ciertos conceptos peyorativos sobre otras naciones y fue necesario aguardar hasta 1847 en que finalmente se lo llamó Himno Nacional Argentino.
   Prácticamente incólume desde entonces, nuestro Himno aguantó el cimbronazo de la versión que se le ocurriera a Charly García y que difundiera ante una multitud el 9 de julio de 1991 si es que son exactos los archivos y la memoria.
   Pueden decir lo que quieran de aquella aventura, calificarla de la manera que cada quien considere acertada, mostrar repulsión por lo que muchos la trataron como una ofensa y un menoscabo, pero nadie puede negar que nuestra canción identificada con la Patria Argentina dejó de ser un balbucear en los actos escolares, donde lentamente las raíces de la argentinidad volvieron tímidamente a germinar. Y cuando nuestros representantes nacionales en justas deportivas cumplían con un rito viejísimo de rendirle honores cantándolo, mascaban chicles, hacían “playback”, se arreglaban los rulos, escupían al piso o buscaban las cámaras que podían incorporarlos a las tapas de las revistas o a las páginas de los diarios.
   Reconozcamos el estilo de los “Pumas” del rugby que les enseñaron a los cultores de otras disciplinas, que al himno aunque no se lo cante, por lo menos hay que gritarlo desde
el corazón; desde los rincones más recónditos del alma y del sentir, sin timidez por desafinar y sin el rubor del llanto emocionado.
   Más recientemente fueron muchos los artistas y luminarias que lo cantaron dejando versiones decorosas como las de Patricia Sosa o de Jairo, Fabiana Cantilo, Fito Páez, Mecha Sosa, Ciro Martínez, Soledad y otras sin olvidar las que se hicieron con lenguaje de señas para hipoacúsicos y más recientemente, hasta con la voz y la expresión del payaso Piñón Fijo.
   ¿Qué nos puede extrañar entonces que un cuartetero cercano a su retiro, abrumado por el obligado encierro y condenado al silencio frente a las grandes multitudes haga su versión del Himno Nacional?
   Y es momento de volver al diccionario y su explicación sobre el vocablo sagrado. Dice como figura “Que, por el uso a que está destinado, merece veneración y respeto”, pero más se acerca al escenario de la novedad que recientemente nos invadiera, una de las acepciones de esa palabra, la repitamos, sagrado: “Entre los antiguos, lo que era muy difícil de conseguir por medios humanos” y eso está escrito y decretado mucho antes que naciera “La Mona” Carlitos Jimenez, vecino en barrio Luz y Fuerza junto a Bajo Palermo.
   Porque si se trata de recuperar cuando aún no es demasiado tarde la decadente cultura del respeto por los símbolos, que la modernidad ni los sectarismos sean obstáculo para que cualquier versión de nuestra Canción Patria sea no tan solo entonada sino sentida y pase a ser aceptada por la sociedad argentina sin distingos, marginaciones, discriminaciones ni estigmatizaciones de ninguna clase.
   La cante quien la cante o cómo la cante, mientras sea con un sagrado respeto por su espíritu.

Un lamentable enigma cordobés
¿ES  QUE  NADIE TIENE  LA  FÓRMULA PARA
QUE EL TRANSPORTE URBANO SEA BUENO?
  Han sido tan dolorosamente lamentables las prestaciones del servicio urbano de pasajeros en esta ciudad mediterránea, que tendríamos que escudriñar en varias generaciones atrás para saber si alguna vez fue, al menos, medianamente decoroso.
   Desde los tiempos del viejo y archivado tranvía, en que comenzaran a circular aquellos ómnibus que recordamos destartalados, o los coches verdes que les llamábamos “loros” por su color o todas las otras incontables experiencias que encararon todos los intendentes buscando dignificar la prestación, al menos en lo personal no recuerdo haber gozado un servicio que mereciera ser calificado como digno de la gente, con tarifas que nunca fueron baratas.
   Y luego vinieron las concesiones, los acuerdos, los problemas de todo orden desde la diagramación de recorridos, la aplicación de frecuencias hasta las discusiones por el precio del boleto, que contribuyeron a la permanente desorientación y descontento del usuario.
   Se inventaron varios sistemas de prestaciones con alternativas importadas desde otros
países no tan solo cercanos sino de la vieja Europa, pero  ninguno pudo adecuarse a nuestras necesidades y menos aún a la pretensión del pasajero cordobés que casi exige que el bondi pare en la puerta de su casa y lo lleve hasta la puerta de su destino.
   Todos fracasaron en cuanto a lo prestacional, pero no fueron pocos los empresarios que la juntaron a mansalva, llenaron sus bolsillos y se mandaron a mudar dejándonos el kilombo de un servicio cada día más decadente, con el agravante de su costo tanto para el poder concedente que es el Estado, como para quienes teníamos la desgracia de depender de ellos para movilizarnos.
   Ahora con el despelote actual que es una mezcla de coacción empresaria por un precio más elevado del boleto, en concubinato con una dirigencia gremial  insaciable que aprovecha la facilidad de contar con miles de rehenes para que les sean concedidas sus demandas, el panorama es tan incierto como siempre: días y días de paro que se suman a otros problemas pero la cuestión es que caminar puede llegar a ser el problema que deban afrontar los empresarios de la FETAP, cuando los cordobeses se convenzan de lo saludable que es caminar.
   Dicen que la solución está cercana, que las negociaciones están avanzadas, que las posibilidades son buenas al menos en lo que aventuran medio tímidamente desde la Municipalidad.
   Quedaría por superar eso que aunque pueda ser tomado como rumor de conventillo, en estos momentos nada debe ser despreciado: la conveniencia del poder, al saber que por la falta de transporte público, es mucho menor el riesgo que la gente se amontone en las calles para protestar por todo lo que les están negando como ciudadanos.
   Nada debe ser descartado, en estos tiempos de encierros y pandemia.

Lo instaló el Sr. Presidente
EL TEMA DE LOS ODIADORES ES COMO
PARA UN  CONGRESO DE PSIQUIATRAS
   ¡Tantas cosas se han escrito sobre el odio! Desde tratados que auscultan en la mente humana, estudios a los irracionales, calificación de actitudes que lo manifiestan y un sinfín de elucubraciones científicas y otras improvisadas que no hacen otra cosa que confundir al menos precavido.
   Entre lo que recuerdo, solía decir Daudet que el odio es la cólera de los débiles, Lord Chesterfield, el fumador compulsivo, sostenía que la gente odia a quienes hacen sentir su propia inferioridad y Victor Hugo quien lejos estaba de ser analfabeto era partidario de sostener que cuando más pequeño es el corazón, más odio alberga.
   Un pensador de apellido Manzoni -y una vez lo anoté para no olvidarlo- fue terminante al declamar que ciertamente se hallarán pocas cosas que contribuyan a corromper a un pueblo tanto como la costumbre de odiar.
   Pero como en los momentos actuales que la desgracia mundial debiera propender y contribuir enormemente a la reconciliación de la raza humana consigo misma, es que surgen diferencias y broncas inimaginables casi en tiempos de normalidad y se considera tan importante su evaluación, que el propio presidente de la Nación, Dr. Alberto Fernández, hizo un llamado para terminar con los que calificó como odiadores seriales, según tengo entendido porque la realidad, es que los descalificó.
   Pero se me hace que cometió la travesura de la parcialidad porque no fue amplio conceptualmente y entre otros detalles marginó hechos que en su momento adquirieron notoriedad por lo fuertes y debo confesar ahora que involuntariamente apelé a la memoria de una persona que seguramente ni se enterará que lo estoy -en el buen sentido- utilizando
como archivo,  a la que definiré como el señor Braulio “C”, con la letra c de camión, de casamiento o de covacha por dar ejemplos.
   Y esta buena y memoriosa persona hace alusiones que pasado el tiempo se transformarán en históricas: doña Hebe incitando a quemar campos de soja y otras cosechas antes que los gringos las levanten, D’Elía pidiendo que cuelguen a Macri de espaldas al pueblo en la Plaza de Mayo, el camionero sindicalista preferido de la doña que prefiere para el “gato” algo más benévolo como fusilarlo en la plazoleta frente a la Casa Rosada, a la funcionaria de la Ansess que pide ver a los manifestantes pasar en camiones frigoríficos en camino directo a la morgue, a los cultores del Instituto Patria ¡menos mal! que escracahan a periodistas opositores al modelo nacional & popular, a la abogada Peñafort que adelantó que si la Corte no acepta lo que piden, lo van a conseguir con sangre…
   El “Cuervo” Larroque pidió que Macri se calle, como si él no hubiera sido agitador de masas. Y les comento que el legislador rionegrino Juan Martín, del PRO, detectó y denunció amenazas y presiones contra el colega periodista Baby Echecopar y se comenta por aquellos pagos que ya se hizo cargo del caso la Justicia lugareña.
   Ya me parece demasiado seguir aportando detalles, porque la verdad sea dicha, odiadores habrá siempre y no es cuestión de andar catalogándolos porque sería como alentar sus malsanas intenciones.
   Si les parece, el domingo próximo puedo abrir un registro de los odiadores de la otra vereda, para que nadie diga que soy propenso a divulgar los odios parcializados.
   Es una simple cuestión de necesario e impostergable equilibrio, al menos con los odios…
   Porque los amores, si son amores, se equilibran solos, por lo general horizontalmente…

Córdoba no se resigna sólo al maquillaje
LA CIUDAD MUESTRA DEMASIADOS DESCUIDOS
COMO  PARA  APLICAR TAN  ALTOS IMPUESTOS
   La verdad, no es bueno ponerse en la tarea mecánica de enlistar todas las carencias urbanas de esta Córdoba siempre sorprendente, lo que sin dudas más debe azorar a quien la administra, por el hecho de ser un capitalino como de paso, pero sin haberla vivido a nuestra Córdoba como los que tenemos nuestras raíces y afectos en ella.
   Pero la verdad, culpa del virus, del encierro, del estado de huelga casi permanente que distingue a los municipales, de la dejadez, de la mala conducta de los vecinos desaprensivos y de otros factores negativos, la ciudad en muchos aspectos ofrece una imagen deplorable y lo que en verdad indigna y apena, es que los vecinos siguen sometidos a una presión tributaria que no se condice con los servicios deplorables que recibe, en el mejor de los casos cuando ciertamente se los brindan, lo que ha pasado a ser más una excepción que una obligación municipal.
   Dicen que reemplazan luminarias pero la mayoría de los barrios sigue sumida en las tinieblas en tiempos más peligrosos que los habituales. Es cierto que una de las culpas es del vandalismo nacido de la falta de patrullajes y la ausencia policial, que los enemigos de la ley aprovechan para perpetrar sus fechorías en la seguridad que cuentan con la ayuda de las sombras que consagran su impunidad.
   El descontrol en el tránsito es irremediable; la mugre suele invadirnos cuando se encapricha el gremio de los recolectores; el transporte si se lo califica como porquería sería un acto de generosidad y el respeto por el vecino ha pasado al terreno de las utopías.
   Mire, la verdad, no quiero atosigarlo con pálidas, pero voy a ejemplificar el desorden con un simple y cercano ejemplo: meses atrás, en la Córdoba AB que significa antes del bicho, el vecinalmente histórico Parque Autóctono al pie del nada elevado Cerro de las Rosas, era escenario de festicholas nocturnas que generaban un sinnúmero de problemas a los vecinos por los ruidos, la mugre que dejaban y el daño emergente a las instalaciones que pagamos todos.
   Se dieron uno o dos procedimientos, creo que policiales, que aplacaron esa costumbre de la joda, la pandemia hizo que el parque se cerrara, pero apenas aflojó el coronavirus y las autoridades dieron una semi piedra libre, los cultores de la joda en aquel lugar volvieron, rompieron el candado con el que se aseguraba la puerta principal de acceso y este jueves pasado a la noche, regresaron la música estridente, el consumo de bebidas y la mugre que dejan al retirarse de madrugada.
   Relevemos entonces a los municipales porque siguen de paro.
   Pero ¿a dónde carajo fue a parar esa policía que nos dijeron se la pasaba patrullando la ciudad para evitar que la gente abusara de la calle?
   La verdad, si se hubieran avivado las autoridades, mandaban dos o tres empleados con un talonario de multas y recaudaban como para pagarles la dieta y el ansiado medio aguinaldo a los legisladores y concejales, muchos de los cuales gozan de vacaciones desde hace más de tres meses.
   Hubiera sido un acto de impostergable justicia, al menos para los vecinos, digo…


9 de julio de 2020

ÚNICAMENTE LA RECONCILIACIÓN ENTRE NOSOTROS NOS HARÁ INDEPENDIENTES



Celebramos hoy un nuevo aniversario de nuestra independencia que no acaba de concretarse pese al paso de dos siglos, más concretamente 204 años y en un escenario de crisis pandémica que nos altera el presente y plantea difusamente el mundo del que formaremos parte desde que la ciencia y la disciplina en la lucha contra el microscópico enemigo, contribuyan a que superemos el drama que agobia a la Humanidad.
   Sostener desde un curioso sentido del patriotismo que somos independientes, tomado con algo de escepticismo es para confesarnos cultores de una mal disimulada hipocresía en coincidencia con lo que siglos atrás sostuviera Cicerón: “De todos los hechos culpables ninguno tan grande como el de aquellos que, cuando más nos están engañando, tratan de aparentar bondad”. De alguna manera seguimos dependiendo, y no poco.
   En lo económico, por ejemplo, de los caprichos de la banca nacional y la internacional que nos tienen agarrados de allí con la amenaza permanente de rotularnos universalmente insolventes.
   En lo productivo, de lo que decidan el campo, la industria y otros sectores en nombre de todos, como si todos tuviéramos soja, sembráramos trigo, cosecháramos maíz o fabricáramos aviones, barcos, autos o motos.
   En lo político los del interior dependemos del humor porteño, de las trenzas que se arman, de los acuerdos que se concretan, de las fidelidades que se exijan o impongan a cambio de la “ayuda” del Tesoro Nacional, de las broncas que se generen o de las mentiras a las que estaríamos obligados a tomar como bíblicas verdades. 
   En lo deportivo, dependemos de cómo se estructuren los campeonatos sin componendas, amistades ni “arreglos”; de cómo se comporten los árbitros y de qué apoyo económico estatal reciban nuestras instituciones, la mayoría de las cuales ha ido más allá de la “profesionalización” para caer en la más desembozada de las politizaciones partidistas. En lo cultural, de qué música nos impongan como moda abdicando de la frescura que en tal sentido solía brotar y florecer de nuestras raíces; en cuanto a tendencias implantadas, qué ropa nos insten a usar, qué comidas y bebidas nos sugieran casi como una obligación de consumo.
   Resumiendo, seguiremos siendo dependientes de otros, tanto de afuera como de adentro, mientras no asentemos nuestra propia identidad y aprendamos de nuestra rica historia que el camino al procerato es arduo, sacrificado y patriótico más allá de las apetencias materiales y la vocación por las inclinaciones dinásticas.
   Esto se resolverá cuando entendamos y obremos con coherencia de Nación, sentido de argentinidad y respeto por todo aquello del pasado que no nos abochorne de haber sido histórica parte y obligados protagonistas.
   Aquel 9 de julio de 1816 en Tucumán conquistamos lo que todavía es uno de los principales motivos de la lucha diaria de los más de 44 millones de argentinos, porque no es necesario inventar prohombres ni fabricar más bronce del que nos señalan el tiempo, la historia y la memoria.
    El pensamiento propio me obliga a sostener con el paso de los años -y su peso-  que la independencia es igual a la libertad: si no es salvaje, no es aconsejable cometer la exageración de llamarle independencia porque una cosa es el legado de aquellos próceres que en Tucumán sacudieron el yugo de entonces y otra es la realidad actual que si somos absolutamente sinceros en la evaluación ejerciendo la sana autocrítica, llegaremos a la convicción que en muchos aspectos, seguimos tanto o más dependientes que en 1816.
   Y en todos los órdenes de la vida nacional ocurre casi lo mismo al advertir lo que sucede en la economía, en el deporte y en todos los usos y costumbres que son parte de nuestra no definida identidad, que soportó y todavía soporta influencias no sólo de nuestros antepasados nativos sino de quienes alguna vez nos sojuzgaron. Por creernos independientes y autoválidos muchos sectores se encriptan en la mediocridad, la creativa y abrumadora tecnología extranjera nos supera sin esfuerzos y en la mayoría de los casos llegamos a destiempo y nos conformamos con llamarle progreso a nuestra condición de armadores más que de fabricantes de productos que en el exterior ya están discontinuados.
   Resulta al menos complicado y sujeto a un profundo análisis íntimo y sincero, que sin sumisiones ni vasallaje podamos sentirnos patriótica y cabalmente independientes. Entendamos alguna vez que la opción es sabernos siempre independientes, sin que ello signifique la dañina perfidia de sentirnos aislados.
   La Patria somos todos y si estuviésemos unidos, sería mucho mejor…
Gonio Ferrari

6 de julio de 2020

Córdoba, 447 años


EL ORGULLO Y LA PASIÓN
DE SENTIRME  CORDOBÉS  
   Cordobés no es tan solo ser cuartetero, haber vivido en El Abrojal, gustar del fernet, tomar mate con peperina, bañarse en las dudosas aguas del Suquía, saberse protagonista de la gesta de mayo del ’69, sentir orgullo por la reforma universitaria, haber conocido a la “Papa de Hortensia”, recordar andanzas por las Ponce, trasnochadas en “L’escargot”, incursiones por el 990, los corsos de San Vicente, las exposiciones en el Pabellón de las Industrias, la chetura de Los Pozos Verdes y el Parque Autóctono o los bailes en la pista “Teneme el chico”, el Sargento Cabral o “La Toscana”, haber leído Los Principios, Meridiano
y el Córdoba y todavía leer La Voz del Interior.
   Se me antoja que ser cordobés incluye también otras sensaciones, placeres  y nostalgias no tan sólo dignas de la memoria.
   Ser cordobés contiene en tan pocas letras -sólo 11- también el espanto de las crecientes de su río parcialmente urbanizado, de su tránsito caótico, de la impostada solemnidad de sus políticos, del folklore de sus colores deportivos, de los íconos ciudadanos que el tiempo aporta en recuerdos, del concierto de campanas en cualquier mediodía…
   Ser cordobés supone la rebeldía mediterránea llevada a las nubes de su práctica, ejercicio y consecuencias como una especie de rito casi, casi fundamentalista que forma parte esencial de nuestro ADN; que nos identifica con el placer cotidiano de sentirlo así.
   Y como en un rezo me encanta hacer retumbar en mis oídos y en todos los rincones del alma esa especie de oración de amor, de entrega, de agradecimiento por sentirme genuinamente cordobés en toda la enorme pureza de la condición de tal.
   Porque desde que me acuerdo, y que no son pocos años, lo digo desde el alma y con orgullo porque así lo siento: Argentina es mi país, pero Córdoba es mi Patria.  
   Crecemos amando a la ciudad como es: anárquica y sensual; desordenada y doctoral, con humor de sobra  para exportar y malhumor social para atender.
   Aquí en Córdoba anidan el orgullo de las raíces, la histórica arrogancia de sus luchas, la humildad mediterránea y entre otras, las industrias del humor, del apodo y de los yuyos.
   Porque somos sus hijos, amamos a esta Córdoba magnética, romántica, mágica y soberbia, aunque la descuiden los que debieran mimarla y hermosearla.
   Córdoba tiene la protectora calidez de una mamá.
   También asume su condición de genuina madre sustituta.
   Ciudad símbolo, ruidosa, altiva, insegura y sorprendente, quiero abrazar ese poco prolijo laberinto de tus barrios, los rumorosos bares de cada esquina, la estridencia de tus avenidas, los colores de tus clubes, el malo y caro transporte urbano, los candados de tus conventos, la pasión de tus políticos, la dañina insolencia de tu río cuando crece, la intemperie de tus villas, la sonoridad de tus campanas, el catálogo de tus baches, la penosa sorpresa de los cortes de luz, la casi permanente asamblea de los municipales, la fiestera pachorra de tu Justicia, la inimitable contundencia de tu tonada, la frescura de tus estudiantes, la protocolar etiqueta de tus doctores, la columna vertebral de tu Cañada, la mugre sabatina de tu invadida peatonal, la añosa certidumbre de tus templos, tu maravillosa lozanía en el otoño, el silencioso abrigo del invierno…
   Quiero más que nada, confesarte cuánto te amo.
   Por la generosa hospitalidad de tu tierra.
   Por el linaje de esas cadenas que me ataron férreamente a tu historia, a tus días y a tu gente …
   En este cumpleaños, y aunque vayan muriéndose los siglos, ¡salud mi ciudad, patria de siempre …!

Gonio Ferrari

5 de julio de 2020

S.L.B.: EMPECEMOS A REVERDECER LAS ESPERANZAS - EL CEPO DOMICILIARIO SE RENUEVA O TERMINA AJUSTADO A CIERTAS CONDUCTAS - MEGACAUSA Y UNA PÉRDIDA SENSIBLE - BATALLA URBANA QUE ENFRENTA AL DEBER CONTRA HISTÓRICOS PRIVILEGIOS - CAZA DE PERIODISTAS Y EL RESPETO POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN - EL CRIMEN DE EL CALAFATE YA ESTARÍA ¿ACLARADO Y RESUELTO? - MAÑANA NUESTRA CÓRDOBA CUMPLE 447 AÑOS, ETC.


Desgrabación de los comentarios del periodista Gonio Ferrari en su programa “Síganme los buenos” edición n° 628 del 5 de julio de 2020, emitido en dúplex por AM580 y FM88.5 ambas de Radio Universidad Nacional de Córdoba:

La maldita peste, lo más benigno…
DEMASIADAS COMPLICACIONES AUNQUE SE IMPONE LA
NECESARIA  TAREA DE REVERDECER LAS ESPERANZAS
   Tampoco es cuestión de transformar a la ciudad o al país en un gigantesco cuartel con más de 44 millones de soldados, porque las rebeliones serían un lógico tema diario que las autoridades tendrían que enfrentar.
   Sin embargo, es la disciplina cívica y el acatamiento de lo que disponen las autoridades lo que nos puede salvar; el factor que permite ir avanzando de a poco y a paso seguro, ya sin pegajoso gel o molesto barbijo que por un tiempo se incorporaron en nuestra cotidianeidad hasta transformarse en imprescindibles.
   Caminemos hacia la salida jubilosa que nos restituya la felicidad de vivir; la enorme tranquilidad de avizorar el final del ominoso túnel que venimos recorriendo desde hace más de 100 días de dudas y angustias, sin encontrar la salida.
   Ahora, al menos en Córdoba, entonemos un medido y optimista canto a la esperanza y luchemos para no tener que volver sobre nuestros pasos porque el sufrimiento se multiplica y van muriendo las expectativas y las ansias.
   Lo primero es sobrevivir y dejemos para después, a la hora del balance y de la memoria, evaluar si el maldito virus le sirvió al poder para tenernos enclaustrados, aplicar medidas antipopulares, pisotear leyes y usarnos como elementos descartables pretendiendo la creación de una nueva sociedad sin protestas ni cuestionamientos.
   Primero, antes que nada, nos salvemos por nosotros y por nuestras familias…
   Después, consolidado nuestro apego por la vida, volvamos a levantar las banderas y luchemos contra los ineptos, si se determina que existieron, que nos tuvieron de rehenes, condenándonos al silencio y a la obligada paciencia.
   Seamos entonces capaces de entonar un himno a la vida…
   Un himno como el que les invito a disfrutar:

* El audio de “Por qué cantamos” interpretado por integrantes del Coro Polifónico de Córdoba, grabado individualmente en la casa de cada uno y luego editado, se puede escuchar y gozar buscándolo en el sitio correspondiente, ubicado en la parte superior de la columna de la derecha de este blog.

Portarse bien, la obligación
EL  CEPO  DOMICILIARIO TERMINA O  SE  RENUEVA
SEGÚN EL COMPORTAMIENTO DE CADA SOCIEDAD
   Tantos vaivenes observamos en la aplicación de la obligatoria cuarentena, ahora así mal llamada porque llevamos emparentados con ella más de un centenar de días, que por allí nos invade la desorientación acerca de los beneficios que pudiera aportar en el combate frontal a la pandemia que nos abruma, pauperiza y condiciona.
   Una cosa es el cumplimiento del encierro domiciliario en el Chaco, otra realidad se vive en el sur del país y una más, la menos acatada, en el enorme conglomerado cercano a la capital de la República, donde los descuidos y la falta de cumplimiento hacia el aislamiento han obligado más que a dar pasos al costado, a retroceder en etapas que se creían superadas.
   Serán los sociólogos los encargados de evaluar el porqué de esos resultados, pero uno piensa que el hacinamiento debe ser uno de los principales obstáculos para cumplir con el aislamiento familiar de grupos integrados por una decena de individuos -pongamos como ejemplo- conviviendo en un espacio reducido en dimensiones y más aún en comodidades.
   Los problemas de convivencia se evidencian por cansancio, angustia, temor y en muchos casos por esa peligrosa costumbre de considerar que la peste no es otra cosa que una patraña inventada o magnificada desde el poder, persiguiendo otros objetivos que poco tienen que ver con la salud de la población.
   Es cierto y la historia así lo revelará oficialmente con el paso del tiempo, que se dieron casos de aprovechamiento de las aciagas circunstancias con fines políticos y en tal sentido se rotulará a Córdoba porque en su momento y a la sombra del confinamiento y la imposibilidad de agruparse para protestar o de alguna manera hacerse escuchar, se perpetró en la Unicameral una poco sutil maniobra que decretó un nuevo despojo al más vulnerable de los segmentos de la sociedad que es el de los jubilados.
   Y para la anécdota, la legalización de una jubilación de privilegio para un personaje abarcativo de cargos relevantes en la conducción gremial y en el mismo cuerpo legislativo, pese a que el trámite tuviera una aureola de legalidad, aunque sus gestores hayan olvidado el más mínimo sentido de la elegancia y el respeto por la clase pasiva.
   Las disposiciones en cuanto a las conductas que se deben respetar en tiempos de crisis tanto en el hogar como en ciertos aspectos de la vida en comunidad, han ido variando en exigencias por el relajamiento de los controles y las ansiedades populares.
   Los niños de manera especial son los que más han sufrido los encierros y será la tarea conjunta de la familia y de la ciencia, las que con el tiempo y la normalización de las actividades, contribuyan a regularizar la situación.
   No será simple la gestión, pero ya debieran comenzar al menos a planificar ese futuro que todos ansiamos.

Megacausa del Registro
OPORTUNA EVOCACIÓN DE CUANDO LA
ANTICORRUPCIÓN PERDIERA SU FUERO
   Varios años han transcurrido desde que el poder provincial decidió  cerrar en Córdoba el tan cuestionado Fuero Anticorrupción, que sería reemplazado por una especie de “Observatorio de Interés Público” en el tema, y pese al paso del tiempo, continúan siendo noticia distintas causas en las que se mencionan y/o denuncian a altos funcionarios del gobierno en curso.
   Y si de observar se trata vaya que hay material como para enriquecer la memoria e intentar el rescate de la acción por encima del palabrerío.
   En la causa del Registro de la Propiedad, por ejemplo, se observa que un montón de empleados y trabajadores comunes  fueron encerrados sistemáticamente en prisión preventiva durante años, pese a que eso debiera ser excepcional, mientras que muchos altos funcionarios denunciados permanecieron siempre libres y bien lejos de los Tribunales.
   También se observa que en lugar de sorteo, una comisión especial nombrada por los superiores se encargó de juzgar todos los casos, asociando curiosamente trabajador con delito y millonario con impunidad, con condenas masivas a personas sin cargos de jerarquía y falta absoluta de investigación a personajes con inmensos patrimonios adquiridos, ¡oh casualidad! mientras ocupaban altos cargos en la misma época.
   Puede observarse también que mientras por un lado existen leyes, códigos, tratados, declaraciones, pactos, organizaciones no gubernamentales y derechos humanos, por el otro se practican excepciones, acuerdos, favores, conveniencias, regalías, intercambios, apariencias, propagandas, y un sin fin de figuras que convierten en nulo todo lo escrito.
   Todo esto y en buen romance suele llamarse corrupción. 
   Para el interés público y para cualquier observador, que quiera también verlo en cualquier parte del mundo.

Respeto a compromisos que se firman
UNA BATALLA URBANA QUE ENFRENTA AL
DEBER CONTRA  HISTÓRICOS  PRIVILEGIOS
   Otra vez y casi como folklórica costumbre cordobesa, los municipales volvieron a la calle, que es su campo de batalla a despecho del respeto que se les debe a los vecinos que con sus altos impuestos pagan sueldos, en algunos casos desorbitados de la realidad, a muchos personajes que no los merecen porque la realidad ha demostrado que no cumplen con esa sana costumbre de trabajar.
   Y al principio lo hicieron con el mecanismo del daño y la amenaza, presiones a periodistas y otras lindezas a los que nos tienen acostumbrados los dirigentes del SUOEM, expertos en alterar el ritmo de una ciudad a la que todo le deben porque en materia de calidad de servicios es mucho lo que dejan de hacer, pese a lo cual no dejan de cobrar.
   La conducción de Llaryora entró con paso firme y aunque se arguya que utilizando la crisis del coronavirus aprovecharon para ajustar tuercas demasiado flojas de argumentos, las medidas se decretaron y algunas se aplicaron, especialmente lo que tiene que ver con la reducción de la jornada laboral y la caida de más de un centenar de contratos oportunamente suscriptos con plazo determinado de finalización.
   Serán los abogados y los entendidos en cuestiones de relaciones laborales los encargados de discutir, pelearse y amenazarse por estos asuntos, mientras el vecindario sigue careciendo de servicios por los cuales paga mensualmente y no poco, sujetos a una presión tributaria cuya recaudación se afecta casi en un 80 por ciento para el pago de sueldos.
   La virulencia de algunas acciones callejeras no se condicen con los momentos de crisis que vivimos y si el gremio no entiende que ya hartó a los contribuyentes con sus desplantes, que no espere apoyo popular a las demandas porque no hace nada para merecerlo.
   No vengan entonces con el percudido argumento de la necesidad, porque si es por eso, la población cordobesa padece muchas necesidades precisamente porque ellos no tienen la honradez de cumplir con su deber.
   Por fortuna no todos son iguales, salvo la conducción que se viene perpetuando en sus cargos y ahora atisba la posibilidad del regreso de quien fuera capitoste del SUOEM durante cerca o más de tres décadas.
   Vendrá entonces la hora de hurgar en los planteles, para cerciorarse de quién se trata que dentro de las filas municipales, ha conseguido insertar a cerca de 80 familiares.
   De esa manera, gobernar una municipalidad tan conflictuada, será tarea de titanes, dejando a salvo a la mayoría de empleados cumplidores, comprometidos y honestos en su obligación de servir a la comunidad.

Viejo y universal recurso autoritario
LA CAZA DE PERIODISTAS Y EL RESPETO POR
EL  EJERCICIO DE  LA  LIBERTAD  DE  OPINIÓN
   Desde el fondo de la historia los argentinos hemos sido testigos en mi caso por la edad, y muchas veces azorados como impotentes, de las maniobras instrumentadas por los poderes de turno para encasillar, domesticar, condicionar, presionar o lisa y llanamente censurar al periodismo imponiendo conductas favorables que corrieron por cuenta de voceros rentados que operaron para intentar modificar una realidad.
   Desde tiempos más recientes recordemos lo que supieran hacer os militares en su momento de ser desgobierno, cuando impusieron un manual de estilo que la enorme mayoría del empresariado mediático privado acató sin chistar y se rindió a las imposiciones de quienes con esas maniobras pretendían modificar situaciones en las que se jugaba la vida de la gente y la impunidad de quienes la atacaban y ofendían escudados en sus cargos.
   Es que la libertad de expresión en nuestro país, a contracara de lo que malsanamente imaginan los censores, no es el producto de la generosidad de ningún gobierno, sino que está consagrada en nuestra Constitución Nacional.
   Por eso ahora, cuando sobrevuelan fantasmas agoreros con relación al cercenamiento de la libertad de opinar, y lo más grave, que se lanzó el rumor o la casi certeza de la detención de algunos colegas que no comulgan con los postulados del gobierno actual, el llamado de atención es para el periodismo en general, porque aquello del “vamos por todo” está al borde de materializarse al menos en la falta de respeto a uno de los principales postulados de la Democracia, que es el respeto a una prensa libre.
   No olvidemos y de paso quiero ponerme a salvo de aquellos que piensen que se trata de una expresión gorilista porque no es otra cosa que un tramo de nuestra historia, del cierre del diario Democracia durante el peronismo gobernante en sus primeros mandatos.
   Y de confirmarse esa afrenta que tanto se rumorea, es casi una obligación entonces mirar hacia Cuba y Venezuela como lo hacen pero con otras intenciones algunos nostálgicos de poder e impunidad, porque allí, que para muchos son modelos de gobernar e importar, las mordazas se impusieron por encima del respeto a la libertad.
   Aquello de venir por todo, tiene seguramente en su primer capítulo silenciar todo lo que signifique cuestionar lo que se pretende hacer al amparo de la impunidad.
   Un periodista preso puede pasar a ser un símbolo de intolerancia del poder frente a las críticas y caer en tal error sería penoso…

No siempre son buenos los arrepentimientos
EL CRIMEN DE EL CALAFATE YA PLANTEA
CIERTOS COMPLICADOS INTERROGANTES
   Los Evangelios suelen aportar sentencias aplicables a ciertas actitudes humanas, como por ejemplo cuando se refieren a los arrepentimientos al sostener “Os aseguro que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se arrepiente que por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia”, lo que se complementa con una anónima sentencia: “Se arrepiente uno siempre cuando no triunfa”, aunque el de Fabián Gutiérrez no haya sido el caso.
   La Justicia y su majestad, si no es manipulada, tiene las herramientas para disipar todas las dudas no tan solo por esa muerte, sino por las vivencias que atesoraba ese personaje, uno de los tantos que bebió las mieles de un rápido y notable crecimiento de su patrimonio, en su corta carrera desde ser un “che pibe” hasta transformarse en millonario con muchas más propiedades que el aloe vera, como lo simplifica el vulgo..
   La causa debe alejarse de las especulaciones acerca de las razones del crimen ya sean de índole policial, de motivaciones sexuales o por cualquier otra de las corrientes de investigación.
   No es decente ni oportuno, especialmente por el respeto que se debe a la familia de la víctima,  apresurarse en la calificación del suceso porque no dejaría de ser una enorme imprudencia.
   Lo que sí sorprende y lleva a las más alocadas conjeturas especialmente de los que viven dudando de todo y sospechando por igual, es la velocidad con la que, de acuerdo con las noticias que nos llegan, se habría resuelto la complejidad de ese caso incluyendo la detención de sus principales supuestos implicados.
   Y si suena la versión que el motivo del crimen fue torturar a la víctima para conocer en qué lugar albergaba sus riquezas, es un buen punto de partida que puede llevar al conocimiento de impensados pormenores.
   Que el caso esté a cargo jurídicamente de una sobrina de la actual vicepresidenta de la Nación, es para tomarlo como para pensar en una simple coincidencia.
   Aunque en realidad, no todo el mundo lo tomará de esa manera porque no es lo mismo un arrepentido que un protegido por su condición de tal.
   Este muchacho no tenía custodia especial como muchos lo suponen.
   Es tiempo de Justicia sincera, sin dobleces ni compromisos con el poder ni con quienes lo supieron ejercer.

En el 2021 el festejo será doble
NUESTRA CÓRDOBA SORPRENDENTE MAÑANA
PESE  A  TODO FESTEJA SU 447° CUMPLEAÑOS
    Debo jurar por si es necesario, que pasan los años y en nada cambia mi homenaje de cada 6 de julio a esta ciudad donde nací, crecí, me malcrié protestando, trabajé y pienso despedirme de ella ni un minuto antes de lo establecido por el infalible y todopoderoso dueño, precisamente, de todos los relojes del universo.
   Porque desde que me acuerdo y que no son pocos años, lo digo desde el alma y con orgullo como si fuera parte de una oración o de un rezo porque así lo siento: Argentina es mi país, pero Córdoba es mi Patria.  
   En mil aspectos históricos venimos demostrando que crecemos amando a la ciudad así como es y la vivimos: anárquica y sensual; desordenada y doctoral con creativo y chispeante humor de sobra para exportar y malhumor pandémico o social para atender.
   Ciudad aporreada por la desidia de los que dicen que mandan y por la anarquía que permiten esos mismos, los que creen que la gobiernan pero no tienen reparos éticos en mostrarnos una Córdoba en muchos aspectos descuidada, que no es como las viejas matronas que lo solucionan con maquillaje porque de ese artilugio ya estamos hartos y nos ha salido demasiado caro.
   Aquí en Córdoba y bien lo sabemos y orgullosos estamos que así sea, anidan el orgullo de las raíces, la histórica arrogancia de sus luchas, la humildad mediterránea y las industrias del humor, del apodo certero y gráfico, de los yuyos, del fernet así sea con Manaus y del cuarteto aunque ahora el bicho microscópico lo tenga silenciado..
   Y porque somos sus hijos, amamos a esta Córdoba romántica, magnética, mágica y soberbia, aunque la arruinen los que debieran mimarla y hermosearla para preservar su condición de joya nacional.
   Amamos a la ciudad avasallante que ejerce idéntica atracción en sus hijos adoptivos, en los que la visitan para después quedarse y en los que se aquerencian con el pretexto de estudiar, porque Córdoba tiene la protectora calidez de una mamá y miles de casos dejan constancia que también asume su condición de genuina madre sustituta.
   Ciudad símbolo, ruidosa, altiva, sorprendente, cíclicamente mugrienta e insegura hasta el espanto, quiero abrazar ese poco prolijo laberinto de tus barrios, los rumorosos bares de cada esquina, la estridencia de tus avenidas, los colores de tus clubes, el malo y caro transporte urbano con su actual ausencia, los candados de tus conventos, la pasión de tus políticos, la dañina insolencia de tu río cuando crece, la intemperie de tus villas que crecen porque los fabricantes de pobres trabajan horas extras, la sonoridad de tus campanas, el catálogo de tus históricos baches que más son aljibes callejeros, la penosa sorpresa de los cortes de luz, la casi permanente y agresiva asamblea de los municipales, la golosa redondez de tus alfajores, la fiestera pachorra de tu Justicia, la inimitable contundencia de tu tonada, la frescura de tus estudiantes, la mentirosa solemnidad de tus doctores, la altivez de tus universidades, la columna vertebral de tu Cañada, la mugre sabatina de tu invadida peatonal, la añosa certidumbre de tus templos, tu maravillosa lozanía en el otoño, el silencioso abrigo del invierno…
   Quiero más que nada, confesarte cuánto te amo.
   Por la generosa hospitalidad de tu tierra.
   Por el linaje de esas cadenas que me atan a tu historia, a tus luchas, a tus días y a tu gente…
   En este cumpleaños y aunque pasen los siglos, ¡salud mi ciudad!, patria de siempre …